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| 26 de abril del 2003 |
Libertad Hernández
Argentina es hoy día un país de 35 millones de habitantes de los cuales 21 millones son pobres. El desempleo afecta al 22 por ciento de la población laboral, el aparato productivo está prácticamente desmantelado, la economía permanece estancada desde hace cuatro años y la deuda externa resulta impagable. El gasto social es menos que una quimera y de eso dan cuenta con toda crudeza los miles de niños que padecen desnutrición severa y los que mueren en hospitales que operan en la precariedad. El estallido social que provocó la caída de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001 se ha ido transformando en expresiones organizadas de resistencia civil, como los grupos de "piqueteros", desempleados y jubilados que exigen solución a sus demandas, o los obreros organizados para recuperar las fábricas en quiebra y hacerlas producir. Pero ante la parálisis del gobierno provisional, encabezado por Eduardo Duhalde, que ocasionalmente ha resp! ondido con represión a los movimientos ciudadanos, se están encendiendo de nuevo los focos rojos de estallidos sociales.
Ésta será la herencia para el próximo presidente de Argentina, que asumirá el poder el 25 de mayo, si todo se desarrolla de acuerdo con el calendario electoral. En estas condiciones, la silla presidencial no parece el objeto más codiciado, sin embargo hay una veintena de aspirantes registrados en las boletas de votación, de los cuales cinco parecen estar en la carrera decisiva. La mayoría vienen de la misma clase política que llevó a la ruina al país y de alguna manera están implicados en las telarañas de corrupción que invadió todas las esferas del poder. El mejor botón de muestra es Carlos Menem, quien durante 2001 estuvo en arrestado por un caso de tráfico de armas, acusado de haber sido el jefe de la asociación creada para cometer ese delito, y fue liberado y eximido de cargos gracias a una turbia resolución de la Suprema Corte de Justicia. Es, para la mayoría de los argentinos, el emblema de la mafia gobernante, el causante de las desgracias que hoy sufre el país, pero Menem está convencido de que es la única opción viable para Argentina. La única mujer en la contienda es Elisa Carrió, ex diputada, quien asume su aspiración como un deber materno: alguien tiene que hacerse responsable del país "como de los hijos no deseados". En 2001, cuando estallaron los escándalos de la tremenda corrupción fraguada durante los diez años del gobierno de Carlos Menem (1989-1999), Carrió ganó simpatía entre la población por sus investigaciones y denuncias sobre el lavado de dinero en el que estuvieron implicados banqueros y funcionarios. Desertó de las filas del entonces presidente Fernando de la Rúa y denunció las prebendas de las que gozaban los legisladores oficialistas y de oposición. Alentada por el respaldo ciudadano a su actitud, fundó su propio partido, Argentina por una República de Iguales (ARI). Carrió propone un programa más bien de centroizquierda en caso de acceder al máximo cargo público, pero al igual que los demás contendientes, no presentó propuestas de gobierno en su campaña, sino sólo vagas consignas. Para ella la salida a la crisis pasa obligadamente por una política social que reactive el gasto público. En la misma línea está Néstor Kirchner, el candidato impulsado por Duhalde. "Sabe cómo hacer un país serio", es el lema de su campaña. Asegura que será un continuador de la política económica del actual presidente, lo cual se traduce en que seguirá negociando con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo para aplazar los pagos de la deuda, actividad a la que se dedicó Duhalde. No puso en marcha ningún plan de gasto social, por el contrario, hizo recortes en las provincias. Las condiciones impuestas por los acreedores no le daban para más. Pero este candidato tiene también medallas en el pecho. Kirchner ha sido gobernador de Santa Cruz, en la Patagonia, desde 1991, y en la política local se le conoce como un aliado de Menem en las privatizaciones de energéticos realizadas en la década de los noventa. La venta de las empresas estatales durante ese período se reveló como una veta de corrupción explotada por el grupo e! n el poder. Al final de cuentas, los argentinos se quedaron sin patrimonio y sin los recursos de esas privatizaciones. Otro candidato al que también le cuelgan milagritos es Adolfo Rodríguez Saá, éfimero presidente en la crisis de diciembre de 2001. Estuvo menos de una semana en el poder, no logró el apoyo de su grupo político para sostenerse y quiere regresar a la Casa Rosada. Los acreedores de Argentina no tienen buenos recuerdos de él, pues fue quien ordenó la cesación de pagos de la deuda, su único acto de gobierno. Rodríguez Saá fue gobernador de la provincia de San Luis durante casi veinte años, pero su familia ha ejercido el poder en esa región del país durante poco más de siglo y medio. Un reporte de la BBC asegura que Alberto Rodríguez Saá, hermano del candidato, es considerado en San Luis como un poder en la sombra que ha fraguado corruptelas que le han permitido a la familia seguir ejerciendo el poder en la provincia. Del lado de los candidatos que proponen más reformas económicas para sacar a Argentina de la crisis están Ricardo López Murphy, ex ministro de Economía, y Menem. López Murphy se desempeñó en la cartera de Economía apenas por diez días, en febrero de 2001. Propuso un plan de ajustes fiscales, conocido como "paquetazo", que tuvo un fuerte rechazo político y social. Proponía alza de impuestos, recorte de gastos y de salarios, medidas que en su momento no se pusieron en marcha, pero meses después el tristemente célebre Domingo Cavallo, se encargó de hacerlo. Esas fueron las chispas del estallido social conocido como "argentinazo". En su momento, López Murphy no tuvo éxito para reactivar la economía, pero ahora está convencido de que como presidente sí podrá. "Algo debemos tener nosotros para que Menem exista. El egoísmo que Menem potenció, la tolerancia a la corrupción que instauró durante diez años, tienen que ver con los argentinos. No es como si los argentinos fuéramos un grupo de personas honestas y honradas y trabajadoras que de golpe fuimos sojuzgadas por un corrupto; no es así". Estas s! on palabras de Jorge Lanata, periodista argentino, titular de programas de radio y televisión y siempre incómodo por sus agudas críticas. Así explica la presencia del ex presidente en la contienda y su lugar en los primeros lugares de las encuestas electorales. Como si nada hubiera pasado con las políticas económicas que ejecutó, Carlos Menem las reedita y no tiene empacho en proponer para su tercer mandato bajar el gasto público y reinstaurar la paridad peso-dólar que creo un tipo de cambio ficticio y que llevó a la ruina financiera al país. No habla de privatizaciones porque ya no hay nada qué vender. Propone también que reforzará "la alianza estratégica con Estados Unidos". No por nada proliferan en Buenos Aires los carteles que dicen, "Menem al gobierno, Bush al poder". Uno de los temas recurrentes en su campaña fue el de sacar al ejército a las calles como medida de seguridad: "les guste o no, la participación de las Fuerzas Armadas donde sea necesario". En esos términos, no se sabe si quiere combatir la delincuencia o reprimir las protestas. No toma en cuenta, ni por asomo, el pasado militar del país y las miles de vidas que costó el regresar a las tropas a los cuarteles. Un sexto candidato, el único que representa institucionalmente a un partido, Leopoldo Moreau, de la Unión Cívica Radical, tiene pocas posibilidades de triunfo, pero en el cierre de su campaña dijo una frase con la que muchos coinciden: "Menem y López Murphy juegan en el mismo equipo, llevan la camiseta de Bush y la de la especulación financiera". Y son los dos candidatos que encabezan las encuestas. No obstante, el campeón en los sondeos es el abstencionismo y eso se puede traducir en poca legitimidad para el que resulte electo. |
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