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| 8 de abril del 2003 |
Alejandro Fiorito
Abrir nuestras ventanas, sentir el aire nuevo,
pasar por un camino que huele a madreselvas, beber con un amigo, charlar o bien callarse, sentir que el sentimiento de los otros es nuestro, mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha, ¿no es esto ser feliz pese a la muerte? Vencido y traicionado, ver casi con cinismo que no pueden quitarme nada más y que aún vivo, ¿no es la felicidad que no se vende? -Gabriel Celaya (España, 1911-1991)- Como en una mala telenovela, actores impensados de notoriedad -más allá de sus limites provinciales- van surgiendo y perfilando como candidatos a la presidencia, en medio de una abulia generalizada de la población respecto a las posibilidades de transformar algo de la realidad por esta vía. El primer mundo llegó a la Argentina para quedarse, pero solo retratado en ambientes eleccionarios como el Europeo, donde hace rato está instalada la anomia social. Claro está que son diferentes sus realidades por haber mantenido en su población -y cada vez menos por cierto- un cierto nivel de bienestar dentro del capitalismo, va de suyo que incomparablemente mayor que nuestros imaginativos "veranitos" intra tormentas. Al tiempo que perciben la falta de interés de la sociedad hacia ellos, los "candidatos a políticos" prometen siempre renovados el poder "comer, curarse y educarse", y el relativo bienestar del primer mundo solo accesible por los ojos en algún televisor con cable. No otra cosa marca la consigna inicial de Duhalde en su proyecto transicional: "quiero un país normal"; o los buenos deseos de una de las candidatas, Carrió, "quiero un capitalismo como el de Suecia", o el émulo de Roberto Carlos, el risueño Rodriguez Saa,: "yo quiero tener un millón de puestos de trabajo". Con Menem es distinto, claro está, él ya prometió antes, y ahora en campaña su actividad se basa en "recoger los frutos de su gestión". Podría decirse que en la historia también se promete dos veces, una como comedia y otra como tragedia, recientemente Menen anunció su "segundo salariazo". Y la tragedia está por venir. ¿Existe un quinto candidato? Así es. Faltaba más. Si con Menem no alcanzaba, de pura cepa liberal ortodoxa, y ex ministro de economía de fines de semana- López Murphy, que sabiéndose no poseedor de un discurso atractivo ni de una prosa libertaria, se dedica a posar en traje de baño en las playas de Mar del Plata, con el reconocimiento de las señoras "cultas" de la playa Varese en Mar del Plata. Muestras de su pertinencia como político de la empobrecida Argentina: "voy a trabajar para que cada argentino tenga su propia piscina" (sic). Otra para el arcón de los recuerdos":Nuestro peso es enorme en la población que escucha radios, que lee diarios o que mira por televisión programas políticos; el problema es que para penetrar en el resto de la opinión pública necesitamos recursos financieros que nosotros no tenemos y los otros tienen", dijo en el programa "Momento económico". Es decir que según él, tiene "problemas de comunicación con el grueso de la población "inculta". Pero paradójicamente todos están tan bajos en intención de voto, que cualquier impresentable puede alzarse con el "premio mayor". Pensándolo mejor, ¿es que acaso alguna vez no ganó De la Rúa? Estas elecciones no representan como dicen algunos periodistas, el comienzo del cambio (cualquiera que fuera) del camino trazado en las últimas décadas. Por el contrario, al haber piloteado la "furia incontenible" de la marea humana en el 2002, se trata de la continuación de la "degradación permanente" de la política, de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, y de la misma pobreza a la que se suman algunas generaciones de envilecimiento de la educación y la salud. Se trata del modelo Boliviano (que no bolivariano) aunque por supuesto queda mejor decir modelo "Washington Consensus 2". ¿El fin del bipartidismo? Tres de estos candidatos surgen del PJ, aunque para lo que importa, ninguno tiene un proyecto de reformar al capitalismo por dentro y "hacerlo humano" como diría el general -y menos aún de transformación del momento capitalista argentino-. Mas bien se trata de llegar al ballotage contra Menem, y ya está. La polarización contra Menem parece traer beneficios, según las encuestas, debido al fuerte rechazo en gran parte de la población por este "riojano ilustre". Pero los obstáculos son muchos, las propias incapacidades sumadas a la tendencia del grueso de la población al conservadurismo político, hace que florezcan y se acepten mensajes "duros" (como la promoción de la pena de muerte) de un Luis Patti, Aldo Rico o cualquier epígono facistoide, para gobernar la principal provincia de Argentina. Puede observarse que éste fenómeno se reproduce y amplía, pari passu se extiende la pobreza. Salvando el fenómeno piquetero, organizado y movilizado permanentemente sobre un conjunto desocupado de manera estructural, el grueso de la nueva pobreza genera aliados políticos del status quo. No es la miseria -por supuesto- un fenómeno paradójico, en tanto es entendible que el esfuerzo por sobrevivir en cada "jefe de hogar", disciplina socialmente, desanima individualmente, y en suma, deprime al grueso de los trabajadores al momento de realizar un reclamo laboral; en primer lugar a quienes todavía poseen trabajo, pero se reproduce capilarmente como señal a los que se encuentran desocupados y quieren acceder a un trabajo.
"La mejor década no está atrás sino adelante" Cualquiera sea el candidato que surja elegido, deberá revalidar el acuerdo con el FMI, probablemente para agosto y en todo caso continuar o profundizar el ajuste exigido sempiternamente por el organismo. Pasado el remolino del 2002, se volverá a la carga con los compromisos, (que no desaparecieron) y no importa el candidato, "hará buena letra", "será racional", "tendrá responsabilidad sobre lo que se espera de argentina", etc. Mas allá de consideraciones ideológicas que podrían separar a priori a Menem y Lopez Murphy por un lado "neoliberal" y a Carrió, Kirchner y Rodriguez Saa, por el lado "neo-progresista", "populista" o "productivista", ninguno encarna un proyecto social de cambio, o de otra manera, ninguno tiene bases sociales de donde tomar fuerzas - en el hipotético caso que quisieran- para transformar el modelo de ajuste económico imperante, que es el que se exige a la Argentina para insertarse en la economía mundial. Datos a la vista. Con un 60% de la población pobre por ingresos, la rentabilidad para los negocios en Argentina se vuelven importantes. En punto a las exportaciones, el tipo de cambio favorece la producción de bienes llamados transables, pero dentro de la estructura productiva argentina, no son intensivos en mano de obra, de manera que aunque se produjera un boom de exportaciones, no cambiaría la realidad de pobreza que vive nuestro país. Lo más probable entonces al revés, las exportaciones no generarán un crecimiento del producto que vaya a ser redistribuido a salario, en tanto que además la precariedad laboral sigue creciendo (es decir caída de salario per cápita). Y por supuesto no es que Argentina no vaya a crecer en su nivel del PIB, sino que con una caída que arrastra desde hace cuatro años, todo lo que crezca, no generará los 800.000 puestos de trabajo por año del crecimiento acumulado de la Población Económicamente Activa (PEA). Estimaciones optimistas, calculan que para el 2007 se podría llegar, creciendo el 30% en 4 años al ingreso per capita de 1998. El relato bienintencionado pro Pymes, presente en el libreto de los candidatos, no da cuenta que el crecimiento de dicho sector -que generaría demanda laboral- está subordinado a la Inversión Externa Directa de las multinacionales que se instalen en el país. No hace falta aclarar que durante el 2002 hubo una caída con respecto al año anterior del 37,5% con datos hasta septiembre del mismo año. Pero el "cuentito" de las Pymes, es "apto para todo candidato", pero ninguno de ellos se ha tomado el trabajo de explicar cómo "desde arriba" se va a generar por ejemplo, un mercado de capitales que provea recursos a proyectos pymes, -que por otra parte dependen fundamentalmente de su vínculo como proveedoras de empresas transnacionales. Duhalde apoya a la pareja Kirchner-Scioli, pero él mismo no logró evitar que la pobreza siga aumentando durante su gestión, tornando la situación social cada vez más explosiva, aunque todavía sin llegar al nivel boliviano. La confusión se torna evidente, en tanto un nuevo sustantivo ha penetrado en los medios de difusión y es usado sin límite: la gobernabilidad. De pronto, no se trató más de formar un gobierno, tener un programa, generar apoyos sociales de base etc., sino que todos los candidatos dicen al unísono: "Yo no seré De la Rúa", "Yo no seré Chacho Alvarez", y la manera de decirlo es..."garantizaremos la gobernabilidad"... ¡pero lo van a tener que hacer con a lo sumo con un 20% de intención de voto en primera vuelta! -Mami, tengo hambre. ¿Por qué no puedo comer otra vez la sopa de anoche? -¡Pero nena, ya te dije que es por la falta de gobernabilidad, corno! Se han formado unas parejas... Y entonces a elegir se ha dicho, Carrió-Gutierrez; Kirchner-Scioli, Menem-Romero, Rodríguez Saa-Posse, Lopez-Murphy-Diez ah! ¿Cómo olvidarse? Moreau-Losada . ¡Todo un popourri de opciones!. ¡Ni siquiera han dejado alternativa para el famoso "voto útil"! Por lo visto la única que ha acatado el pedido popular de "que se vayan todos" fue la propia población, que se ha retirado de la "intención de votar". Pero conjuntamente a estas "parejitas" tampoco se irán sus "padrinos de clase", ni por cierto el parasitismo que exudan en sus continuos pedidos de protección, subvenciones etc. En definitiva, el rentismo de antaño de nuestra burguesía, trastocado hogaño en su forma en intereses de sus cuentas en el exterior, y que les permite "seguir en contacto" con la vieja-nueva política, post 2002. No otra cosa son los pedidos de sus organizaciones corporativas, la UIA, respecto a una "mayor flexibilización laboral" o la AEA respecto a la condonación de deudas empresarias luego de la devaluación y pesificación asimétrica, etc. En todo este mapa electoral la izquierda iba a tener la oportunidad de ir realmente unida, aunque no es tan clara la estrategia a seguir por los distintos partidos. Sin duda la pelea hay que darla en todos lados, y por supuesto las elecciones figuran como un momento. Pero habría que tener en cuenta que las consignas unificadas de toda la izquierda y la inmensa mayoría de la población el año pasado se resumían en "que se vayan todos". Si el objetivo no se logró, no se debió a error alguno de enfoque, sino que se perdió una batalla por escasez de fuerzas. Lamentablemente parece que la interpretación corriente dentro de la izquierda es que la pelea más importante no es por arriba y/o por abajo, sino "hacia adentro", por eso la consecuencia es conocida pero siempre renovadamente sorprendente: van a legitimar las elecciones a presidente todos separados. En semejante coyuntura histórica de dispersión de todas las fuerzas politicas de la derecha, la izquierda argentina es un "lujo asiático" un costo enorme para los trabajadores. "Cara, pero la mejor", diría un publicista vernáculo. |
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