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| 11 de abril del 2003 |
La Insignia. EEUU, abril del 2003.
Los Estados Unidos se han convertido en una continental cárcel informativa. Los primeros días de la segunda guerra contra Irak los canales de televisión y los diarios copaban sus páginas informando sobre el funcionamiento de aparatos tecnológicos -mísiles Tomahawk, bombas inteligentes, cazabombarderos- dejando en la oscuridad de lo nunca revelado su finalidad mórbida. Las explicaciones de los ataques se acompañaban de réplicas en miniatura de helicópteros, tanques y aviones -proporcionados por la oficina de relaciones públicas del Pentágono- para, infantilmente, poner una pared de vacío entre la "cosa" y la finalidad de la misma. Como si fueran niños con juguetes prestados, la descuidada manipulación de los "hombres de prensa" dejó en claro su miopía moral: la concentración en la cuestión tecnológica permite objetivar la guerra como si se tratara sólo de una extirpación al vacío. Se trata, por lo tanto, de un proceso de basurización simbólica centrado en "poner afuera" del encuadre lo que importa éticamente: la muerte de miles de personas.
Los repulsivos noticieros de esta manera están "literaturizando" una realidad intolerable y creando escenarios y héroes ficticios a partir de levantar las noticias de avances de los hombres de la Coalición desde "el ángulo de la ayuda humanitaria". Por eso mismo se muestran tomas de soldados repartiendo comida, agua o caramelos, cantando hip-hop delante de niños, o incluso llorando -sí, llorando de emoción- por sentirse especialmente tocados ante la misión de "liberar a los iraquíes". Se insiste tanto en esta realidad literaturizada que la paradoja de que sean máquinas de muerte no puede caber en la cabeza del americano promedio. Los soldados no han ido a Irak a matar, sino a liberar, a imponer la democracia. Faltaría más. Si no fuera por Internet, nos veríamos condenados a creer en el mundo a imagen y semejanza del pacto Bush-Corporaciones informativas. Para contrarrestar la desinformación, al principio, muchos ingresábamos a las páginas de la cadena Al Yazira, sólo para ver las imágenes que la televisión estadounidense no se atrevía -ni se atreve- a mostrar: la realidad de un pueblo masacrado, los cuerpos destrozados por las bombas, los niños heridos, las mujeres inmigrando con restos de sus casas a cuestas. Al Yazira representaba -con el amarillismo de siempre, eso sí- las escenas que, de tratarse de otra guerra, los mismos canales estadounidenses lanzarían día y noche con avisos como "puede afectar a la sensibilidad de algunas personas". Pero la página web en árabe de Al Yazira fue intervenida por sospechosos "hackers" y entonces, para un espectador que pretende estar medianamente informado, es imprescindible navegar entre la página de Reuters, The Guardian, El Mundo, las páginas locales latinoamericanas, sobre todo, Página 12 o La República de Perú, así como las páginas en español de periodismo alternativo o hasta la página del documentalista premiado con un Oscar, Michael Moore. No obstante, si uno quiere información en pantalla y no tiene antena parabólica -por que ni el cable ofrece más variedad- tiene que conformarse con los canales de televisión abierta cuyos "enviados especiales" se concentran en Qatar donde un comando de comunicaciones ha instalado una sala de prensa muy parecida a la que usa Ari Fleisher en la Casa Blanca. Los reporteros -que en su mayoría desconocen las diversas lenguas árabes- aguardan las conferencias de todos los días a las tres de la tarde (hora de Bagdad) para recibir los informes del ahora célebre General Vincent Brooks. Al principio las preguntas eran tímidas, hoy algunas ya se atreven a ser algo más curiosos, o a discrepar de la información recibida contrastando con los partes de otros reporteros que envían desde el frente. Son unos pocos los que se atrevieron a quedarse en Bagdad desde el primer día. Telemundo es la cadena hispana que ha hecho un seguimiento de la guerra desde el primer aviso de George W. Bush. Logró enganchar como corresponsal a un experimentado hombre de prensa español, Fran Sevilla, quien desde el primer ataque dejó que los latinos de Estados Unidos pudiéramos escuchar el sonido del bombardeo de la primera noche captándolo con su teléfono satelital. Fran Sevilla es el único reportero que despacha en español para los Estados Unidos desde la ciudad asediada y sus reportes lanzados bajo "fuego amigo", mucho más objetivos que la mayoría de reporteros estadounidenses, son la información de primera mano que circula en los bolsones hispanos de este país. No obstante, los comentarios de Pedro Sevcec, Ana Patricia Candiani o Marian de la Fuente, dejan muy en claro la línea política de Telemundo: más importante que la calidad de la información y la objetividad es que las familias que tienen hijos, hermanos o parientes en el frente se sientan identificadas con el discurso del noticiero. Por eso mismo, una de las nuevas secciones más populares del programa es la final: la presentación en cámaras de fotos de soldados latinos que están en Irak, en Qatar, en Kuwait o alguna zona cercana al conflicto. Desde diversos lugares de los Estados Unidos, los reporteros de Telemundo buscan a las familias para el típico reportaje telenovelesco, sentimental, con llanto incluido, efectistas hasta la pared del frente. Siguiendo esta política se presentó un especial sobre el primer soldado de las tropas de la Colisión muerto en combate, el guatemalteco Juan Gutiérrez. Después de muerto le han concedido la ciudadanía estadounidense: motivo principal por el cual miles de latinos se enrolan en las fuerzas armadas. La hermana de Juan que permanece en Ciudad de Guatemala sostiene que se siente muy orgullosa de él pues "no cualquiera muere por un país que no es su patria". No sabemos si será por esta línea programática, o por motivos técnicos, pero muchos de los despachos de Fran Sevilla se cortan en el momento en que critica o cuestiona alguna información que los presentadores dan por absolutamente cierta al haber sido declarada con anterioridad por algún informante oficial de la Coalición. En otros casos, su compatriota Marian de la Fuente o el cubano-norteamericano José María Balart, le piden pase a comerciales dejándolo con la palabra en la boca al otro lado del satélite, manteniendo la información bajo una ambigüedad que el público latino también cuestiona porque, a pesar de lo que podrían creer algunos de sus directivos, no todos los espectadores somos "couch potatoes". En el colmo de la mordacidad y precisamente porque la actitud de los espectadores, sobre todo los que se encuentran fuera de los Estados Unidos y tienen acceso a otras fuentes de información, es muy crítica en relación con la forma cómo están informando las cadenas de televisión adentro de los Estados Unidos, el especial "Objetivo Saddam" de Telemundo incluyó un reportaje sobre la forma cómo la gente en Latinoamérica descree de la objetividad de los medios norteamericanos. Entre otros periodistas, se entrevistó al peruano Juan Carlos Tafur, quien coincidió con sus colegas en que "lamentablemente los medios de Estados Unidos informan de manera imparcial". Finalizado el reportaje, Pedro Sevcec declaró que en Telemundo no existe ningún tipo de mordaza "eso incluye que hay una decisión de no divulgar información que pueda afectar o poner en riesgo a los soldados […] Ninguno de los países de Latinoamérica donde se critica la cobertura que aquí hacemos tiene familias cuyos miembros están en el frente". ¿Y el soldado guatemalteco, el colombiano que murió después o mexicano que le siguió? ¿Qué es lo que muestra al mundo Telemundo? En primer lugar habría que analizar la forma cómo se construye al "yo de la enunciación". Excepto Fran Sevilla en Bagdad o Fernando Mejía en Qatar -uno de sus reportajes, posteriormente "editado", consistió en entrevistar a la vocera de Al Yazira que habla español y pasar imágenes de la viuda del camarógrafo jordano muerto por el "fuego amigo"-, quienes informan en tercera persona o con comentarios personales muy acotados, los presentadores y corresponsales de los diferentes programas noticieros de Telemundo hablan de un "nosotros" fundido con los soldados que están en el frente y, por supuesto, con el discurso oficial emitido por el presidente Bush. Nosotros y los otros: no hay posibilidad de un intersticio abierto de menos rigidez frente a la realidad que construyen los miembros de uno y otro bando. Nosotros y los otros: no hay posibilidad de un discurso que cruce otras narrativas y encuentre otras verdades. Como sostiene Edward Said, el discurso estadounidense que alimenta los imaginarios de la nación, construye "narratemas que se estructuran, empaquetan y controlan la discusión pese a la apariencia de variedad y diversidad". Uno de los más poderosos narratemas es ese "nosotros" colectivo ahora más endogámico que nunca, recreado en figuras tutelares como el propio presidente y en héroes extraordinarios, desde Superman hasta Rambo, pasando por los caídos en todas las invasiones norteamericanas. Aunque el noticiero de Telemundo no utiliza el lenguaje de otros que se refieren a Irak y a Sadam Husein como "el eje del Mal", si asume que se trata de una guerra por "la democratización de Bagdad" y a sus periodistas ni siquiera se les ocurre cuestionar la sola idea de una imposición de la democracia. Todo lo que difiere del discurso oficial estadounidenses es anti-estadounidense, por eso mismo, los reportajes sobre las movilizaciones en Nueva York o San Francisco son transmitidos con irónicas toses de música de fondo. Ante la muerte de los periodistas de Reuters y Telecinco el pasado 8 de abril, los presentadores se lamentaron profundamente de las pérdidas pero no levantaron la voz ante cámaras por el ataque directo a un centro de información occidental (jamás esperaría que se quejarán de la expulsión de Al Yazira de Irak, a la que se refirieron como "una extraña paradoja"). Incluso Marían de la Fuente llegó implícitamente a responsabilizar al ministro de comunicaciones de Irak por la muerte de los periodistas en el Hotel Palestina, pues "él fue a dar una conferencia de prensa a ese hotel poniendo en riesgo la vida de los periodistas y provocando a la Coalición". El nivel de justificación de lo injustificable no tiene medida. Si bien es cierto que el despliegue de la "tecnología de guerra" ha sido sacado del aire en los últimos días y las réplicas en miniatura de los aviones y tanques, con las cuales Marian de la Fuente se regocijaba frente a la pantalla, deben languidecer en uno de los sótanos, el discurso de Telemundo no ha sido permeado por los intentos de objetividad de sus corresponsales en el frente. Sin embargo, y para ser justos con Pedro Sevcec, uno de los comentarios que me llamo poderosamente la atención fue el que lanzó espontáneamente casi a pase de unos comerciales: "quienes dicen que los ilegales no aportan nada a los Estados Unidos tienen aquí la muestra de lo contrario: muriendo en el frente de guerra aportan con su vida". Pero el costo, estimado señor periodista, es demasiado alto. |
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