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| 5 de abril del 2003 |
Pablo Stefanoni
El turismo se ha transformado en una de las actividades más dinámicas de la economía argentina posdevaluación. Miles de turistas arriban a estas costas aprovechando el derrumbe de los precios en dólares que acompañó a la maxidevaluación del peso y transformó a Buenos Aires en una de las ciudades más baratas del mundo. No casualmente el actual secretario de turismo -el ex motonauta y ex menemista Daniel Scioli- ha sido designado compañero de fórmula del duhaldista Néstor Kirchner, y según los diarios ello le ha permitido ascender a un no despreciable primer lugar en las encuestas preelectorales.
El turismo "revolucionario" o académico representa una buena fracción de esta oleada de visitantes extranjeros. Centenares de investigadores se han acercado a estas playas a observar in situ el derrumbe del experimento neoliberal y las novedosas prácticas desarrolladas por los nuevos actores sociales originarios de estas pampas:
-Los piqueteros, esos "exóticos" desocupados que cortan rutas y osan organizarse para reconstituir y resignificar de alguna forma viejas identidades desvanecidas junto a sus puestos de trabajo; Todo ello ha marcado, sin duda, la subjetividad de los actores sociales, y hasta cierto punto de una gran porción de la sociedad argentina. Incluso en relación a temas tan "lejanos" como la invasión imperialista a Irak. Sin embargo -como las típicas postales de Río de Janeiro que ocultan la ¿vida? en las favelas- los teleobjetivos del turismo "revolucionario" sólo captan una parte del proceso abierto el 19/20 de diciembre de 2001; el cual se desenvuelve en múltiples direcciones: entre ellas la de la recomposición hegemónica de capitalismo nativo. Aunque el problema parece ser que la amplitud de mira del teleobjetivo de la izquierda nativa no es mucho mayor que la de los visitantes extranjeros. ¿Elecciones o interna "abierta" peronista? A poco menos de un mes para las elecciones presidenciales el panorama muestra múltiples facetas: a la novedosa fractura del peronismo en tres partes (1), que abre nuevas oportunidades para las fuerzas contestatarias, se le suma el hecho no menor de que los candidatos peronistas ocupan el primer, segundo y tercer lugar en las encuestas de opinión. Entonces: o bien la profundidad de la crisis (subjetiva) abierta en diciembre de 2001 -cuando cayó el gobierno de Fernando de la Rúa- no fue tanta como imaginó la izquierda (2), o la capacidad de recomposición hegemónica es mucho mayor de lo que sostienen las prensas partidarias. Apenas se abrieron ciertas grietas en el poder, por la que irrumpió el descontento popular, la competencia de la izquierda por adjetivar -en lugar de analizar- lo ocurrido pareció desenfrenada. De allí la pregunta: ¿se trató realmente de un avance serio de las clases subalternas en busca de una salida "por afuera de los carriles de la vieja sociedad"?. Ya Gramsci, analizando las dificultades que enfrentaba la revolución en Occidente advertía: "[En Occidente] el aparato del Estado es mucho más resistente de lo que se pudiera creer y logra, en los períodos de crisis, organizar muchas más fuerzas fieles al régimen que lo que la crisis deje suponer" (3). La hegemonía: un agujero negro en la izquierda política y social Mientras la izquierda continúa con su discurso exitista a la espera de la catástrofe final, la izquierda social -influida por la producción teórica "anti-estatal" de John Holloway (4)- parece ir por otros carriles: el abstencionismo electoral y la apuesta a la construcción de una subjetividad anticapitalista en los márgenes del sistema. Los límites de estas posiciones -amén del retroceso numérico del movimiento asambleario- se pueden ver en su incapacidad material para organizar un boicot a la "trampa electoral", y su adscripción al difuso campo del "voto bronca", ahora extendido a la "abstención bronca". La contraposición sociedad civil-Estado, presente en la forma en que se operativizan estas posiciones, pasa por alto también -desde otro lado- las implicaciones de la idea de hegemonía y "Estado ampliado", estableciendo la posibilidad de una actividad libre de las masas que podría contrarrestar "espontáneamente" la hegemonía de las clases dominantes. En esa medida se podría sostener que al igual que en el liberalismo "la distinción metódica entre Estado y sociedad civil es transformada en distinción orgánica". Lejos de ello, Gramsci señalaba que: "El Estado es todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio sino también logra obtener el consenso activo de los gobernados" (cursiva mía) (5). Y García Huidobro agrega: "vista la distinción en su aspecto organizativo es posible separar los aparatos de la sociedad política de los de la sociedad civil; pero vista en cuanto funciones (dictadura y hegemonía) la distinción es menos tajante, ya que ambas funciones se dan, aunque con diferente ponderación en los diversos aparatos". La propia complejidad de la identidad-distinción entre Estado y sociedad civil parte de que el cuerpo social dominante es el mismo en uno y otro campo (6). Escenarios De esta forma la autorreferencialidad -y en muchos casos el oportunismo- de la izquierda política y el "abstencionismo" de la izquierda social han confluido para que la perspectiva abierta el 19/20 de diciembre no haya podido concebir una fuerza contra-hegemónica capaz de abrir un rumbo distinto al de la lucha "intra casta" entre las diferentes fracciones de las clases dominantes. De allí un escenario muy factible: que en un contexto donde ningún candidato llega al 20% de la intención de voto, un futuro ballotage con Menem transformado en el Le Pen criollo le permita a otro candidato peronista (que llegue a la segunda vuelta) desmoronar el abstencionismo y el voto bronca y hacerse con un 50% o 60% de los votos; en una sociedad en la que el "temor a Menem" sigue marcando el escenario electoral (7). Y junto con ése otro escenario -casi seguro-: que la izquierda política se mantenga en la marginalidad tradicional y la izquierda social siga sosteniendo -de por vida- que "los tiempos electorales no coinciden con los tiempos sociales".
Notas
(1) Ninguna de las tres fracciones se presentará con el nombre "Justicialista" por decisión de la justicia electoral: Carlos Menem se presenta por el Frente de la Lealtad; Néstor Kirchner por el Frente para la Victoria; y Adolfo Rodríguez Saá por el Movimiento Nacional y Popular. |
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