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| 4 de abril del 2003 |
Pablo Stefanoni
¿Superación progresista del derrumbe de la convertibilidad? El "nuevo modelo" basado en las exportaciones y la sustitución de importaciones no se asocia a una expansión del mercado interno ni implica una mejora del poder adquisitivo de los trabajadores: la clave son los bajos salarios provistos por la superdevaluación del peso.
En un año, la fracción devaluacionista del bloque dominante revirtió -en gran medida- la crisis hegemónica que acompañó el fin de la convertibilidad, recompuso el "tejido institucional" cuestionado por la movilización social y consolidó su predominio frente a los grupos rivales. Nuevamente, los sectores populares -carentes de un discurso propio para explicar la crisis, y en consecuencia impulsar otra salida- tendrán que conformarse con el "derrame" provisto por las actividades más dinámicas de la economía, mientras el país tiende a transformarse en un "campamento exportador" con empresarios ricos (y dolarizados) y trabajadores pobres (y pesificados), que en 2002 vieron reducidos sus ingresos un 35 por ciento. El dinamismo atribuido al nuevo modelo depende básicamente de la caída impuesta a los salarios reales, hoy entre los más bajos de América Latina. Nueva hegemonía Los grupos locales y extranjeros fuertemente posicionados en la actividad exportadora, que territorializaron grandes cantidades de activos financieros en el exterior -producto de la fuga de capitales- van remodelando la sociedad de acuerdo con sus intereses. Mientras tanto, diversos sectores "progresistas", que cuando eran gobierno con la Alianza sostenían la imposibilidad de abandonar la convertibilidad, defienden con entusiasmo el nuevo modelo de Duhalde-Lavagna-Kirchner. La "salida exportadora" reemplaza a la paridad peso-dólar que durante una década hegemonizó el discurso económico y el sentido común de la mayoría de los argentinos. Esta vez, la "solución" es la promoción (con apoyo estatal) de un modelo de reindustrialización con eje en las exportaciones; sobre todo las emanadas de la agroindustria, petróleo y unos pocos insumos intermedios del complejo siderúrgico. En el campo, la producción de soja transgénica -el cultivo estrella de la nueva agricultura- reduce los grados de libertad de los productores, cada vez más dependientes de los paquetes tecnológicos provistos por la firma estadounidense Monsanto. Y la diversidad productiva tradicional es reemplazada por la lógica del monocultivo, que debilita la seguridad alimentaria del país en un contexto de creciente aumento del hambre y de la desnutrición infantil. La fracción devaluacionista logró imponerse tanto frente a sus rivales dentro del bloque dominante (los partidarios de la dolarización: bancos privados y "privatizadas") como frente a los sectores populares, que vieron licuarse sus ingresos fijos en pesos en medio de niveles récord de desocupación que actúan como eficaces mecanismos de disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Aunque lo dicho no debe ocultar las fuertes compensaciones otorgadas a los bancos -perjudicados por la pesificación asimétrica- y el proceso de privatización de la banca pública que se avecina. "Shock depredador" "En materia económica y social -señala un reciente informe de Claudio Lozano, economista de la Central de Trabajadores Argentinos- se ha vuelto a transitar un shock capitalista depredador (del mismo tenor a los ya vividos en el último cuarto de siglo, 1976-1982-1989-1995) que al fijar un nuevo nivel salarial (promedio para las trabajadoras de 135 dólares y para los trabajadores de 190) y un nuevo nivel de desempleo (del 20 por ciento), recompone las ganancias extraordinarias de la cúpula empresarial trasnacionalizada, al tiempo que determina nuevos predominios al interior de la misma". Y aclara que habla de un shock capitalista depredador porque "la expansión de los beneficios no se logra por expansión de la inversión y el desarrollo técnico, es decir un aumento genuino de la competitividad, sino que se afirma en base a un traslado de rentas -ganancias- a expensas del nivel de vida de la población". Según la última medición del INDEC, el 57 por ciento de la población argentina vive por debajo de la línea de pobreza. El discurso "nacional" que sostiene la dupla Duhalde-Lavagna y los "progresistas" que apoyan al delfín Kirchner encubre el hecho central de que la presente sustitución de importaciones, fomentada por la maxidevaluación, no se asocia a una expansión del mercado interno ni implica un retorno al reparto de la renta nacional de la etapa sustitutiva previa al golpe de 1976. En aquel momento, la relación de fuerzas entre capital y trabajo determinaba condiciones de explotación de la fuerza laboral infinitamente más favorables que las actuales y los elevados niveles salariales viabilizaban la industrialización por sustitución de importaciones. Factoría turístico-exportadora El supuesto dinamismo de las exportaciones argentinas es un negocio de unas cien empresas que mucho depende de la continua presión del Estado y del capital para reducir los salarios reales -e incluso nominales- y de esa forma mantener la competitividad en los mercados internacionales. Un estudio del economista Juan Iñigo Carrera revela que "para encontrar un (miserable) salario real industrial del nivel de 2002 hay que retroceder a 1932". Parece indudable que el modelo que se pretende legitimar frente a la sociedad está lejos de una refundación industrial del país que se traduzca en niveles crecientes de ocupación y de salarios, mayor agregación interna de valor, desconcentración de la oferta exportadora de bienes industriales y una mayor integración territorial del país. Otra vez, la "salida" de la crisis -en ausencia de una fuerza contrahegemónica- es liderada por una fracción de la clase dominante que adaptó su discurso a los vientos de cambio que soplan en casi todo el continente luego de la década "neoliberal", crecientemente leída como otra "década perdida". De esta forma -detrás del nuevo discurso- se oculta un programa conducente a transformar al país en una factoría turístico-exportadora, donde los habitantes que "sobren" serán "contenidos" con planes asistenciales y -eventualmente- con la acción del aparato represivo del Estado. |
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