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La insignia
29 de diciembre del 2003


Acto tercero, escena II

Ricardo III


William Shakespeare
Transcripción para La Insignia: C.B.


Acto tercero
Escena II

(Ante la casa de Lord Hastings)

Entra un mensajero Mensajero: ¡Señor, señor! (Llama a la puerta)

Hastings: (dentro) +Quién llama?

Mensajero: Uno de parte de lord Stanley.

Hastings: (dentro) +Qué hora es?

Mensajero: Van a dar las cuatro.

(Entra Hastings)

Hastings: +No puede dormir tu amo estas largas noches?

Mensajero: Así parece, por lo que tengo que decir. Ante todo, saluda a vuestra señoría.

Hastings: +Qué más?

Mensajero: Luego asegura a vuestra señoría que esta noche ha soñado que el jabalí le arrancaba el yelmo (3). Además, dice que se celebran dos Consejos y que quizá en uno de decida algo que os haga doleros, a vos, y a él, en el otro. Por eso manda a preguntar la voluntad de su señoría, para saber si quiere montar a caballo y salir con él a toda prisa hacia el norte para eludir el peligro que adivina su alma.

Hastings: Ve, amigo, ve, vuelve junto a tu señor y dile que no tema a los Consejos separados; su señoría y yo estamos en uno, y en el otro mi buen amigo Catesby, y allí no puede tener lugar nada que nos toque sin que yo tenga información de ello. Dile que sus temores son vanos y faltos de sustancia; y en cuanto a sus sueños, me sorprende que se complazca tanto en hacer caso a la burla de inquietas pesadillas. Huir del jabalí antes que el jabalí ataque, sería excitarle a que nos siguiera, persiguiéndonos cuando no pensaba cazarnos. Ve, di a tu amo que se levante y venga a verme, e iremos juntos a la Torre, donde verá cómo el jabalí nos trata con benevolencia.

Mensajero: Iré, señor, y le diré lo que decís.

(Se va)

(Entra Catesby)

Catesby: ¡Muy buenos días tenga mi noble señor!

Hastings: Buenos días, Catesby: muy temprano te remueves. +Qué noticias, qué noticias, en este vacilante reino nuestro?

Catesby: En efecto, es un mundo vacilante, señor mío, y creo que jamás se pondrá de pie mientras Ricardo no ostente la guirnalda del reino.

Hastings: ¡Cómo! ¡Ostentar la guirnalda! +Quieres decir la corona?

Catesby: Sí, mi buen señor.

Hastings: Prefiero que me separen la coronilla de los hombros ates que ver la corona tan mal situada. Pero +puedes suponerte que lo pretende?

Catesby: Sí, por vida mía, y espera encontraros dispuesto para su partido con vistas a esa ganancia; y para ello os manda estas buenas noticias: que este mismodía, vuestros enemigos, los enemigos de la Reina, van a morir en Pomfret.

Hastings: Desde luego, no me enlutaré por esa noticia, porque siempre han sido mis adversarios; pero en cuanto a dar mi voto al partido de Ricardo para impedir la elevación de los herederos de mi señor, Dios sabe que no lo haré hasta la muerte.

Catesby: ¡Dios conserve a vuestra señoría en esa generosa opinión!

Hastings: Pero me reiré de esto dentro de un año, cuando viva para ver la tragedia de los que me acarrearon el odio de mi señor. Bueno, Catesby, antes que sea una quincena más viejo, despacharé a algunos que no se lo imaginan.

Catesby: ¡Mala cosa es morir, mi noble señor, cuando los hombres no están preparados y no lo esperan!

Hastings: ¡Ah, monstruoso, monstruoso! Eso les toca a Rivers, Vaughan y Grey; y así les pasará a algunos más que se creen tan seguros como tú y como yo, que, como sabes, contamos con el afecto del egregio Ricardo y de Buckingham.

Catesby: Ambos príncipes os tienen en alta consideración; (aparte) pues consideran su cabeza en lo alto del puente. (2)

Hastings: Ya lo sé: y bien que lo he merecido.
(Entra Stanley)
Vamos, vamos: +dónde está vuestra jabalina, hombre? Teméis al jabalí, +y vais tan poco preparado?

Stanley: Buenos días, señor; buenos días, Catesby: podéis seguir bromeando, pero, por la Santa Cruz, no me gustan estos Consejos separados.

Hastings: Señor, yo aprecio mi vida tanto como vos la vuestra; y os asegurto que nunca en mis días me fue tan querida como ahora. +Pensáis que si no supiera que nuestra posición es segura, estaría tan triunfante como estoy?

Stanley: Los señores que están en Pomfret, cuando salieron a caballo de Londres, iban alegres y suponían segura su situación, y, desde luego, no tenían causa para desconfiar; pero ya veis qué pronto se cubrió el día. Me hace desconfiar esta súbita puñalada de odio: ¡ruego a Dios, digo, que resulte yo un cobarde sin necesidad! +Qué, vamos a la Torre? El día se pasa.

Hastings: Vamos, vamos, voy con vosotros. +Sabéis qué ocurre, señor? Hoy son degollados los señores de que habláis.

Stanley: Ellos, por su lealtad, podrían llevar encima sus cabezas mejor de lo que llevan sus sombreros algunos que les han acusado. Pero vamos, señor, vamos allá.

(Entra un Correo Real)

Hastings: Id por delante: yo hablaré con este buen amigo.
(Se van Stanley y Catesby)
¡Ea, amigo! +Cómo se porta el mundo contigo?

Correo: Mejor si vuestra señoría se digna preguntármelo.

Hastings: Te digo, hombre, que a mí me va mejor que la última vez que me encontraste donde ahora nos encontramos: entonces yo iba prisionero a la Torre, por incitación de los aliados de la Reina; pero ahora, te diré -y guárdatelo para ti-, esos enemigos son ejecutados hoy, y yo estoy en mejor situación que nunca.

Correo: ¡Dios la conserve, para buena satisfacción de vuestra señoría!

Hastings: Gracias, muchacho: toma, bébete esto por mí.

(Le tira su bolsa)

Correo: Gracias a su señoría.

(Se va)

(Entra un Sacerdote)

Sacerdote: Bien hallado, señor: me alegro de ver a vuestra señoría.

Hastings: Te doy las gracias, sir John, de todo corazón. Estoy en deuda por tu última homilía. Ven el próximo domingo y te dejaré contento.

(Entra Buckingham)

Buckingham: ¡Cómo, hablando con un sacerdote, lord Chambelán! Vuestros amigos los de Pomfret son los que necesitan el sacerdote; vuestra señoría no tiene entre manos cosas como para confesarse.

Hastings: A fe mía; y cuando encontré a este santo hombre, me vinieron a la mente los hombres de que hablabais. +Qué, vais a la Torre?

Buckingham: Voy, señor, pero no puedo quedarme mucho tiempo; volveré de allí antes que vuestra señoría.

Hastings: Sí, es probable, porque yo me quedaré a comer.

Buckingham: (aparte) Y a cenar también, aunque no lo sabes. (Alto) Vamos, +venís?

Hastings: Acompañaré a vuestra señoría.

(Se van)


(1) El jabalí era el animal heráldico de Ricardo de Gloucester.
(2) En lo alto de la torre del Puente de Londres, donde se exponían las cabezas de los ejecutados por traición.



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