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La insignia
2 de diciembre del 2003


Nicaragua

Donde el plomo flota y el corcho se hunde


Sergio Ramírez
La Insignia. Nicaragua, diciembre del 2003.


Los males de Nicaragua parecen repetirse sin remedio en una tragedia sin fin. Tras la abrupta liberación del ex presidente Arnoldo Alemán, quien salió triunfante de la cárcel donde esperaba sentencia por corrupción y lavado de dinero, el país entero vive con rabia e impotencia la realidad de que el sistema de justicia está lejos de ser independiente, y que los fallos de los jueces son manejados de acuerdo a los humores políticos de Daniel Ortega, el otro ex presidente, y socio de Alemán en el pacto al que, como las hidras de la mitología, siempre está retoñando una nueva cabeza.

La realidad virtual que opera en la mente de Ortega y Alemán, y que presupone para ellos una impunidad perpetua frente a cada desmán, no es la misma realidad con que sus acciones son percibidas por el país y por la comunidad internacional, y hay en esto un desajuste radical. Sus acciones, sin embargo, aunque concebidas con criterios del pasado, tienen efectos trágicos en el presente, e impiden que Nicaragua pueda soltar amarras hacia la institucionalidad contemporánea, y llegar a ser un país donde las percepciones de todos, cualquiera que sea el terreno ideológico en que se encuentren, coincidan en ser percepciones democráticas.

Muy al contrario, el autoritarismo sigue siendo la marca dominante, que deja atrapado en su juego de dos bandas al presidente Enrique Bolaños, cercenado de todo poder e influencia para influir de alguna manera en el mundo dominado por los dos caudillos, que manipulan las instituciones al propio gusto, y según las necesidades de ambos.

Que Alemán haya sido liberado por la jueza que tienen en sus manos el caso, ha sido consecuencia de un arreglo político que no se ha tenido el pudor de ocultar al país. Alemán ha sido enviado de vuelta a su hacienda bajo la resolución judicial que lo declara valetudinario, término que suele amparar a los ancianos decrépitos que no pueden valerse por sí mismo en la cárcel. Pero al mismo tiempo, para castigar aún más a los ciudadanos atónitos con una mayor dosis de cinismo, la jueza ha decretado que el valetudinario podrá moverse libremente en un radio de más de doscientos kilómetros cuadrados, y recibir en su casa a cuantos amigos y partidarios quiera.

Alemán, robusto y saludable, lo primero que hizo para celebrar su liberación, ordenada por Ortega, fue improvisar una multitudinaria fiesta, al estilo de las que se hicieron celebres durante su desaforada presidencia. Pero el síndrome del valetudinario feliz, ha alcanzado cuotas insospechadas de indignación entre los ciudadanos, que repudian de manera masiva en las encuestas esta manera burlesca de ejercer justicia; los mismos ciudadanos que meses atrás expresaron su demanda de abrir causa a Alemán por corrupción con un millón de firmas.

Ahora el pacto otra vez esta en marcha. A cambio de la libertad de Alemán, su partido aceptó patrocinar una iniciativa de Ortega para reformar la constitución, a fin de que las elecciones municipales previstas para el año entrante se pospongan para 2006, en la misma fecha en que deberán celebrarse las elecciones generales. Así se atropella, sin el menor rubor, el mandato de los electores, que escogieron autoridades municipales para un período de cuatro años, y se prolonga de facto el mandato de esas mismas autoridades.

Pero esta reforma no es sino la llave de entrada para otras, según el mismo Ortega ha anunciado, con la complacencia de su socio Alemán: recortar el mandato del presidente Bolaños, disminuir sus poderes, mientras tanto; y entrar al juego de crear un supuesto régimen parlamentario, que daría a la Asamblea Nacional todos los poderes, y mediante el que cualquiera de los dos podría ser electo primer ministro, sin necesidad de presentarse de manera directa ante los votantes; es una idea que Ortega ha acariciado desde que perdió por tercera vez las elecciones, en 2001.

Estas reformas serán sometidas a una Asamblea Nacional que Ortega y Alemán dominan, desde que cualquier otra fuerza política fue excluida, gracias, precisamente, al sistema electoral creado por el pacto anterior, que sólo admite la existencia de sus dos partidos personales.

Como reacción, la comunidad internacional donante, en la que predomina el peso de Estados Unidos, ha declarado que el ingreso inminente de Nicaragua al club de los países más endeudados, y que permitiría un alivio sustancial de la carga de la deuda extrema, no podría efectuarse si no tiene visos de existir un sistema judicial independiente. Y Estados Unidos, la Comunidad Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo, han suspendido sus programas de cooperación con la Corte Suprema de Justicia, con la Asamblea Nacional, y con la Fiscalía General.

Es el país, a fin de cuentas, el sacrificado. Ortega ha declarado, en respuesta, que la cooperación internacional no sirve de todos modos para nada, y que Nicaragua no la necesita, una afirmación que sólo ha venido a crear más estupor.

Ortega le ha propuesta a Alemán, ahora que lo ha sacado de la cárcel, una alianza antiimperialista , algo que hoy puede mover a risa: Arnoldo Alemán declarándose enemigo a muerte de los Estados Unidos. Pero ya hemos visto demasiados absurdos volverse realidades, en un país donde el plomo flota y el corcho se hunde. Sería, en todo caso, la más formidable cortina de humo que se hubiera levantado nunca en Nicaragua para ocultar los más formidables actos de corrupción que se han dado nunca.


Masatepe, diciembre 2003.



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