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| 15 de diciembre del 2003 |
La Insignia. Uruguay, diciembre del 2003.
Poco después de la toma de Bagdad, la Casa Blanca se preocupó en subrayar que el papel de Sadam Husein en el Irak de la supuesta posguerra era «irrelevante». Hace un mes, el líder iraquí pasó a formar parte, de nuevo, de la galería de los «relevantes» como responsable de la testaruda resistencia. Pero su captura se ha transformado en la simple muestra mediática de un trofeo de guerra y los hechos confirmarán que la primera evaluación del gobierno de Bush era la correcta: Sadam es irrelevante.
Cuando se hizo pública la noticia, las muestras de alegría abarcaron a todos los gobernantes, incluidos aquellos que, como Schröeder, se opusieron a la conquista. Obviamente, todos quieren un «juicio justo» contra el dictador, que seguramente se llevará a cabo cuando le convenga al tiempo político de George W. Bush y a su complicada reelección. Queda por ver la «irrelevancia» de Sadam. El día de su captura, una bomba estalló al oeste de Bagdad y mató a 17 personas. No es casual que militares, analistas, diplomáticos y el propio Bush se hayan preocupado en subrayar que la violencia no terminará con la victoria del sábado, pues, en realidad, Sadam lideraba una porción ínfima de las guerrillas. Es probable que veamos nuevos saltos cualitativos de la resistencia. Efectivamente, esta semana atentaron sin mucha suerte y con mucha audacia, contra los cuarteles de las fuerzas de ocupación, pero es de esperar que la puntería mejore. Cuando esto suceda, las bajas de la coalición llegarán a un número inesperado y las consecuencias políticas serán imprevisibles. La captura de Sadam Husein es una buena ayuda para las fuerzas que luchan contra la ocupación. Por una lado, se disipará la duda de que Sadam los dirige. Por otro, se hará necesario mostrar que la prisión de Husein no afecta a la capacidad operativa de los resistentes. No sería casual que en los próximos días se produzca una escalada de atentados o acciones que por su contundencia sean demostrativas de que la resistencia sigue viva, independientemente de la caída de todas las barajas que persigue Bush. Sadam Husein ya es parte de la historia. Su suerte está echada caigan los veredictos que caigan sobre su cabeza. Podrá ser condenado o ejecutado, quien sabe. Pero a pesar de haber sido el supuesto objetivo número uno de Estados Unidos -ya que no hay vínculos iraquíes con las redes terroristas y las armas de destrucción masiva no aparecen- las fuerzas de ocupación seguirán en Irak hasta que la situación «se estabilice», en beneficio de los buenos negocios. Cuando la resistencia ataque sus próximos blancos, ¿quién será el responsable? |
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