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| 5 de diciembre del 2003 |
Focus on the Corporation. EEUU, diciembre del 2003. Traducción para La insignia: Berna Wang
Hubo buenas y malas noticias procedentes del interior de las negociaciones de la reunión ministerial del Área de Libre Comercio de América (ALCA) celebrada la semana pasada en Miami.
La buena noticia es que Brasil ha logrado proponer un marco que aliviaría los peores aspectos de las propuestas extremistas respaldadas por Estados Unidos que amenazan la salud pública, el medio ambiente y los derechos de los trabajadores. Con unas poblaciones nacionales movilizadas exigiendo nada menos, parece que Brasil, Argentina y otros países han derrotado el intento de Estados Unidos de ampliar el Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN) a todo el hemisferio. En al menos cuatro puntos distintos, la declaración final de la reunión, conocida como Declaración Ministerial, reitera la necesidad de un acuerdo «equilibrado» La frase clave de la Declaración dice que «los ministros reconocen que los países podrían asumir diferentes niveles de compromisos». Lo que esto significa en la práctica es que los países no estarán obligados a adherirse a las propuestas fundamentalistas de mercado de Estados Unidos en las áreas de la propiedad intelectual, la inversión, los servicios y otras. Aunque lo mejor sería que no hubiera acuerdos de ningún tipo en estas áreas --dado que están concebidos de diversas formas para subordinar las consideraciones de interés público a los intereses comerciales de las empresas multinacionales--, al menos no se exigirá que ningún país acceda a estas propuestas como condición para participar en el ALCA. Los países que asuman compromisos específicos, en el área de la inversión, por ejemplo, tendrán que cumplirlos. Pero ninguno de los países latinoamericanos o caribeños tiene ningún interés real en hacerlo. No hay muchos inversores uruguayos u hondureños que busquen protecciones especiales en el mercado estadounidense. Brasil se impuso a su rival respondiendo efectivamente a la postura de Estados Unidos de que no podía negociar cuestiones agrícolas clave dentro del ALCA. Los negociadores estadounidenses dijeron que querían avanzar en cuestiones agrarias que preocupaban a Brasil y otros países, pero que estos asuntos tenían que tratarse en la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde podrían negociarse también con la Unión Europea y Japón. Bueno, dijo Brasil, si la agricultura es una cuestión de la OMC, también lo es la propiedad intelectual, que ya está cubierta por un acuerdo de la OMC, así como otras cuestiones polémicas. Después de esta jugada de Brasil, Estados Unidos estaba encantado incluso por mantener los acuerdos de inclusión voluntaria como parte del ALCA. Pero es evidente que Estados Unidos ha perdido su capacidad para imponer al hemisferio su maníaca visión del ALCAN. «Esto no es lo que queríamos, y tenemos serios motivos de preocupación», declaró Frank Vargo, vicepresidente para asuntos económicos internacionales de la Asociación Nacional de Fabricantes de Estados Unidos. Buena señal. Lamentablemente, no todas las noticias procedentes del interior de la reunión de Miami han sido buenas. Estados Unidos violó el espíritu de la declaración ministerial al anunciar la intensificación de su estrategia de negociar acuerdos bilaterales y minirregionales que contienen exactamente las mismas espantosas propuestas --sobre propiedad intelectual, inversión y otras áreas-- que no consiguió imponer en el ALCA. Estados Unidos ya ha concluido un acuerdo de libre comercio con Chile, y tiene previsto concluir el mes que viene las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio con los países centroamericanos. En Miami, el representante de Comercio estadounidense, Robert Zoellick, anunció que Estados Unidos iniciaría en breve negociaciones sobre acuerdos de comercio con la República Dominicana, Panamá, Colombia y Perú, así como supuestamente con Ecuador y Bolivia. Preguntamos al ministro de Comercio de un pequeño país, Bahamas, qué pensaba de la estrategia de Estados Unidos de negociar acuerdos bilaterales. «La mayoría de los países del hemisferio tiene motivos de preocupación» sobre el planteamiento estadounidense, nos dijo Leslie Miller, ministro de Comercio e Industria de Bahamas. «No son más que tácticas de presión. Estados Unidos quiere consolidar su posición.» Sus defensores llaman eufemísticamente a esta estrategia «liberalización competitiva», pero es poco más que el clásico «divide y vencerás». La idea es enfrentar a los países del hemisferio entre sí, negociando acuerdos individuales que ofrecen beneficios en aumento de acceso mejorado al mercado estadounidense, a cambio de concesiones masivas a las multinacionales estadounidenses. Los países verán a los demás suscribir acuerdos de libre comercio, no querrán quedarse atrás y acordarán condiciones similares. Mientras los países en desarrollo permanezcan unidos, podrán resistir a la presión y a las exigencias de Estados Unidos, pero aislados y compitiendo entre sí se convierten en presa fácil. No obstante sus ventajas, esta estrategia tiene limitaciones significativas desde la perspectiva de las empresas estadounidenses, razón por la que algunos grupos empresariales la han criticado públicamente. La estrategia exige demasiadas negociaciones con demasiados países, y podría dejar fuera los mayores mercados. Observando que Chile y México ya tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Mark Weisbrot, del Centro de Investigación Económica y Política, de Washington D.C., señala que el 70 por ciento del mercado latinoamericano restante (medido por su producción económica) es atribuible a Brasil, Argentina y Venezuela, países que no tienen ningún interés en firmar acuerdos bilaterales con Estados Unidos que promuevan la agenda económica extremista estadounidense. Aun así, es innegable que los pactos de comercio existentes, más los que se están negociando y los pendientes de negociación asegurarán un enorme pedazo de Latinoamérica y privan significativamente a los países de la libertad de aplicar políticas económicas independientes. La posibilidad de detener la ofensiva de acuerdos comerciales bilaterales del representante de Comercio de Estados Unidos podría depender del acuerdo entre Estados Unidos y Centroamérica. Si se presenta ante el Congreso estadounidense el año que viene y es derrotado, los negociadores estadounidenses podrían verse obligados a abandonar su planteamiento actual. En cambio, una victoria para los negociadores estadounidenses y sus controladores empresariales dará nueva vida a un modelo que, desde cualquier perspectiva objetiva, ha fracasado salvo para servir a los intereses de las empresas multinacionales.
(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).
(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman |
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