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La insignia
22 de diciembre del 2003


Sadam Husein: Juicio o ajuste de cuentas


__Especial__
EEUU en guerra
Miguel Ángel Ferrari
Hipótesis. Argentina, diciembre del 2003.



"En un gulag cerca de Bagdad, del cual nadie habla, Estados Unidos somete a los prisioneros a un trato extremadamente cruel, violando los derechos humanos. El testimonio del autor, salido del campo el 20 de julio último, es apoyado por la denuncia de Amnistía Internacional y de otros corresponsales. Uno de los liberados dijo que Tarek Aziz, el hombre más importante del régimen luego de Sadam, 'ha envejecido mucho, se arrastra apenas y tiene joroba. Quizás porque ha debido cavar sólo su propio retrete. Está prohibido a todo el mundo ayudarlo. Los guardias quieren que vaya como un animal, con el pelo largo y sucio'. Otros testimonios revelan que a los presos les han dado una comida indigerible para cualquier musulmán: cerdo". De este modo comienza la nota que el periodista Gordon Thomas escribió para la publicación "American Free Press".

"Cada prisionero -relata Thomas- recibe tres litros de agua por día, que le sirven para lavarse y para beber bajo temperaturas que alcanzan al mediodía los 50 grados. No les está autorizado lavarse la ropa".

"Por cada mínimo incumplimiento a las reglas draconianas en vigor -prosigue-, está obligado a sentarse en posiciones incómodas. Si levanta la voz para protestar se le mete la cabeza en una bolsa". Si, exactamente igual a lo que hacían los represores de las dictaduras latinoamericanas. Lo aprendido, digamos, en la Escuela de Criminales de las Américas. Las técnicas de los franceses en Argelia, las de los estadounidenses en Vietnam, las de la conocida Doctrina de la Seguridad Nacional.

"Tal es la vida cotidiana en el gulag más vergonzoso de los Estados Unidos, Camp Cropper, en la periferia del aeropuerto internacional de Bagdad -puntualiza el periodista-. Está permitida la entrada solamente a representantes de la Cruz Roja internacional, pero les está prohibido describir lo que ven en el interior. Sin embargo, algunos, rompiendo las normas, han contado a Amnistía Internacional las condiciones espantosas en las que viven tres mil prisioneros iraquíes".

Seguramente Sadam Husein no está alojado allí, el trato será más personalizado y su higiene más cuidada para no contagiar de piojos a los dirigentes del fantoche Consejo de Gobierno iraquí, quienes visitan al ex dictador para humillarlo.

Como señaláramos en nuestro comentario anterior, la captura de Husein no supuso una disminución de la lucha de la resistencia iraquí contra la opresión neocolonial de la llamada Coalición. Por el contrario, esa lucha continuó sumando nuevas bajas de soldados estadounidenses y su contrapartida: la criminal represión callejera, indiscriminada, contra militantes iraquíes y habitantes comunes y corrientes, entre lo cuales se cuentan numerosos niños. Todos los días son apresados ciudadanos iraquíes, a quienes se los acusa de terrorismo, que van a parar con sus huesos a esos campos de concentración sin ningún tipo de derecho a la defensa.

El gobierno del presidente George W. Bush ahora tiene el trofeo en sus manos. El aliado de Ronald Reagan y de su padre, está a su disposición para mostrarlo como una cabeza de ciervo embalsamada. La popularidad del presidente de cara a las próximas elecciones presidenciales, se ha elevado en la misma proporción que los deseos de éxito de una población que, en su inmensa mayoría, fue educada en el destino manifiesto de su país como rector del resto del mundo. Una versión evangélico-burguesa del pueblo elegido del Antiguo Testamento. Pero, del mismo modo que la captura de Hussein no garantiza de por sí la declinación de la resistencia, el ascenso coyuntural de la popularidad de Bush hijo puede sufrir la inflexión de la curva, en tanto la tímida recuperación económica no se profundice, el déficit fiscal y de la balanza comercial alcance nuevos récords y -fundamentalmente- sigan arribando féretros conteniendo a ex soldados y oficiales del supuesto ejército libertador.

El trofeo que los habitantes de la Casa Blanca exhiben orgullosos, con ese aire de cruzados medievales, puede convertirse en un serio dolor de cabeza. Los ciervos no hablan y -para quienes les agrada- lucen muy bien en las paredes junto a las chimeneas, pero los viejos aliados devenidos en enemigos mortales, como ocurre con la mafia, constituyen un enorme riesgo a la hora de abrir la boca y no precisamente para que le revisen "como a una vaca" (al decir del Cardenal italiano Renato Martino) sus piezas dentarias.

¿Se imaginan si en un juicio público, Saddam Hussein reconociera que desde octubre de 1983 su país utilizó en la guerra contra Irán unos cien mil proyectiles en los que se hallaron contenidos de gas mostaza y gas nervioso? Y, agregara que en noviembre de ese año, el secretario de Estado de EEUU, George Shultz, tenía conocimiento directo sobre la utilización diaria por parte de las fuerzas armadas iraquíes de esas armas químicas.

¿Se pueden dar una idea del grado de incomodidad que experimentarían los "campeones de la democracia" instalados en Washington, si Saddam Hussein relatara con lujo de detalles las conversaciones sostenidas con Donald Rumsfeld, el 19 de diciembre de 1983, cuando el actual jefe del Pentágono fuera enviado por el entonces presidente Ronald Reagan a Bagdad para analizar la situación en la región y apoyar a Sadam Husein contra los ayatolas de Irán?

¿Suponen que les caerá bien a los cruzados de occidente que el capturado líder iraquí declare ante un jurado internacional, que en mayo de 1986 el gobierno de los Estados Unidos envió al Ministerio de Educación de Irak cultivos de bacterias de ántrax y botulismo?

¿Será del agrado de los supuestos combatientes del terrorismo que su ex socio hable de la masacre de Halabja, perpetrada por su gobierno -en 1988- con bombas de gas venenoso, contra el pueblo kurdo, que dejó entre 3.000 y 5.000 muertos, respecto de la cual el gobierno norteamericano no formuló la menor crítica y llegó al cinismo de calificar a Irán como su ejecutor?

¿Qué pensará la opinión pública mundial, cuando escuche de la boca del propio Saddam que durante más de veinte años utilizó a las entidades financieras occidentales y su sistema de secreto bancario para blanquear dinero sucio sustraído a los ingresos públicos provenientes del petróleo para la compra de armas a los países de occidente. Y que agregue que hay miles de documentos en la Fiscalía General de Milán, en Italia, que respaldan sus declaraciones?

¿Qué podrá decir el presidente Bush hijo, cuando el ex dictador le agradezca el haber podido continuar con el lavado de dinero más cómodamente con su administración que con la de su antecesor, William Clinton, menos permisiva con los paraísos fiscales?

¿Cómo responderán los halcones del Pentágono cuando Sadam Husein le apunte al tribunal que lo está juzgando, que a principios del mes de mayo de este año, el congresista Henry Waxman, demócrata del Estado de California, hizo públicos unos documentos que demostraban como Halliburton, al mismo tiempo que era promocionada por el vicepresidente Dick Cheney, organizaba filiales en paraísos fiscales como las Islas Caimán, para esconder sus transacciones comerciales con Irak, Irán y Libia, que estaban bajo el embargo de los Estados Unidos?

¿Cuál será el grado de asombro que experimentará la población estadounidense, cuando el ex aliado Husein les recuerde que, en 1992, un informe del Comité del Senado de EEUU reveló que los Estados Unidos habían exportado sistemas de misiles y equipos químicos y biológicos a Irak, incluyendo ántrax; y que dichos materiales fueron exportados por el organismo estadounidense denominado Centro de Control de Enfermedades?

¿Y si a ello le agrega que, según ese informe, estas exportaciones se hicieron con el completo conocimiento de la Administración Reagan, cuyo enviado, Donald Rumsfeld, visitó nuevamente a Sadam Husein en 1984 para reabrir las relaciones entre los Estados Unidos e Irak, luego de cambiar el status de Irak, previamente clasificado como Estado que apoyaba al terrorismo?

¿Pueden concebir lo interesante que resultará a la prensa internacional que Sadam haga memoria sobre las 150 compañías occidentales, incluidas 24 de los Estados Unidos, que abastecieron a Irak con conocimiento y equipos para sus programas de armas de destrucción masiva desde 1975?

¿Será bienvenida por las corporaciones con sede en los Estados Unidos, la información que podría proporcionar Husein ante el tribunal que lo juzgue, sobre la venta de pesticidas realizada en diciembre de 1988, por la Dow Chemical a Irak por valor de un millón quinientos mil dólares, a pesar de que el gobierno de los Estados Unidos conocía que podrían ser usados como agentes para la guerra química?

¿Recordará el ex dictador iraquí aquel informe, publicado en 1990 por el Centro Simón Wiesenthal, en el que se menciona un listado de multinacionales occidentales que sacaron provecho en el desarrollo del armamento químico y biológico a causa de las compras realizadas por Irak?

¿Mencionará al tribunal que entre esas 207 empresas se cuentan nombres tan familiares como Daimler-Benz, Phillips Petroleum, BP (Alemania), Siemens, United Steel and Strip Corporation, Hewlett Packard y una subsidiaria de la Fiat?

¿Tendrá Saddam en la memoria y estará dispuesto a mencionar a las empresas norteamericanas, denunciadas por el ejército de ese país en el Estado de Texas, luego de la guerra del Golfo de 1991, por haber proporcionado a Bagdad tecnología para fabricar armas químicas y biológicas, entre la cuales estaban Bechtel, M.W. Kellog, Dresser Industries e Interchem Inc., alguna de las cuales hoy son adjudicatarias de contratos para la reconstrucción de Irak?

Por todo esto y muchísimo más, creemos que el juicio que los neocolonialistas le prometen a Sadam Husein, no solo será una farsa, sino que carecerá totalmente de transparencia y es altamente probable que termine lo más rápidamente posible con la pena de muerte para que no siga hablando. Del mismo modo que los capos de la mafia, silencian con el tableteo de las ametralladoras a sus ex socios, en algún restaurante de pastas situado en un suburbio neoyorquino.



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