| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 9 de abril del 2003 |
Diario Hoy. Ecuador, 9 de abril.
No estamos en condiciones de anticipar lo que sucederá
concluida la matanza en el Irak. Y cuando ésta
termine, al menos en su fase televisada, faltará mucho
para discutir "las consecuencias económicas de la
paz", como lo hizo John Maynard Keynes al concluir la
I Guerra Mundial; paz que, como anticipó él
mismo, conociendo las condiciones impuestas a los
vencidos, apenas fue preámbulo para una nueva guerra.
Todavía las fluctuaciones en el mercado están atadas a
las peripecias de la agresión. Los inversores marcan
el paso de los invasores. Las cotizaciones en la bolsa
y del dólar trepan con los avances de los agresores,
mientras que el petróleo declina. Y cuando los
iraquíes logran algún golpe de efecto, la evolución es
inversa. El mercado refleja la evolución de los
negocios en marcha en el Irak.
Como si fuera una olimpíada, varias marcas auspician la guerra. Botellitas de Tabasco están en las mochilas de los marines. Coca-Cola envía su refresco en grandes empaques. Cientos de miles de rollos de papel higiénico "Charmin To Go" de la Procter & Gamble acompañan en sus ajetreos a soldados protegidos del sol con gafas Eastern States Eyewear, con sus dentaduras bien limpias gracias a Colgate Palmolive. Pañuelitos Pampers para nalga de bebé refrescan las acaloradas mejillas de los combatientes, a quienes Burger King entrega una revista deportiva. El grueso del dinero cae sobre las empresas que suministran armas, muchas de ellas vinculadas a la familia ampliada del gobierno de Jorge Bush II. Conocedores del Pentágono calculan en 30 mil millones de dólares los contratos obtenidos sólo en este año. En esta danza de los billones no faltan las empresas de mercenarios y asesores con jugosos contratos, que ganarán más aún en el gobierno norteamericano para la "liberación" de Irak. Un golpe importante darán las empresas reconstructoras, que ya tienen en la vanguardia a la Kellogg, Brown & Root, subsidiaria de la Halliburton, cuyo jefe hasta fines del 2001 fue el vicepresidente Dick Cheney; empresa que lucró ya en los Balcanes y que construyó las jaulas para los supuestos terroristas de Al Qaeda en Guantánamo. Esta lista de oportunidades comerciales se completa con las ventas de petróleo iraquí atadas a la ayuda alimentaría para el pueblo iraquí y más aún con el control de ese petróleo, cuya explotación servirá para determinar el valor del crudo en el mercado mundial, así como también para la reconstrucción de lo que han destruido los invasores y para pagar la guerra misma, como ya sucedió en la primera incursión en el Golfo, comandada por Jorge Bush I. Sobre la cimentación movediza de la postguerra, que ya anuncia nuevas prácticas coloniales, no hay solidez como para anticipar todas las consecuencias en la economía global, amenazada seriamente por una recesión. Mientras el mundo esté atormentado por la Doctrina del Ataque Preventivo de Bush, sobrarán riesgos para la economía. Podemos repetir, entonces, lo que dijo Keynes hace casi 84 años: "La propia oscuridad del porvenir nos hace dudar de su exactitud; nuestra imaginación está más bien embotada que estimulada por una narración demasiado sombría, y nuestro espíritu se aparta de lo que tiene por 'demasiado malo para ser cierto'". |
|||