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La insignia
24 de abril del 2003


Borges, Rawls y nuestro futuro presidente


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Silvia Carnero (*)
La Insignia. Argentina, abril del 2003.


En La lotería en Babilonia, cuento perteneciente al libro "El jardín de los senderos" (1941), Borges narra la historia de una civilización sometida periódicamente a un inédito sorteo que permitía determinar qué funciones debían cumplir los individuos en la sociedad, durante los siguientes sesenta días.

En la historia, el azar organiza sus vidas; dispone quién deberá asumir el rol de esclavo, por ejemplo, o de asesino confeso, en cuyo caso particular su destino final sería su condena a muerte. Al cabo de los dos meses, se realizaba un nuevo sorteo y la reasignación de funciones volvía a cobrar vida.

En este fantástico relato borgeano se puede analizar la naturaleza de la Justicia. El sistema babilónico puede ser abordado, específicamente, desde la teoría de John Rawls y su modelo procesal de justicia.

En su obra "A Theory of Justice" (1971), Rawls propone la hipótesis de que en una situación previa a la conformación de la sociedad, a la que denominó posición original, los individuos decidirían, de forma consensuada, el tipo de sociedad en la que querrían vivir.

En este contexto, además, expone una serie de supuestos con los que caracterizaría a estos individuos, como su mutua indiferencia: entre ellos no existen relaciones de amistad u hostilidad, ni tampoco envidia. No experimentan tales sentimientos pues los acuerdos pactados sobre su sociedad no sólo los hace sentir satisfechos, sino que también les impide generar sensaciones de privación relativa, precondición necesaria para el surgimiento de la rivalidad.

La sociedad elegida a través de este tipo de acuerdo es definida por Rawls como una sociedad justa. Aunque los individuos que conviven en ella lo hagan detrás de un "velo de ignorancia", que no les permite conocer a ciencia cierta, sus propios talentos, ideales o el lugar que ocuparán en la sociedad futura.

Llegado a este punto, la pregunta fundamental sería, entonces, ¿qué tipo de sociedad se inclinarían a elegir los individuos, si realmente tuvieran la posibilidad de optar?

Rawls es en este sentido categórico y afirma que los hombres, lógicamente, se decidirían por un tipo de sociedad donde se les asegure un máximo del mínimo de bienestar social y donde, además, las libertades y las oportunidades o desigualdades económicas estuvieran igualmente distribuidas .

De esta forma Rawls, y a través de su teoría procesal de la justicia, propone la nivelación de las diferencias naturales. Ya que asegura que puede inferirse, de la puesta en práctica de estos principios de justicia, resultados que necesariamente serán buenos y justos, aunque no se puedan predecir con antelación cuales serán los rasgos de esa sociedad justa.

La sociedad ficticia creada por Borges está fundamentada en el azar, en la lotería, y la mayoría de las personas no podrían considerar a este tipo de sociedad como justa o buena, o pensarla como posible alternativa. Sobre todo teniendo en cuenta que, en general, los seres humanos aspiran a una justicia que les asegure orden, sistematización, resguardo y protección a través del cumplimiento del principio de igualdad.

Los argentinos no somos la excepción a la regla; aspiramos a ese tipo de justicia que nos resguarde, no podemos seguir siendo cómplices de una justicia ciega, ansiamos que los principios de la Constitución se cumplan, necesitamos tener un país ordenado sobre la base de la igualdad. Por todo ello, me pregunto: ¿qué candidato nos depararán las elecciones del próximo domingo? ¿Habrá segunda vuelta? Lo cierto es que sea quien sea el flamante presidente y sentado ya en el "sillón de Rivadavia", podría empezar a jugar con todos nosotros a la lotería. Su política de gobierno sería la que sortearía nuestras vidas, asignándonos, como en el cuento de Borges, los roles que cumpliríamos. Y esto ya no sería ficción, ni duraría sesenta días sino cuatro años; sería nuestra realidad.

Los argentinos tenemos ante nosotros, en muy pocos días, la posibilidad de elegir qué es lo que queremos para nuestro futuro. Más que nunca, necesitamos tomar conciencia, arrancarnos de una vez el "velo de la ignorancia" para poder ser radicalmente críticos. Debemos elegir con dignidad para no ser una copia de la Babilonia borgeana. Ojalá prime antes las urnas la más fría de las racionalidades para que no nos aseguremos sólo un máximo del mínimo de bienestar social, sino el cumplimiento de la Constitución misma, porque únicamente así, seremos los artífices de nuestro propio destino en una sociedad realmente justa.


(*) Profesora de filosofía



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