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La insignia
14 de abril del 2003


España, 1931-2003

Discurso de Indalecio Prieto (fragmento)


Indalecio Prieto
España, 1931


(...) «Yo creo que la felicidad es el placer momentáneo, pasajero, de media hora en el hogar, cuando se llega fatigado de la lucha en la calle o en el Parlamento, para decirnos a nosotros mismos, dentro de la propia alma, que se ha cumplido el deber y que se ha cumplido con honor, y cuando se contempla tras las cumbres, azotadas por todos los vendavales de la pasion política, la propia honradez, no para exhibirla como una prenda vistosa de escaparate a la atención llamativa de las gentes, sino como un panorama de recreo interior. Ésa es la felicidad del luchador.

»Que nosotros, socialistas, en los escasos momentos que la pelea, fuerte, formidable, sin tregua, más intensa que la de antaño, que vamos a emprender desde hoy, tengamos la felicidad momentánea del luchador, y que en los breves momentos de reposo espiritual sintamos la honda satisfacción ante nuestro propio tribunal de saber que hemos cumplido nuestro deber y que no nos hemos deshonrado; que hemos mantenido el honor y que detrás de ese leve descanso está la otra jornada, también de combate, también de lucha, también de pelea; que nuestra felicidad sea la felicidad santa del que está luchando con abnegación, no para el bien personal suyo, sino para el de las generaciones futuras, que deben saber que sus padres, los españoles de hoy, los socialistas de hoy, en horas históricas supieron cumplir con su deber.

»Reposad en este instante, hombres que me oís, miraos por dentro, contemplad vuestro panorama interior y preguntaos a vosotros mismos, sin acudir a espectadores extraños, dentro de la propia conciencia, si habéis cumplido con vuestro deber, y si sabéis que lo habéis cumplido, si vosotros, ante vosotros mismos, cuando no cabe la hipocresía, que es la carátula para deslumbrar a papanatas, si vosotros sabéis que habéis cumplido con vuestro deber, luego de reconocerlo, levantad vuestros bríos y decíos que el descanso no puede continuar, porque el descanso eterno es la muerte; que habéis nacido para la pelea, para la lucha, y decir, decíos a vosotros mismos: «He sido un momento feliz al contemplar mi alma en este instante augusto de reposo; ahora a lo más sagrado, a pelear. ¡Venga la bandera! ¡ Venga la antorcha! ¡Adelante, por España, por la República y por el socialismo!»



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