| Colabora | Portada | Directorio | Buscador | Redacción | Correo |
|
|
|
| 9 de diciembre del 2003 |
Ricardo III
William Shakespeare
Acto segundo
Escena III (Londres. Una calle) Entran dos ciudadanos, que se encuentran Ciudadano primero: Buenos días, vecino: ¿dónde vas tan deprisa? Ciudadano segundo: Te aseguro que apenas lo sé yo mismo: ¿has oído las noticias que hay por ahí? Ciudadano primero: Sí, que el Rey ha muerto. Ciudadano segundo: Malas noticias, por Nuestra Señora; raras veces ocurre lo mejor: me temo, me temo que va a resultar un mundo agitado. Entra otro ciudadano Ciudadano tercero: ¡Vecinos, Dios nos proteja! Ciudadano primero: Él os dé buenos días, señor. Ciudadano tercero: ¿Son ciertas las noticias de la muerte del rey Eduardo? Ciudadano segundo: Sí, señor, ciertas, por desgracia: ¡Dios nos ayude mientras tanto! Ciudadano tercero: Entonces, señores míos, vamos a ver un mundo en apuros. Ciudadano primero: No, no; por la buena gracia de Dios, su hijo reinará. Ciudadano tercero: ¡Ay del país que esté gobernado por un niño! Ciudadano segundo: En él hay esperanza de gobierno: pues, en su menor edad, un consejo bajo él, en sus años plenos y maduros, él mismo, sin duda, y hasta entonces, gobernarán bien. Ciudadano primero: Así estaba el reino cuando Enrique VI fue coronado Rey en París teniendo sólo nueve meses. Ciudadano tercero: ¿Así estaba el reino? No, no, buenos amigos, Dios lo sabe: pues entonces este país estaba espléndidamente enriquecido con buen consejo político: entonces el Rey tenía tíos virtuosos que protegieran a Su Majestad. Ciudadano primero: Bueno, también éste tiene, por su padre y por su madre. Ciudadano tercero: Mejor sería que todos fueran por parte de padre, o que no los hubiera en absoluto por parte de padre; pues ahora la emulación de quién va a estar más cerca nos alcanzará a todos demasiado de cerca, si no lo impide Dios. ¡Ah, el duque de Gloucester está lleno de peligro! Y los hijos y los hermanos de la Reina son altivos y orgullosos: si se les gobernara, y no gobernaran, el país enfermo volvería a florecer como antes. Ciudadano primero: Vamos, vamos, tenemos lo peor: todo irá bien. Ciudadano tercero: Cuando se ven nubes, los hombres prudentes se ponen la capa; cuando caen hojas grandes, entonces el invierno está cerca; cuando se ponde el sol, ¿quién no espera la noche? Las tormentas intempestivas hacen que los hombres esperen carestía. Quizá todo vaya bien, pero, si Dios lo dispone así, es más de lo que merecemos y yo espero. Ciudadano segundo: Verdaderamente, los corazones de los hombres están llenos de miedo: casi no se puede hablar con nadie que no tenga un aspecto abrumado y lleno de temor. Ciudadano tercero: Antes de los días de cambio, es así: por un instinto divino, los ánimos de los hombres temen el peligro que viene, como, para prueba, vemos hincharse las aguas antes de una fuerte tormenta. Pero dejémoslo todo a Dios. ¿Dónde vais? Ciudadano segundo: Pardiez, no habían mandado llamar ante los jueces. Ciudadano tercero: Y a mí también: os acompañaré. (Se van) |
|