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La insignia
21 de diciembre de 2003


Entevista con Meir Margalit


«Ningún Estado puede ser
expansionista y democrático a la vez»


__Especial__
La segunda Intifada
G.C.
Brecha. Uruguay, diciembre del 2003.


Historiador, doctor en historia israelí, Meir Margalit, de 50 años, vive en Israel desde 1972. Hasta febrero pasado fue miembro del concejo municipal de la ciudad de Jerusalén por el partido de izquierda Meretz. Hoy es coordinador en el movimiento por los derechos humanos israelí.


-¿Existe en su opinión un antisemitismo de izquierda? En caso afirmativo, ¿qué papel tiene con respecto al contexto general del problema antisemita?

-Hay un problema cultural y una contradicción: personas que se creen izquierdistas y tienen ideas antisemitas. A mi manera de ver las dos cosas no van juntas. Un progresista, que lucha por los derechos humanos, repudia por definición toda forma de segregación racial, incluso el antisemitismo. Lo que es cierto es que hay gente activa en la izquierda que confunde la crítica a la política israelí con posturas antisemitas. Éste es un error que hay que erradicar.

-¿Y cómo juega el actual gobierno israelí atribuyendo el estigma de antisemita a toda crítica a su política expansionista?

-El gobierno juega un papel manipulador para no asumir responsabilidad por sus actos. Es más fácil acusar a los críticos de antisemitas que reconocer que algo muy serio está ocurriendo en los territorios conquistados. Es una técnica conocida. Y es la prueba de que el gobierno israelí no tiene ninguna respuesta concreta a las críticas que provienen desde el resto del mundo.

-¿Cuál es la historia política de este empleo del antisemitismo como elemento de descalificación política del adversario?

-La manipulación del concepto de antisemitismo para descalificar a adversarios políticos es relativamente nuevo. Por lo menos ningún gobierno anterior utilizó el tema en forma tan baja como el actual. Nos preocupa puesto que es un tema demasiado serio para ser usado de esta forma.

-Es llamativo cómo las comunidades hebraicas en el mundo reaccionan compactas en defensa del gobierno de Israel, uno de los más derechistas entre las democracias mundiales.

-Es una actitud conocida de las comunidades judías en la diáspora. Desarrollan formas de vergüenza en criticar al Estado de Israel aunque internamente estén absolutamente en contra de la política expansionista. Lo mejor que podrían hacer por el Estado de Israel sería expresar su crítica en forma clara y abierta y no jugar el juego perverso que el gobierno de Sharon les hace jugar. Cayeron en la trampa y repiten lemas gastados que están lejos de la realidad.

-Doctor Margalit, los espacios de convivencia en Israel están achicados con el terrorismo palestino de un lado y el terrorismo de Estado y la intolerancia del gobierno de Sharon por otro. ¿En qué contexto habla usted de su país como de un país racista?

-Lamentablemente, y lo digo porque quiero a este país, Israel se ha convertido en un país racista. No se puede ser paralelamente un país expansionista y anexionista y seguir siendo democrático, liberal y humanista. La derecha israelí deformó el espíritu de este país y en lugar de seguir el camino de los profetas nos convertimos en un país que segrega a los palestinos, los persigue, humilla, demuele casas y expropia territorios. No es uno de los mejores momentos para el movimiento por los derechos humanos en Israel. El giro político es hacia la derecha. A pesar de que Sharon mismo habla de la necesidad de devolver parte de los territorios conquistados, todavía tenemos un largo camino hasta que logremos devolverle a este país la sensatez.



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