Portada Directorio Buscador Álbum Redacción Correo
La insignia
1 de abril del 2003


Irak y los fundamentalismos de mi pequeño país


__Especial__
EEUU en guerra
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, abril del 2003.



En mi país no existe una tradición de diálogo ni de debate de ideas. En consecuencia, los problemas se resuelven a balazos, previos insultos, calumnias y amenazas. Es una sociedad polarizada en la que la "filosofía" de todos los sectores de poder es la de "estás conmigo o estás contra mí". De modo que si uno se posiciona contra la minoría republicana ultraderechista que por tener intereses en la industria bélica y energética ha lanzado una guerra contra Irak, de inmediato el fascismo local lo tacha a uno de "antiamericano". Si uno dice que simpatiza con el Partido Demócrata y otras fuerzas estadounidenses como la de Ralph Nader, y con las multitudes que protestan contra la guerra, la ahora derechizada izquierda oficial se apresura a acusarlo a uno de "pro gringo".

Si uno afirma que Sharon y Arafat usan métodos terroristas y que tanto israelíes como palestinos tienen derecho a un Estado soberano, muchos árabes residentes en el país lo tildan a uno de estar alineado con el sionismo, y otros tantos judíos locales le estampan a uno el sambenito de antisemita. Si uno dice que tanto Sadam como Ben Laden son criminales, los árabes lo acusan a uno de ser parte de la cruzada cristiana contra el Islam, y si uno dice que la guerra contra Irak no se justifica porque no se ha demostrado el vínculo de Sadam con Al Quaeda ni han apararecido las famosas armas de destrucción masiva, y que sólo está radicalizando a los árabes moderados contra Estados Unidos, los cristianos fundamentalistas que apoyan a Bush lo acusan a uno de ser extremista islámico.

Si uno critica a la élite neoliberal local por ser fanáticamente privatizadora y antiestatalista, sus perros de presa brincan para endilgarle a uno la calidad de pobre resentido social que según ellos nunca ha podido acceder a las prerrogativas del consumismo y mucho menos al privilegio de pagar planillas y ser un glorificado demiurgo generador de empleo, riqueza, bienestar, justicia y paz. Si uno critica a la cúpula de la izquierda oficial y dice que pactó con la cúpula militar y traicionó a su militancia, la izquierda oficial lo tacha a uno de intelectual orgánico del Ejército. Y si uno dice que el Ejército es genocida porque masacró indígenas en su guerra contrainsurgente, los militares afirman que uno es un vulgar guerrillero izquierdista que trabaja para "el oro de Moscú", aunque ese oro ya esté fundido con el de Wall Street.

Finalmente, si uno critica el fundamentalismo de algunos "mayas" esencialistas y a sus azuzadores gringos, criollos y ladinos culposos, uno es un ladino racista. Y si uno dice que hay ladinos racistas, uno es un indigenófilo comunistoide.

En suma, si no se es incondicional de algún grupo de poder, uno está frito en este país porque se la pasa recibiendo mensajes de odio por el correo electrónico, amenazas, allanamientos a su casa, intimidaciones y calumnias, y las asociaciones y cámaras de periodistas no mueven un dedo aunque uno tenga once años de ser columnista, ni los grupos de derechos humanos se interesan por la vida de uno pues responden a intereses específicos como los enumerados arriba, y si uno no está alineado con alguno de ellos, pues simplemente uno no existe ni puede aspirar a recibir el respeto y el trato digno de una persona libre y autónoma.

En conclusión, yo soy al mismo tiempo y según convenga al grupo de que se trate, "antiamericano" y "pro gringo", indigenófilo y ladino racista, comunista e intelectual orgánico del Ejército, sionista y antisemita. Usted, amigo lector, escoja el epíteto que más le guste para endilgármelo. Yo, por mi parte, me veo como un intelectual crítico cuya mérito (si alguno) no estriba en ser superior a nadie, sino simplemente en haberse atrevido a pensar por sí mismo, sin muletas políticas, religiosas ni étnicas, y a escribir en este espacio algo de lo que su cerebro es capaz de concebir, entre lo que incluyo la convicción de que Ben Laden, Sadam y Arafat, por un lado, y Sharon, Bush y Blair, por el otro, son la misma cosa: dos caras del fundamentalismo religioso que quiere la dominación mundial. También, que la cúpula de la izquierda oficial y la del Ejército de Guatemala son igualmente lo mismo: dos caras de la medalla del militarismo oportunista y genocida. Y que el racismo ladino y el fundamentalismo "maya" son asimismo idéntica cosa: dos caras de la medalla del odio y la intolerancia etnocentristas.

Por posicionarme contra los fundamentalismos y no estar financiado por nadie, recibo insultos, intimidaciones y amenazas de muerte. Y, como corresponde a la situación, estoy solo.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad Ciencia y tecnología | Diálogos | Especiales | Álbum | Cartas | Directorio | Redacción