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La insignia
16 de diciembre del 2003


La captura de Sadam y la «libertad» de Irak


__Especial__
EEUU en guerra
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, diciembre del 2003.



Sadam Husein, el dictador cuyo derrocamiento ha sido la razón más reciente que la administración Bush ha esgrimido para justificar la invasión a Irak, cayó vivito y coleando en un operativo masivo de las tropas de ocupación, para regocijo de medio mundo. Ante la ausencia de armas de destrucción masiva -razón bélica que justificó romper el orden jurídico internacional al invadir Irak--, Bush y asociados se aferraron al criterio de que derrocar al demencial Sadam lo justificaba todo. De esto a declarar a Irak un país "libre" no hubo sino un corto paso. Y de esto a "confirmar" su "libertad" mediante la "libertaria" proliferación y rapacidad empresarial de corporaciones de asociados de Bush que estafan hasta al mismo Pentágono en el negociazo de la reconstrucción del previamente destruido y "liberado" Irak (como es el caso de Halliburton, de la cual el vicepresidente Cheney sigue lucrando), hubo un paso aún más corto.

Pero las torpes tácticas de ocupación -que han escalado hasta una cruel imitación del vicioso "ojo por ojo" de israelíes y palestinos- convirtieron a Sadam en bandera del terrorismo islamista, trocándolo de dictador asesino en símbolo de la lucha de liberación árabe contra la ocupación "cristiana" de los "cruzados" bushistas. También convirtieron a Irak en el semillero de terroristas que no era antes de la invasión, pues la ocupación es la que atrae al enjambre de atacantes suicidas hacia ese territorio desde el resto del mundo árabe. El argumento de que quienes se han opuesto a la ocupación de Irak piensan que era mejor dejar a Sadam en el poder y no caer en el desastre de la ocupación es sencillamente idiota. Nadie en su sano juicio podría estar a favor de Sadam (o de Ben Laden). Otra cosa es afirmar que a Sadam se le pudo derrocar sin embutir a miles de jóvenes (muchos de ellos hispanos) en una ratonera mortal (se calcula en 30 los ataques diarios a las tropas de ocupación) que les ha bajado la moral hasta las botas.

Casi la mitad de efectivos del primer batallón del nuevo ejército iraquí, entrenado por las fuerzas de ocupación, ha desertado debido a que consideran que el riesgo que se corre como soldado en esas circunstancias no es ni lejanamente proporcional al bajo salario que se les paga. Y los logros que el gobierno de Bush reporta como éxitos en la reconstrucción del país, se inscriben en el marco de la fraudulencia empresarial típica del fundamentalismo neoliberal de la ultraderecha republicana (Enron-Halliburton), que el monopolismo corporativo llama "libertad de empresa". Esta fraudulencia ha enfrentado a los militares del Pentágono con los "civiles" que han usurpado su oficio (Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Perle) creando una tensión que constituye el principal motivo de preocupación interna en Washington y que con la captura de Sadam pasa a segundo plano.

La resistencia iraquí anunció por su parte que sus acciones continuarán mientras haya ocupación. Medios de información árabes consideran que así como la muerte de sus sanguinarios hijos no aplacó sino intensificó la resistencia, la captura del ex dictador puede tener un efecto similar. No hay prueba de que Sadam haya estado al frente de las acciones de terrorismo suicida de la resistencia iraquí. Éste es un fenómeno que se perfila más como una respuesta salvaje a una no menos salvaje realidad de ocupación, que como síntoma de un choque de religiones o culturas, o como resultado de un liderazgo "maligno" por parte de quienes son vistos como "incivilizados" por sus pares fundamentalistas occidentales. Lo que está en juego aquí, como en todas las guerras, son beneficios materiales, en este caso, el petróleo y el negocio de la reconstrucción desde los cimientos de un país que -sin Sadam- es y seguirá siendo -gracias al belicismo extremista republicano- el polvorín más grande del mundo.

Otro hecho seguro es que la oportuna captura de Sadam (o de su doble, como afirman algunos), asi como el espectaculo mediático de su cautiverio y enjuiciamiento, sirve a Bush para su reelección (aunque el desfiante prisionero no parece dispuesto a admitir lo que conviene a la administración republicana). Pero en el mediano plazo todo depende de que la resistencia iraquí decaiga y de que la cifra de estadounidenses muertos disminuya. Y esto, no parece muy probable.



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