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| 8 de abril del 2003 |
diplomáticas con el gobierno de EEUU
Al Sur del Sur. España, abril del 2003.
La guerra de agresión que se está desarrollando en territorio de Irak configura, indudablemente, la comisión de crímenes de lesa humanidad, conforme a la ley penal internacional (Estatuto de Roma de creación del Tribunal Penal Internacional).-
Más allá del desconocimiento del Gobierno de EEUU respecto de la validez y efectividad del derecho penal internacional, es innegable que el TPI ya debería estar concernido por el juzgamiento y sanción de los crímenes derivados de la guerra de agresión que desarrolla el Gobierno de EEUU. Nada justifica esperas ni demoras. La conciencia jurídica universal no puede quedar supeditada a la voluntad de un matón armado.
Al igual que sucediera en nuestro país, en algún momento los que diseñaron, implantaron y ejecutaron el terrorismo de Estado, fueron y son llevados ante el estrado judicial a responder, personal y patrimonialmente, por los crímenes cometidos. No importa el tiempo y los esfuerzos que la ejecución de esta tarea demanden; los tiempos sociales -bien lo sabemos- no se acompasan con los tiempos biológicos. Recordemos que se necesitaron quince años para obtener un pronunciamiento judicial de nulificación de las leyes atroces y aberrantes del "punto final" y la "obediencia debida". Ahora bien, en tanto se ponga en ejecución el mecanismo del TPI para juzgar estos crímenes como lo que son, y sancionar a sus responsables como lo que también son, es menester impulsar otras iniciativas que posibiliten efectivizar el planteo jurisdiccional. Entre esas iniciativas, y que corresponde sumar a las múltiples manifestaciones de repudio a la guerra de agresión y el reclamo por la paz que protagonizan los pueblos, debe examinarse la procedencia y la importancia de la ruptura de relaciones con el regimen de EEUU. En cuanto a la procedencia, basta afirmar que no se comparten espacios con criminales genocidas; que no podemos reconocer como nuestros iguales a quienes han desatado esta matanza inhumana. Queremos establecer diferencias, distingos, en resguardo, precisamente, de la condición humana. La importancia de la ruptura de relaciones es enorme. No se trata de una forma calificada de repudio; se trata, específicamente, de la privación de validez del gobierno de EEUU que pueden efectivizar los otros estados. Una norma general del derecho internacional, de particular relevancia en lo que atañe a la validez de un orden jurídico, es la que se nomina como "principio de reconocimiento". Al operar cambios en el orden jurídico, y muy particularmente cuando esos cambios no se encuentran legitimados por el ordenamiento en que se producen, cada estado tiene el deber de pronunciarse frente a estos cambios no previstos ni queridos por el ordenamiento vigente, reconociendo o desconociendo el cambio de rumbo. El principio de reconocimiento debe aplicarse cuando se producen golpes de estado, pero también debe operar cuando desde la legitimidad formal de origen de un gobierno se producen conductas que violentan el orden jurídico positivo -en este caso, el orden jurídico internacional-, tornando sustancialmente ilegítimo a ese gobierno. No basta, por tanto, con afirmar la neutralidad o un compromiso retórico con la paz. Cuando el orden ha sido demudado, es menester un conjunto de iniciativas para restablecer el principio del imperio de la norma de derecho en la resolución de los conflictos. Y entre esas iniciativas institucionales de mayor significación, destaca -y por ello la proponemos- la ruptura de las relaciones; privar de reconocimiento como estado al actual gobierno de los EEUU. Puede que el actual gobierno argentino sea remiso, por su confesa dependencia, en asumir una iniciativa de esta envergadura. Por tanto, debemos hacer prevalecer que el ejercicio de estos derechos es de titularidad de los pueblos, y que nuestro pueblo, en forma abrumadoramente mayoritaria, ha condenado a la guerra y a los autores responsables del acto de agresión. Comencemos, por tanto, por desconocerle nosotros legitimidad al gobierno de EEUU y proponer que esta iniciativa se propague a los pueblos de los distintos continentes, a partir de los pueblos latinoamericanos, que son nuestro compromiso primero. |
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