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| 5 de abril del 2003 |
La Insignia. Bélgica, abril del 2003.
A medida que se acercan los momentos militares decisivos de la invasión angloamericana en Irak, las maniobras diplomáticas se intensifican y más de una sorpresa nos espera a los partidarios del gran movimiento mundial por la paz. Para construir un mundo multipolar, se necesita un sólido frente de países dispuestos a enfrentar el desafío imperial estadounidense que aspira a un siglo XXI bajo su sola hegemonía. Las recientes declaraciones de algunos dirigentes políticos europeos dejan traslucir que los partidarios de un orden mundial multipolar no son en verdad muchos y que más de uno está esperando que las aguas se calmen para reconstruir "un consenso mundial" que, supuestamente, la agresión a Irak habría perturbado.
El argumento "realista" o "cínico" de esta posición, constata fríamente que los Estados Unidos van a dominar el sistema internacional en las próximas décadas y que conviene adecuarse lo mejor posible a esta realidad tratando sacar el mejor provecho posible para el futuro económico del respectivo país. No aparecer en la primera fila de la confrontación a la política imperial de los Estados Unidos, guardar un perfil bajo y hacer declaraciones de principios, es la conducta prudente que han adoptado varios gobiernos del denominado campo pacifista. Existían, por ejemplo, mecanismos legales al interior del sistema de Naciones Unidad para declarar la ilegalidad de la agresión a Irak y solicitar el fin de las hostilidades, sea en el Consejo de Seguridad o en una Asamblea Extraordinaria de la ONU; sin embargo las amenazas del embajador estadounidense en la ONU, John Negroponte, de la inutilidad de dichas reuniones, han impedido su concretización hasta la fecha. Algunos gobiernos han llamado la atención a sus representantes en la ONU para que modifiquen su lenguaje y precisen que su país no "condena" la agresión a Irak, sino que "lamenta" el desencadenamiento de la guerra y "espera" un pronto final del conflicto. Con una gran dosis de cinismo, se discute sobre el futuro de la reconstrucción de Irak, mientras continua la brutal agresión militar y las victimas civiles no dejan de aumentar, sin que se manifieste ninguna voluntad de detener esta sanguinaria masacre. La visita a Bruselas del Secretario de Estado Colin Powell ha puesto de manifiesto las ambigüedades de algunas posiciones pacifistas. Dos días antes de la llegada de Powell, el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, declaraba que su país "aboga por una victoria de la democracia en Irak" e instaba al movimiento pacifista en Francia a "no equivocarse de enemigo", condenando severamente los sentimientos anti-estadounidenses de un sector de la población francesa. Los países europeos críticos a la guerra contra Irak, esperan convencer a un sector del gobierno Bush, de la necesidad de una cooperación mutua para abordar la reconstrucción de Irak y la distribución de la ayuda humanitaria bajo la dirección de las Naciones Unidas. Al mismo momento que Colin Powell discutía en Bruselas con los dirigentes europeos de los posibles escenarios en Irak luego de finalizado el conflicto, en Washington la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, votaba una moción excluyendo a Alemania, Francia, Rusia y Siria, de cualquier participación en la reconstrucción de Irak. El mensaje no podía ser más claro, el futuro Irak "democrático", será un protectorado exclusivo de los Estados Unidos. El gobierno Bush acentúa su diplomacia agresiva y unipolar muy consciente de la debilidad del campo contrario. Un elemento importante de este juego diplomático es la ausencia de una verdadera solidaridad entre las potencias medianas cuando se trata de enfrentar a los Estados Unidos. Las declaraciones de Raffarin buscan sacar a Francia de la línea de mira de Washington, que ha centrado sus críticas sobre Paris como el único responsable de su fracaso en el Consejo de Seguridad. Francia y sus socios europeos, Alemania y Bélgica, son minoritarios en el seno de una Unión Europea paralizada por sus conflictos internos. China, que hizo declaraciones muy críticas a la intervención militar, ha guardado muy hábilmente un perfil bajo y por ello no aparece en la lista de países excluidos de Irak por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Al parecer Pekín habría recibido claros mensajes que sus abastecimientos petroleros provenientes de la región no se verían afectados. Rusia ha adoptado posiciones contradictorias, desgarrada entre los sectores económicos que impulsan una alianza con los Estados Unidos y los que añoran el pasado imperial de la Unión Soviética. Sin embargo, era evidentemente claro que no iba a intervenir militarmente para salvar al régimen de Sadam Husein. El escenario mundial de la post-guerra en Irak se presenta bastante sombrío. Vista la arrogancia brutal de la maquinaria de guerra de los Estados Unidos, los partidarios de un mundo multipolar no serán muy numerosos cuando se trate de aparecer en la primera fila del conflicto. No hay que hacerse muchas ilusiones al respecto y estar atentos a la duplicidad de las posiciones diplomáticas. El movimiento mundial por la paz se ha convertido en un actor ciudadano internacional de primer orden. Pero nuestro combate contra la hegemonía imperial estadounidense, por un orden mundial justo basado en el derecho internacional, se anuncia como una lucha prolongada. |
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