| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 27 de diciembre del 2003 |
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, diciembre del 2003.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos está desarrollando un nuevo tipo de arma que podría desencadenar una nueva carrera armamentista: las armas de rayos gamma. A medio camino entre las armas convencionales y las nucleares, esta nueva línea de investigación difumina la frontera entre lo 'legal' y lo 'prohibido' internacionalmente.
Se trata de una nueva arma basada en estimular la liberación de energía de los núcleos de ciertos elementos, pero sin involucrar fisión ni fusión nucleares. No tendrían la asombrosa capacidad destructiva de las armas nucleares, pero la energía emitida como radiación gamma, sería mil veces superior a la de los explosivos químicos convencionales. "Una densidad de energía tan extraordinaria tiene el potencial de revolucionar todos los aspectos de la guerra", recoge la Militarily Critical Technologies List (MCTL) del Departamento de Defensa, que ya ha incluido esta tecnología dentro de su lista. La MCTL es un detallado informe sobre tecnologías que el Departamento de Defensa estadounidense determina como 'críticas' (esenciales) para que su ejército mantenga unas capacidades militares superiores. La adquisición de cualquiera de estas capacidades por parte de adversarios potenciales significaría el fortalecimiento del alcance militar de ese enemigo en detrimento de los intereses de seguridad estadounidenses. Lo que obviamente incluye las tecnologías asociadas con la proliferación nuclear, armas químicas y biológicas y el desarrollo de sistemas de misiles. "Los científicos descubrieron hace tiempo que los núcleos de algunos elementos, como el hafnio, pueden tener un estado de elevada energía o isómero nuclear, que decae lentamente hacia un estado de baja energía emitiendo rayos gamma", afirma David Hambling, autor del controvertido artículo publicado en la revista New Scientist que desvela las claves de esta nueva arma. La misma publicación también se hacía eco en 1999 de los trabajos desarrollados por Carl Collins y sus colegas de la Universidad de Texas en Dallas, que descubrieron que este proceso puede ser explosivo. Los resultados de sus investigaciones fueron altamente esclarecedores: el experimento liberó sesenta veces la energía invertida y, en teoría, se podría lograr una liberación de energía mucho mayor y más barata. Sobre esta línea de investigación trabaja SRS Technologies, empresa de la cual el laboratorio de investigación de las fuerzas aéreas de Kirtland (Nuevo México) -que estudia el fenómeno-, obtiene su hafnio en la actualidad. SRS Technologies es una multinacional norteamericana de I+D especializada desde hace más de 30 años en tecnologías de la información, ingeniería de sistemas, test de armamento, evaluación y servicios medioambientales, y que cuenta entre sus únicos y principales contratistas con la infantería, la marina y la aviación de Estados Unidos, la NASA, además de otras agencias gubernamentales y compañías como Lockheed Martin, Boeing, General Dynamics o AT&T. SRS Technologies refina el hafnio a partir de material nuclear sobrante de otros experimentos. Sin embargo, en el futuro podría haber maneras más baratas de generar el isómero de hafnio, como cree Hill Roberts, científico jefe del SRS, que piensa que la tecnología para producir mayores cantidades existirá en un plazo de cinco años. Revocar la ley En la década de los 50, Estados Unidos ya había investigado y abandonado el desarrollo de mini-armas nucleares, como el lanzagranadas nuclear "Davy Crockett" (nombre del legendario héroe de El Álamo), que poseía una potencia explosiva de 18 toneladas de TNT. En 1994, la Ley Spratt-Furse reafirmaba esta política que impedía al ejército estadounidense desarrollar mini-armas nucleares de menos de cinco kilotones. Pero en mayo de este año, el Senado de Estados Unidos votaba el levantamiento de esta prohibición que regía sobre la investigación de bombas nucleares de baja potencia (mini-nukes). "El acto de revocar esta ley de diez años enviaría un mensaje duro, negativo al resto del mundo sobre las intenciones de Estados Unidos con respecto a mantener la moratoria internacional sobre pruebas nucleares", afirmaban un grupo de científicos en una carta dirigida al Senado el 19 de mayo, escasos días antes de que esta cámara levantara la prohibición. Pero entre los defensores de los programas sobre nuevas armas nucleares, dos son los principales argumentos. De un lado, rescatar la investigación nuclear del «efecto de congelación» vigente. Y por otro, la necesidad de contar con un arsenal capaz de destruir búnkeres cada vez más blindados y profundos que puedan servir como eventuales almacenes de «armas de destrucción masiva» de grupos y estados terroristas, en clara sintonía con la doctrina de «ataques preventivos». Pero lo que los legisladores han hecho con esta medida ha sido dar carta blanca al estudio y posible desarrollo de mini-bombas nucleares, con un tercio de la potencia que tenían las arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, dando a los mandos militares un modo de aumentar gradualmente la cantidad de fuerza utilizada sin violar la legalidad internacional. La ventaja comparativa del terror Un gramo de isómero de hafnio completamente cargado podría almacenar más energía que 50 kilogramos de TNT. Se podrían fabricar misiles en miniatura con cabezas mucho más potentes que las que portan las armas convencionales existentes, dando una enorme potencia de fuego a las fuerzas armadas que las utilicen. La ventaja comparativa del ejército que las poseyera sería pues inigualable, por lo que no es extraño que los críticos teman que pueda dispararse una nueva carrera armamentista nuclear. "Muchos países que no tengan acceso a estas armas producirán armas nucleares como elemento disuasorio", abriendo así un nuevo ciclo de proliferación armamentístico nuclear, afirma André Gsponer, director del Independent Scientific Research Institute de Ginebra, que cree además que una nación carente de tales armas no sería capaz de luchar contra una que dispusiera de ellas. "Debemos recordar que sólo pasaron seis años desde la primera publicación científica sobre el fenómeno de la fisión y el primer uso de la bomba nuclear en 1945", alerta la MCTl. 58 años y 231.920 víctimas mortales después, esa lista recuerda a los Estados Unidos cuáles son las armas peligrosas para que ellos sean los únicos que ostenten el monopolio del terror. |
|||