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| 3 de diciembre del 2003 |
El Siglo. Chile, noviembre del 2003.
Quienes esperaban definiciones claras frente al ALCA
tendrán que esperar un poco más. Los puntos sensibles
para EE.UU. y sus aliados, al igual que los del eje
rival encabezado por Brasil, quedaron sin solución.
Ninguna de las partes parece dispuesta a ceder, pero
tampoco a abortar las conversaciones. Acuerdos que ya
algunos bautizaron como ALCA Light.
Miami amaneció bajo un virtual estado de sitio. Helicópteros sobrevolando en todo momento la ciudad, miles de policías estrenando nuevos equipos represivos -que iban desde gas pimienta a choques eléctricos paralizantes- se desplegaron en los puntos claves. Todo preparado para enfrentar a los 15 mil manifestantes que coparon el centro de Miami. ¿La razón?: ese día se realizó la cumbre interministerial del ALCA, fecha decisiva para determinar los rumbos de un acuerdo al que cada día le surgen más escollos. Desde Miami a Miami las cosas han cambiado mucho. El puntapié inicial del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se dio en 1994, durante la administración Clinton, en una cumbre realizada precisamente en Miami. En la oportunidad se articuló un "Plan de Acción" para construir una gran zona de "libre comercio" desde Alaska a Tierra del Fuego, que debía concretarse el año 2005. Pero el impulso inicial poco a poco empezó a decaer hasta el punto de poner en serio riesgo la realización de este proyecto. Cuando se lanza el "Plan de Acción" para el ALCA el continente estaba plagado de presidentes de corte neoliberal que asumieron de buena manera la propuesta norteamericana. Sin embargo, los últimos años en América Latina han sido testigos del potente ascenso del movimiento popular y la creciente desconfianza hacia el ALCA y demás postulados de integración económica propugnados por el primer mundo, todo lo que ya tuvo una primera experiencia importante en la cumbre de la OMC realizada en Cancún hace pocos días. En la oportunidad se articuló por primera vez un potente eje de países subdesarrollados nucleados en torno a Brasil, China e India, que se opusieron a discutir la liberalización de sus mercados mientras los países desarrollados no hicieran lo propio, particularmente con la agricultura. Una situación que se vuelve particularmente compleja en el continente americano. La alianza de los dos grandes del sur -Brasil y Argentina- en función de construir un eje que se transforme en contrapeso a los Estados Unidos y su ALCA, más la oposición de una Venezuela que coquetea desenfadadamente con el Mercosur, ponían en una situación imposible la meta de lograr un Area de Libre Comercio de las Américas para el 2005, o por lo menos tal como se pensó en la cumbre de Miami de 1994. ALCA Light Los capitanes pidieron tiempo fuera. EE.UU. y Brasil elaboraron una fórmula intermedia que a la vez permitía no transar en puntos fundamentales, pero tampoco desahuciar el ALCA. Se acordó que los puntos de controversia deberán resolverse en la OMC. Lo cierto es que nadie piensa que esa instancia multilateral logre zanjar las diferencias, pero sí da un poco de tiempo a las tratativas, y es que nadie se siente lo suficientemente fuerte aún para dar un portazo. En síntesis, en Miami se resolvió no obligar a los distintos países a una fórmula única, sino a asumir compromisos según los intereses de cada país, un planteamiento levantado por Brasil desde la llegada de Lula al palacio de Planalto. Los puntos de discordia entre el eje liderado por Brasil y el encabezado por EE.UU. son los mismos que hicieron naufragar la cumbre de Cancún. Por una parte, los norteamericanos exigen que se avance en la liberalización de las economías latinoamericanas particularmente en lo referido a tres puntos: acceso a los mercados, desregulación de las compras públicas y derechos de propiedad intelectual. Mientras, el eje liderado por Brasil no está dispuesto a continuar abriendo sus economías si EE.UU. por su parte no restringe o elimina sus hipertrofiados mecanismos de protección a su agricultura. ¿La razón del acuerdo? Tanto EE.UU. como Brasil quieren ganar tiempo. Para el primero era importante evitarse un nuevo Cancún y tener que enfrentar públicamente el fracaso -aunque fuera transitorio- del ALCA. Todo, mientras en forma paralela cierra tratados con sus adeptos de Latinoamérica, sumando a los suscritos con México y Chile TLCs con Colombia, Perú y Centroamérica. Por su parte, Brasil aún no está en condiciones para construir un camino paralelo, pero sí está embarcado en fortalecer el Mercosur. Después de todo, Brasil, Argentina y Venezuela juntos superan holgadamente la mitad del producto de toda Latinoamérica. Pero no todos quedaron conformes con la fórmula. En un hecho a lo menos vergonzoso, Canadá, México y Chile hicieron pública una declaración en la que exigen la implementación de un ALCA "rígido", haciendo suyos los planteamientos que el propio EE.UU. se había encargado de despejar. Cabe recordar que en los TLCs firmados por estos países con el Tío Sam se imponen todos los puntos de interés para los norteamericano, sin que éstos cedan en ninguno de los puntos que hoy exigen los países subdesarrollados tanto en la OMC como en las negociaciones del ALCA. Tal como señala el economista brasileño Marcos Arruanda, al parecer la idea es que "todos sufran por igual". Aún quedan muchas jugadas sobre el tablero. Pero lo que marca esta nueva apertura es la creciente influencia de los pueblos en la toma de decisiones de sus estados. Elocuente es la declaración conjunta hecha por manifestantes en Miami contra el ALCA, en Londres contra Bush y en Georgia contra la Escuela de las Américas: "La invasión y ocupación de Irak, la capacitación de soldados en contrainsurgencia en la Escuela de las Américas y la expansión de los llamados acuerdos de libre comercio como el ALCA, son estrategias en la construcción de un imperio basado en la avaricia, la violencia y el poder", y concluyeron que "estas políticas no están haciendo más seguro al mundo, como tampoco sus políticas económicas están generando prosperidad". Los puntos en discordia EE.UU. exige a los países latinoamericanos: -Acceso a los mercados. En síntesis, se refiere a la eliminación o fuerte disminución de cualquier obstáculo que restrinja el ingreso de bienes de un país a otro. Esto se puede traducir en dos grandes medidas: desgravación arancelaria (el arancel es el impuesto que cobran los estados por el ingreso de un producto extranjero), así como la eliminación de otras medidas de protección a los mercados nacionales como: cuotas de importación o medidas antidumping (que buscan contrarrestar la competencia desleal). -Seguridad a las inversiones. Busca entregar la mayor seguridad jurídica posible a las inversiones extranjeras, en la perspectiva de obtener una seguridad a "todo evento", tal como hoy está establecido en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en el TLC firmado con Chile. Bajo el paradigma de los TLCs que EE.UU. quiere imponer al ALCA la inversión está revestida de una seguridad casi absoluta, restringiendo fuertemente la capacidad de los estados para generar políticas económicas propias. -Compras públicas. Se busca establecer una política "no discriminatoria" en las adquisiciones de los estados. Bajo este esquema todas las compras deberán ser licitadas en forma pública, en la que podrán competir tanto empresas nacionales como extranjeras en igualdad de condiciones jurídicas. Cabe destacar que las compras públicas suelen utilizarse como instrumentos de planificación económica, en donde por ejemplo el Estado resuelve apoyar a un sector productivo con pedidos para el aparato público. -Propiedad intelectual. La idea es obtener compromisos de implementar medidas que aseguren, sin excepciones, el respeto de patentes comerciales y en general de propiedad intelectual. Como medida concreta e inmediata se exigirá a los gobiernos el uso de programas de computación o software legítimos, así como se establecerán cláusulas que restringen el margen de maniobra de las empresas proveedoras de internet en cuanto al suministro de programas. Frente a las patentes, que entrega todos los derechos de goce al patentador, ahora podrán extenderse a todos los productos y procesos en prácticamente todos los inventos, incluidos los farmacéuticos y agroquímicos, que antes no podían ser patentados. Estos dos últimos puntos han concitado un gran debate en el mundo, dado el impacto social que tienen, tanto en lo referido a salud pública como a seguridad alimentaria. Los países nucleados en torno a Brasil exigen: -Eliminación de medidas proteccionistas del mercado estadounidense, con especial interés en la agricultura: EE.UU. tiene un amplio y poderoso abanico de medidas proteccionistas, que van desde un sistema de arancel escalonado que castiga a los productos con mayor valor agregado hasta un particular sistema antidumping hoy ampliamente cuestionado en la OMC. Pero el instrumento que más escozor genera son sus abultados subsidios a la agricultura, los que superan los 160.000 millones de dólares. ¿Qué es el ALCA? Los orígenes del ALCA los podemos encontrar en la administración de Bush padre. En 1991, la Casa Blanca lanza una iniciativa para estrechar los lazos con el resto del hemisferio, denominada "Iniciativa para las Américas" (IPA). Esta propuesta otorgaba diversos beneficios a los países latinoamericanos en tres materias: inversión, reducción de la deuda externa y promoción del comercio. La idea era preparar las condiciones para una mayor integración del continente bajo liderazgo estadounidense. Esta iniciativa nace a partir de la constatación de los medios gobernantes de Estados Unidos que se estaban quedando atrás en la conformación de bloques económicos. Desde la década del 80, y en gran medida explicado por el peso de la "Guerra Fría", Estados Unidos empezó a perder liderazgo económico, particularmente frente a sus ex enemigos de la Segunda Guerra Mundial: Japón y Alemania. Un ejemplo de esto es que mientras en 1948 EE.UU. era responsable del 49% de la producción mundial, en 1968 su participación se reduce al 31%, tal como lo señala un estudio realizado por el Partido de los Trabajadores de México. El impresionante desarrollo económico que vivieron estos países en la postguerra vino de la mano con importantes procesos de integración, con especial relevancia en el caso europeo. Alemania prontamente logró constituirse en la principal economía del Viejo Continente y eje del proceso de integración que desembocó en la constitución de la Unión Europea. Por su parte, si bien Japón se mostró más reacio a su participación en bloques regionales, en los 80 da un importante paso en esta dirección, cristalizando su liderazgo regional bajo el paraguas de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Es en este contexto que el economista e investigador cubano Osvaldo Martínez advierte que "para EE.UU. regionalizar la América Latina bajo su dominio es una forma de hacerle frente a esta competencia entre los grandes centros de poder económico". Pasos y mecanismos Es en 1994 y bajo la presidencia de Clinton, que la "Iniciativa para las Américas" toma cuerpo en la propuesta ALCA. Ese año los jefes de estado de 34 países americanos, con la excepción de Cuba, acordaron en Miami un "Plan de Acción". En él se sostenía que el libre comercio y una mayor integración económica constituían factores claves para promover el crecimiento económico, elevar el nivel de vida, mejorar las condiciones de trabajo de los pueblos y proteger el medio ambiente. El Plan de Acción comprendió 4 áreas de trabajo: pobreza, medio ambiente, libre comercio y democracia. Cada uno suponía diferentes compromisos no obligatorios, salvo en el caso de las negociaciones para la creación del Area de Libre Comercio de las Américas, o ALCA. El ALCA busca instaurar una zona de libre comercio e inversión a partir del año 2005, una especie de "zona franca" a nivel continental, en base a una supuesta eliminación de todo tipo de barreras al flujo de mercancías y capitales. La preparación del ALCA debía hacerse a partir de tres instancias de diálogo y negociación: reuniones de nivel ministerial, reuniones de nivel vice ministerial y 12 grupos de trabajo. Las tres instancias cuentan con el apoyo técnico de un comité tripartito integrado por la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En marzo de 1998, en San José de Costa Rica, se establecieron los elementos esenciales para el lanzamiento de las negociaciones: Objetivos y Principios, Secretaría, Sede y Estructura de los Grupos de Negociación. Se constituyeron nueve Grupos de Negociación sobre los siguientes temas: Acceso a Mercados, Agricultura, Inversión, Servicios, Subsidios, Antidumping y Derechos Compensatorios, Compras del Sector Público, Derechos de Propiedad Intelectual, Política de Competencia, y Solución de Controversias. |
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