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| 4 de abril del 2003 |
Divide y vencerás
La Insignia. México, abril del 2003.
Cuando tuvieron lugar los atentados contra las ciudades de Nueva York, Washington D. C. y Pensilvania en el fatídico 11 de septiembre del 2001, la solidaridad que la comunidad internacional mostró hacia Estados Unidos fue contundente. Inclusive, países considerados como "enemigos" y rivales estratégicos de Washington se apresuraron a presentar sus condolencias ante los sucedido. Fidel Castro fue de los primeros líderes mundiales en deplorar los atentados, expresando su solidaridad con el pueblo estadunidense ante los terribles acontecimientos.
En contraste, la condena de diversas naciones al inicio de las hostilidades por parte de la coalición que encabeza Estados Unidos contra Irak, ha sido la nota. Aparentemente, ese consenso hacia EEUU que despertaron los sucesos del 11 de septiembre del 2001 se diluyó en la medida en que Washington no fue capaz de establecer objetivos "comunes" aceptados por la comunidad internacional a la hora de hacerle la guerra a Irak, puesto que se habló tanto del desarme del país árabe, como del cambio de régimen -deponiendo, se entiende, a Sadam Husein- como justificantes para la cruzada belicista. En los hechos, parece más importante como explicación a este conflicto, un tema no explicitado: el petróleo de Irak, manzana de la discordia entre Estados Unidos y algunos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con intereses económicos en el atribulado país árabe (como Francia y Rusia). Así, todo parecería indicar que Estados Unidos ha debilitado su base de apoyo en el mundo. De los 191 miembros de las Naciones Unidas, sólo 46 -esto es, un poco más del 25 por ciento-, según datos del propio gobierno estadounidense, apoyan a Washington -a saber, Afganistán, Albania, Australia, Azerbaiyán, Bulgaria, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Dinamarca, El Salvador, Eritrea, Eslovaquia, España, Estonia, Etiopía, Filipinas, Georgia, Gran Bretaña, Honduras, Hungría, Islandia, Islas Salomón, Italia, Japón, Kuwait, Letonia, Lituania, Macedonia, Islas Marshall, Micronesia, Mongolia, Holanda, Nicaragua, Palau, Panamá, Polonia, Portugal, República Checa, República Dominicana, Rumania, Ruanda, Singapur, Turquía, Uganda, Uzbekistán y -obviamente- el propio Estados Unidos. Angola, que en el inicio del conflicto mostró su solidaridad con Washington, se retractó posteriormente . De la lista anteriormente referida se desprenden dos reflexiones. La primera es que hay un respaldo importante de parte de los países de Europa Oriental y el Báltico a Estados Unidos. La segunda es que sólo siete países latinoamericanos apoyan abiertamente a Washington. Ambos temas son relevantes, a juzgar por las implicaciones que tienen para las relaciones internacionales. Piénsese en el espaldarazo de las naciones de Europa Oriental a EEUU. En momentos en que muchas de ellas gestionan su ingreso en la Unión Europa -bastante dividida, por cierto, en torno al conflicto- vale la pena ponderar los costos políticos que para la integración europea tendrá esta fragmentación. Así como Estados Unidos ha iniciado un boicot contra los productos franceses, incluso cambiando ridículamente el nombre de french fries por freedom fries -denominación que, por cierto, sólo le prodigan estadounidenses y mexicanos-, es razonable suponer que la dupla Francia-Alemania sancione de alguna manera a los países de Europa Oriental que han osado cerrar filas en torno a Washington. Una forma de sancionarlos podría ser demorando la aprobación para su ingreso a la Europa comunitaria, lo que a su vez, retardaría el proceso de consolidación de la ampliación y por ende, de la integración europea. Como es sabido, es del interés de Estados Unidos que la integración europea sea postergada y todo parece indicar que la coyuntura imperante actúa en esa dirección. En el caso de América Latina, como se observa en el cuadro anexo, hay una polarización notable. Siete países apoyan abiertamente a Washington, mientras que otros siete condenan las hostilidades contra Irak. Hay otros países que tienen posturas "tímidas" e "indecisas". En los hechos, Estados Unidos, al igual que en el caso de Europa, ha logrado dividir a las naciones latinoamericanas, debilitando así, la necesaria concertación política que permitiría, por ejemplo, hacer propuestas encaminadas a generar consensos más amplios desde una postura sólida del llamado Grupo Latinoamericano y del Caribe (GRULAC).
Lo anterior corrobora que si bien es cierto que subsiste una condena moral de parte de la comunidad internacional hacia Estados Unidos, en los hechos se ha producido una importante polarización que fragmenta dicha condena moral en el planeta. Y ello, paradójicamente, opera a favor de Washington, quien ha logrado a través de la guerra contra Irak, fracturar, al menos por ahora, a la integración europea y a la concertación latinoamericana. Así, la consigna de "divide y vencerás" descrita, deriva en una victoria política para Washington y en una derrota, igualmente política para la comunidad internacional.
(1) Profesora e investigadora del Centro en Estudios en Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Autora de La economía política de la seguridad internacional: sanciones, zanahorias y garrotes (México, UNAM-Sistema Económico Latinoamericano, 2003, 316 pp). |
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