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| 7 de diciembre del 2003 |
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, diciembre del 2003.
Tres días después del inicio del ataque a Irak, durante el Tercer Forum Mundial del Agua celebrado en Kyoto (Japón), el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lanzó una advertencia: "Si no se toman medidas urgentes, las marismas de Mesopotamia corren el riesgo de desaparecer de tres a cinco años". La prensa estadounidense encontró un argumento más para la guerra y dedicó largos reportajes a la destrucción de las marismas por parte de Sadam Husein. La Casa Blanca también tomó nota y anunció que la recuperación de las marismas sería una prioridad de la posguerra. Hace dos meses, el último informe del PNUMA sobre Medio Ambiente en Irak insistía en que "el periodo de octubre de este año a marzo de 2004 será crítico para el futuro de las marismas de Mesopotamia". Esta vez, el llamamiento pasó desapercibido para la comunidad internacional y los grandes medios de comunicación, que centraban su atención en la difícil estabilización del Irak pos-Sadam. Las marismas de Mesopotamia formaban un complejo de lagos de agua dulce interconectados, humedales y terrenos aluviales, próximos al Tigris y al Éufrates, que se extendía a lo largo de 15.000 kilómetros cuadrados, desde Bagdad, en el norte, a Basora, en el sur. Fue en estas marismas donde los sumerios inventaron el primer alfabeto hace 5.000 años y donde la Biblia sitúa el Jardín del Edén. "Todo lo que resta es un árbol escuálido, en medio de un yermo jardín que devoran la sal y la basura [...] Hasta la placa metálica, que identificaba este paraje como el soñado Paraíso Terrenal, desapareció en la frenética ola de saqueos que sacudió Irak durante las horas posteriores al derrocamiento de Sadam Husein", explicaba gráficamente hace unos meses el enviado especial a Irak del diario español El Mundo, Alfonso Rojo. Hoy, apenas queda un 7% de la superficie original de estos humedales, en lo que Naciones Unidas califica como "uno de los grandes desastres medioambientales de la historia", a la altura de la rápida deforestación del Amazonas o la desecación del Mar de Aral. El informe "Los Humedales de Mesopotamia: Defunción de un ecosistema", publicado en 2001 por el PNUMA, señala que la destrucción de este ecosistema "está teniendo significativas implicaciones para la biodiversidad global, desde Siberia hasta el Sur de África" ya que servía de apeadero a millones de aves migratorias. "Mamíferos y peces que existían sólo en estos humedales se consideran extintos -precisa el informe- mientras que otras subespecies de mamíferos como la nutria lisa o la rata de agua se encuentran al borde de la extinción". Desde que el informe salió a la luz hasta el día de hoy, otro tercio de los humedales ha desaparecido. La catástrofe tiene también tiene graves implicaciones sociales. Los "árabes de las marismas" o "madán", descendientes de los sumerios y los babilonios, dos de las más antiguas civilizaciones del planeta, habitan estos humedales desde hace más de 5.000 años. En la actualidad, menos de un quinto de los 250.000 habitantes que allí vivían hace tan sólo una década permanecen en las marismas. Según Human Rights Watch, muchos fueron arrestados, ejecutados o 'desaparecieron'; cerca de 100.000 se desplazaron al interior de Irak y otros tantos se refugiaron fuera del país (la mayoría, en torno a 40.000, en Irán) tras el fin de su modo de vida. La destrucción del mayor humedal de Oriente Medio comenzó a mediados de los 70, con la construcción de presas en las cuencas del Tigris y el Eufrates por parte de Irán, Irak, Siria y Turquía. Durante la guerra Irán-Irak, en la década siguiente, Sadam Husein edificó carreteras en los humedales para trasladar refuerzos al frente y no dudo en emplear armas químicas para frenar las oleadas de voluntarios islámicos que avanzaban por los pantanos, lo que supuso el envenenamiento de las marismas. Sin embargo, la mayor parte de la desecación tuvo lugar entre 1991 y 1995. Al concluir la Segunda Guerra del Golfo, los chiíes se levantaron en armas contra Sadam, animados por George Bush. Los "árabes de las marismas", también chiíes, participaron en la revuelta y albergaron a los insurgentes en los humedales, un inaccesible lugar, perfecto para ocultarse. Sadam comenzó entonces una frenética construcción de presas y canales destinada a secar totalmente los pantanos para impedir que fuera refugio de las guerrillas de oposición. Incluso creó un tercer río (Río Sadam) que desviase el agua que nutría la espesa vegetación de las marismas, que quedaron en una décima parte de su superficie original. Signos positivos La situación actual es grave, pero aún hay espacio para la esperanza. Según el informe de octubre del PNUMA, "tras el fin de la guerra, ha habido signos positivos de recuperación de las marismas" gracias a dos factores. Por un lado, 2003 fue un buen año de lluvias y puso fin a la sequía que asolaba el país desde 1999. A su vez, en el desorden posterior a la caída del régimen baazista, algunos "madán" abrieron compuertas y construcciones para permitir de nuevo la entrada del agua. El dilema ahora reside en cómo recuperar las marismas. La solución pasa por derribar algunas de las construcciones y "reinundar" el terreno, para lo que es necesaria una ingente cantidad de agua que nadie puede o quiere garantizar: se encuentra en presas de Irán, Siria y Turquía. "Con los flujos actuales, sólo podríamos recuperar el 25% de los humedales originales", estima Andrew Natsios, miembro de la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos. El nuevo ministro de Irrigación iraquí, Latif Rashid, ya ha solicitado a Siria y Turquía que "respeten las necesidades de Irak" y reduzcan su consumo de agua del Tigris y el Eufrates. Técnicamente, la recuperación tampoco es simple. "Las marismas no son como un café instantáneo: no basta con añadir agua y ya está", afirma Thomas L. Crisman, director del Centro de Estudios de humedales Howard T. Odum de la Universidad de Florida. Además, algunos antiguos lagos están cubiertos por grandes capas de sal. Reinundarlos sin más sólo conseguiría una mezcla de agua y sal sin vida posible. Estados Unidos y el Gobierno provisional iraquí han comenzado tímidas actuaciones para recuperar las marismas, pero son a todas luces insuficientes dada la envergadura y urgencia del problema. Salvo que la situación de Irak se estabilice en breve, algo poco probable, será difícil que las instituciones tomen el asunto como una auténtica prioridad. Sin embargo, no caben más retrasos: es mucho lo que está en juego. |
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