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| 25 de abril del 2003 |
ningún candidato convence a los votantes
Ramiro Flores
La agobiada ciudadanía de Argentina está citada a acudir el próximo domingo a las urnas para elegir presidente. El retraso de las soluciones para la grave crisis política y económica que aqueja al país tiene en la lona a los supuestos votantes, a quienes ningún candidato les despierta especial simpatía. Estas serán las primeras elecciones después de la caída del ex presidente Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001, del breve mandato de Adolfo Rodríguez Saá (tres días) y de la designación de Eduardo Duhalde como presidente interino. El Partido Justicialista (o peronista) acude a la contienda dividido en tres candidaturas: el ex presidente Carlos Menem, al frente de la facción Frente por la Lealtad; el gobernador de la sureña provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, por el Frente para la Victoria patrocinado por Duhalde, y el propio Rodríguez Saá por el Movimiento Nacional y Popular.
Completan el panorama el economista Ricardo López Murphy, ministro de Economía y de Defensa bajo el mandato de De la Rúa y aspirante por el partido Recrear para el Crecimiento (de centroderecha), y la diputada Elsa Carrió, de la agrupación Alternativa para una República de Iguales (de centroizquierda), dos políticos que surgieron de las filas del partido Unión Cívica Radical pero que ahora compiten con sus propias agrupaciones. Los otros 14 contendientes no tienen absolutamente ninguna posibilidad de llegar al poder y tampoco le restarán sufragios a los cinco favoritos: tan sólo obtendrán votaciones simbólicas, dicen los analistas. A la par de estas opciones electorales está el movimiento civil que surgió en medio de la crisis financiera en 2001 y de los escándalos de corrupción en el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo. El movimiento se opone a lo que llaman "juego electoral" y llaman a la renovación constitucional de todos los poderes enarbolando el lema ¡que se vayan todos!". Los últimos sondeos antes de la elección revelan que ninguno de los contendientes tiene más del 20 por ciento de las preferencias electorales, por lo que es casi seguro que la contienda se decidirá en segunda vuelta electoral, en mayo entrante. Será la primera vez en la historia que haya segunda ronda en Argentina. Según la Constitución, el eventual ganador de los comicios deberá obtener más del 45 por ciento de los sufragios o, en su defecto, entre el 40 y 45 por ciento de los votos con más de 10 puntos porcentuales sobre su más cercano adversario. Menem -que propone bajar el gasto público, fuertes medidas de seguridad "incluyendo, les guste o no, la participación de las Fuerzas Armadas donde sea necesario", reforzar la "alianza estratégica" con Estados Unidos y reinstaurar la paridad del peso con el dólar- pretende gobernar por tercera vez y junto con Kirchner, el candidato de Duhalde, encabezan las encuestas. Les siguen Rodríguez Saá y López Murphy ("Vamos a hacer lo posible para demostrar que el estado de derechos tiene el poder de no ser eliminado por patotas"), éste último ha repuntado considerablemente en los últimos días. Carrió ("La transparencia, la coherencia en la pelea por las mismas convicciones a lo largo de toda la vida, es lo que me diferencia") se sitúa en el quinto lugar, no muy lejos de los demás, por lo que no se descarta que dé una sorpresa. De hecho, esta cerrada carrera por la presidencia podría determinar que en esta ocasión no haya esa masiva presencia de votos en blanco o "voto bronca", que afectó las elecciones legislativas de octubre de 2001, cuando unos 4 millones de ciudadanos emitieron sufragios nulos y otros dos millones no acudieron a las urnas para mostrar su desaprobación a toda la clase política del país bajo la consigna "que se vayan todos". Estas elecciones han logrado algo que se antojaba imposible: poner de acuerdo a todos los analistas políticos de Argentina. El primer punto de consenso es que sólo los "cinco grandes" tienen posibilidades de triunfar, ya que ellos acapararán más del 80 por ciento de los votos; el restante 20 por ciento se repartirá entre 14 candidaturas. Esta circunstancia nos lleva al segundo punto de acuerdo: el aumento de la participación ciudadana en estos comicios, en contraste con la debacle electoral de hace dos años. Hay varios factores que explican el nuevo panorama. Por un lado, la cerrada carrera por la Presidencia y la casi certeza de una segunda vuelta le han inyectado un elemento de interés a unas elecciones que hace un mes no llamaban la atención de nadie. Ahora, tan sólo un puñado de votos pueden decidir los comicios. Por otra parte, el mayor número de candidatos atrae a muchos votantes que antes decidían no acudir a las urnas debido a la falta de propuestas y alternativas. Además, las elecciones presidenciales son más interesantes a los ojos del elector que los comicios legislativos, por lo que el ciudadano de a pie está más tentado a respetar la obligatoriedad del voto. Y la incógnita sobre quienes serán los dos contendientes que pasen a la segunda vuelta también juega a favor de un aumento de la participación ciudadana. Estos factores también influyen en otra coincidencia entre los expertos: la reducción del porcentaje de votos en blanco, que se calcula entre un 10 y un 15 por ciento. Dado el hecho de unos cuantos sufragios pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado, muchos votantes sienten que ahora su voz tiene verdadera fuerza y utilidad y en ese contexto, un voto "bronca" pierde su razón de ser. Así, los analistas esperan un crecimiento del voto "útil" aunque sostienen que la participación ciudadana será inferior a la de las elecciones presidenciales de 1999, cuando Menem fue derrotado por De la Rúa. "El voto negativo bajaría un 10 por ciento con respecto al 2001. El espíritu del voto blanco cedió. La gente se muestra más interesada porque se amplió la oferta electoral para presidente", consideró el encuestador Artemio López, consultado por el diario Clarín. El virtual empate entre los candidatos deja entrever una fragmentación del voto, algo inusual en un país donde la Presidencia se ha repartido entre dos partidos, la Unión Cívica Radical y el Justicialista, desde 1946, con la excepción del periodo de dictadura militar. Para los expertos, esta división del sufragio es un reflejo de la crisis política que afecta a Argentina y de la falta de credibilidad de los partidos. "Hay que remarcar que el electorado está muy confundido y escéptico respecto de los cambios que vayan a producirse en el país con el cambio de autoridades, y por eso pondrá en juego el mecanismo del descarte y votará, pero no por convicción, sino por el menos malo", opinó Graciela Römer, también consultada por Clarín. Los analistas también consideran que un alto abstencionismo puede ser la marca de esta contienda, lo cual pondría en duda la legitimidad del nuevo gobierno y lo obligaría a hacer negociaciones para lograr consensos. El domingo próximo los argentinos vivirán el primer episodio de una pelea pactada de antemano a dos asaltos. |
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