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La insignia
21 de abril del 2003


Ojos que no ven


__Especial__
EEUU en guerra
Mara Mahía
El Independiente / La Insignia.
EEUU, abril del 2003.



Durante la primera Guerra del Golfo, el Pentágono se convirtió en la agencia de noticias, extraoficial, de los medios de comunicación estadounidenses. Decididos a no cometer el mismo error de Vietnam (primera guerra televisada) y tras el entrenamiento "desinformativo" de las invasiones de Granada y Panamá, el gobierno de Bush padre se dedicó a tergiversar la información, a denegar acceso a campos de batalla, a facilitar oficinas públicas a la prensa con el objeto de "supervisar" las entrevistas, a censurar y acosar periodistas a través de altos mandos militares o responsables de la administración pública, y finalmente consiguió que los medios de comunicación comenzaran a usar una nueva jerga («fuego amigo», «daños colaterales») proporcionada directamente por el Departamento de Defensa de EEUU.

Según Walter Cronkite, el verdadero horror de la Guerra del Golfo fue la censura del Pentágono. Una censura que se había manifestado brutalmente con la guerra de El Salvador, en 1985, durante la era Reagan, cuando se produjo el mayor bombardeo aéreo en la historia de América. En junio de 1984, la fuerza aérea del dictador Duarte lanzó 3.000 toneladas de bombas proporcionadas por EEUU. Entre enero y mediados de marzo de 1985, se produjeron más de 105 ataques aéreos sobre poblaciones civiles, misiones que con frecuencia fueron dirigidas por militares estadounidenses. Según Carl Jensen en 20 Years of Censored News, ningún medio de comunicación estadounidense (incluyendo NYT, The Washingon Post, y el Miami Herald) cubrió el bombardeo de El Salvador, a pesar de la protesta contra el encubrimiento informativo, llevada a cabo en octubre de 1985, por los estudiantes de Brown University y la Universidad de Michigan. Ese mismo año, Coca Cola anunció una modificación en su fórmula, convirtiéndose en la noticia con más seguimiento informativo del año.

Durante la Guerra del Golfo CBS y NBC se negaron a emitir imágenes filmadas en las entrañas de Bagdad durante uno de los peores bombardeos. NBC rehusó, a pesar de que el material había sido filmado por dos periodistas independientes (cuyo anterior trabajo había proporcionado a NBC siete premios Emmy.) Recientemente NBC despidió a Peter Arnett por dar una entrevista a la televisión iraquí en la que definía como fracaso el bombardeo de las fuerzas aliadas. La afable actitud informativa que el Pentágono ha mostrado desde antes del inicio de esta guerra no es más que una cortina de humo. Esta vez a los 500 periodistas estadounidenses se les ha facilitado no sólo el acceso sino la estancia con las tropas de EEUU. Los reporteros de NBC, ABC o FOX se han convertido en soldados, más que en comunicadores. Sin embargo, alrededor de otros 1500 periodistas han cubierto esta guerra de forma independiente o para medios extranjeros. Las noticias de la mayoría de los canales norteamericanos han cubierto exclusivamente el desarrollo de la invasión desde un tanque estadounidense, mientras que los periodistas extranjeros se han dedicado a hacer un seguimiento informativo de la vida y la muerte en Bagdad.

Por su parte los medios de comunicación latinoamericanos, (cuyos lectores o televidentes conforman uno de los grupos con mayor número de familiares destacados en el Golfo), se han nutrido mayormente de la información suministrada por agencias de noticias estadounidenses, y por lo general, sus editoriales o reportajes (los más subjetivos son siempre de corte cubano anticastrista), han sido simplistas o sensacionalistas a la hora de hacer un seguimiento del conflicto, no han explicado las causas o consecuencias de la invasión de Irak y en general han sido repetitivos hasta la saciedad, haciendo hincapié en la eterna historia del orgulloso soldado puertorriqueño defendiendo las barras y estrellas. Básicamente los medios latinoamericanos, a excepción de Galavisión y del recientemente inaugurado programa de radio en español de WBAI, han seguido el ejemplo de los medios de EEUU, mantener a la audiencia en la ignorancia, a cucharadas de entusiasmo patriótico y grandes palabras.

El resultado de la falsa y como siempre oportunista disponibilidad del Pentágono hacia los medios de comunicación es que el espectador estadounidense no ve ninguna fatalidad, no ha visto el verdadero rostro de una guerra, no ha visto muertos ni sangre, no ha visto los verdaderos desastres de esta invasión. De ahí el enojo de la administración Bush, cuando Al Yazira mostró imágenes de los prisioneros de guerra, y unos días más tarde Canadian Broadcast Corporation y BBC mostraron las imágenes de la matanza de civiles en un mercado de Bagdad. Al espectador estadounidense (incluyendo latinoamericanos), le han ofrecido (y le están ofreciendo) una producción de Hollywood, "una de guerra" con marines y soldados patrióticos invadiendo el desierto, destruyendo lujosos palacios, derrumbando estatuas; le han ofrecido (le están ofreciendo) una manipulación para estimular el apoyo a las tropas de una guerra, de una invasión, de una próxima reconstrucción sin dolor ni sangre aparente, mientras que el resto del mundo contempla atónito las consecuencias de los misiles inteligentes.

Parafraseando a un iraquí que señalaba los mutilados tras un bombardeo a un corresponsal de NPR, ¿Esto es democracia?



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