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La insignia
4 de diciembre del 2003


Rescatando al soldado Carlos


__Especial__
EEUU en guerra
Patricia Lombroso
Brecha. Uruguay, diciembre del 2003.
Publicado originalmente en Il Manifesto. Traducción: I.T.



Nueva York.- El soldado de infantería Carlos, nicaragüense de 28 años, vive en Estados Unidos con la "carta verde". Forma parte del cuerpo del ejército estadounidense (39 mil hombres) al que el Pentágono prometió acelerar los trámites para obtener la ciudadanía en tres años, en lugar de los cinco o más requeridos. Tiene una hija de 3 años.

Después de ocho años de carrera en el ejército de Texas por un salario de 14 mil dólares anuales más beneficios que le permiten continuar los estudios, se enrola en la Guardia Nacional, en la base militar de Fort Stewart. Son los primeros seleccionados por el Pentágono, en marzo, para ser enviados a Irak, ignorantes de lo que es combatir en una guerra.

Las misiones reservadas para ellos son las más riesgosas y en primera línea -"carne de cañón", declara Carlos.

Siempre estuvo en contra de la guerra en Irak. Al volver a Estados Unidos decidió desertar del ejército. Desde el 15 de octubre pasado vive en la clandestinidad, sabiéndose buscado como "absent of duty" (ausente del servicio). Hay orden de captura en su contra. Ésta es su primera entrevista desde que vive "underground". Carlos no es su verdadero nombre.

-¿Su decisión de volver a Estados Unidos se debió al fin de su misión en Irak o a otra cosa?

-Volví a Estados Unidos porque mi visa de inmigración estaba por caducar. Pedí una licencia de dos semanas a mi comandante para acabar el trámite y debía luego volver a la primera línea. Decidí en cambio que no quería volver más a Irak. Ahora entró en vigor la orden ejecutiva aprobada por Bush, el stop loss: el 77 por ciento de los enrolados voluntarios ya no podrá dejar el servicio militar en circunstancias como las de la guerra en Irak.

-¿Cuál es el motivo de su deserción?

-No quería seguir siendo partícipe de una guerra que no comparto.

-¿Es una decisión tomada como consecuencia de todo lo vivido durante estos seis meses en el frente en Irak?

-No. He estado en contra de esta guerra desde el inicio, aun antes de ser enviado al frente. Ésta es una guerra inmoral. No busco evitar el servicio militar, estoy buscando evitar esta guerra. Considero que es una guerra criminal. El Pentágono, quizá, me considera un desertor pero, habiendo firmado un contrato con el servicio militar, no considero estar obligado a hacer cosas que van contra mis principios morales. Antes de esta guerra yo era un ser humano con principios morales. Siento la obligación de no faltar al contrato con el ejército. Pagaré amargamente por este contrato que he defraudado. Si un caso similar al mío es publicitado, el Pentágono está en condiciones de arruinarte la vida.

-¿Es una decisión que toma tranquilo, aun cuando deba pagarla con prisión?

-Aunque esta decisión me cueste la cana.

-¿Nos cuenta su historia?

-En mi carrera militar estuve enrolado en Texas como active duty, servicio activo. Cuando salí del ejército y me enrolé en la Guardia Nacional me animaron a permanecer en el ejército con la promesa de acelerar el proceso para adquirir la ciudadanía estadounidense en una cantidad de años inferior: tres años en lugar de los cinco prescritos para quien forma parte del ejército estadounidense. Cuando estaba por terminar mi período con la Guardia Nacional, en enero de este año, mis superiores de Fort Stewart me comunicaron que no podría dejar el ejército, en mayo de este año, porque nuestro grupo, gracias a la orden ejecutiva del presidente Bush, se había transformado en parte del ejército con effective duty en Irak.

-¿Obtuvo la prometida ciudadanía estadounidense por haberse enrolado en la Guardia Nacional y salir en misión a Irak?

-¿Su aspiración era la de regularizar la visa de inmigración y convertirse en ciudadano de Estados Unidos?

-No busqué convertirme en ciudadano estadounidense, aun cuando crecí aquí y aquí estudié. Pero ésta era la promesa que nos habían hecho a los 39 mil no ciudadanos de Estados Unidos, provenientes de Haití, América Central, México y países de América del Sur. Era uno de los beneficios que se adquirían por enrolarse en el ejército. Fui a Irak con mi pelotón de infantería en marzo pasado, pero no nos dijeron que íbamos a combatir y que nos encontraríamos en esta guerra. Estaba por terminar los estudios, me faltaban tres semanas para terminar el curso en el colegio. Muchos jóvenes deciden enrolarse para poder estudiar y tener un salario.

-¿Cómo vivió estos seis meses en la primera línea del frente de guerra en Irak?

-Fue una experiencia horrenda. Traumatizante. Como simple soldado de infantería le aseguro que todas las "misiones" a las que éramos asignados eran extremadamente riesgosas: incursiones en medio de la noche por las calles de Bagdad, ataques en busca de soldados de la Guardia Republicana de Saddam Hussein. En Al Ramadi, que dista 40 quilómetros de Bagdad, viví una experiencia terrorífica, llena de imágenes e historias que me marcaron para siempre.

-¿Asistió a la muerte de otros soldados, jóvenes como usted o aun más jóvenes?

-Durante todo el período que estuve allí no vi ningún militar estadounidense muerto. Pero sí muchos, demasiados, iraquíes. Vi morir a mucha gente. Sé que hemos matado, en batalla, a niños. Por suerte no estuve presente en estos enfrentamientos.

-¿Lleva a cuestas la imagen de un individuo que recuerde haber matado? ¿Usted veía a las personas que mataba?

-No lo sé. Sé que abrí fuego, pero es difícil saber si tengo la responsabilidad individual de haber matado porque el fuego se abría colectivamente por el grupo de la unidad de infantería. Me esfuerzo por creer que no fue mía la munición que mató hombres, mujeres, niños, porque éramos muchos los que abríamos fuego.

Es una manera de buscar un sentido de culpa colectivo. Prefiero pensar que sea así. En esos momentos no se piensa. Existe miedo, angustia, frustración. El adiestramiento impartido en las bases militares para las operaciones de guerra no tiene ninguna relación con la realidad que se vive luego en el campo. No te adiestran para manejar emociones, sino sólo para seguir las órdenes impartidas. Muchos militares se volvieron locos. Algunos, al volver de las "misiones militares", estuvieron varios días sin poder hablar, con la mirada fija de cara a la pared. Todo esto es cubierto por un velo de silencio por los mandos superiores, sobre todo en los casos de intentos de suicidio de muchos soldados de otras unidades.

-Y sin embargo la operación mediática de Bush muestra a su personal militar en Irak con "moral alta, entregado a una guerra de liberación del pueblo iraquí".

-Personalmente, en el frente, busqué no manifestar mi oposición a esta guerra pero sé que, aunque la mayor parte de los soldados de Estados Unidos en Irak sabía que el disenso era castigado amargamente, en privado se admitía que no existían razones válidas para estar allí, en una guerra para matar a los iraquíes. La población estadounidense y el mundo entero debió creer que Saddam Hussein era responsable por el ataque terrorista del 11 de setiembre, pero el liderazgo de Bush no ha sido capaz de probarlo. Dijeron que estábamos allí para encontrar armas de destrucción masiva; no fueron capaces de probarlo. A muchos nos parece que las motivaciones aducidas para esta guerra no pueden ser probadas. Fuimos enviados a miles de quilómetros de distancia, lejos de nuestras casas, de nuestras familias, para combatir una guerra en Irak, y los interrogantes que circulaban en el ejército eran: ¿por qué estamos aquí?, ¿por qué estamos haciendo esto?, ¿por qué matamos tanta gente?, ¿por qué nos disparan?

-¿Cuál es su interpretación de esta última cuestión?

-No he tenido la sensación de que fuéramos "los liberadores" para la población iraquí. Cuando recorríamos las calles, a veces los niños venían a nuestro encuentro, nos saludaban. Naturalmente esto nos gustaba, pero pensándolo bien, nuestra misión no debía ser la de liberar al pueblo iraquí sino la de encontrar las armas de destrucción masiva, descubrir a los terroristas. Transcurrieron meses y meses. Estamos todavía allí. No hay electricidad, la gente muere de hambre, no hay seguridad.

Aquellas mismas personas que se mostraban amistosas inicialmente, ahora no nos saludan más. Ya no quieren que estemos en sus casas. ¿Qué tipo de libertad les llevamos? Esta gente siembra bombas por la calle, ataca a los efectivos italianos, australianos, de la ONU y de la Cruz Roja porque visten como los que colaboran con la ocupación estadounidense en Irak, pero el objetivo de la resistencia local iraquí es siempre golpear directamente a la principal fuerza de ocupación: o sea, a Estados Unidos.



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