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La insignia
28 de septiembre del 2002


Canción de amor de un muñeco de ventrílocuo


__Especial__
EEUU en guerra
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, 28 de septiembre.



Lo que está en juego en este momento no es si habrá guerra contra Irak, sino si Europa, China, Rusia y los países árabes de la zona de conflicto participarán del festín de buitres resultante (léase: de la activación de la industria bélica y de la inversión en la reconstrucción del país destruido). Los ventrílocuos de Bush (su vicepresidente, Dick Cheney, su secretario de defensa, Donald Rumsfeld, su asesora de seguridad, "Condy" Rice, y miembros de tu think-tank como Paul Wolfowitz) lo hacen abrir la boca a cada rato insistiendo en que Estados Unidos irá solo a la guerra, una postura a la que más de la mitad de la desinformada población gringa se opone, aunque apoya alegremente destruir a Irak con el concurso de los países que mencionamos arriba y, claro, con la sanción legal y moral de ese templo de la inocuidad en el que oficia el paniaguado sacerdote Kofi Annan, llamado Naciones Unidas.

Hace unos días, Al Gore se pronunció en contra del aventurerismo guerrerista republicano (que tiene intereses familiares en la industria energética y petroquímica y que busca incrementarlos por medio de sus puestos públicos), y dijo, entre otras cosas, que la irresponsable política imperial de Bush llevaría a Estados Unidos a ser odiado por sus aliados. Gore no es ningún pacifista, al contrario, tiene el suficiente colmillo como para darse cuenta de que a su país le irá mejor si se hace acompañar en sus ofensivas global-imperiales que si se embarca solo en ellas, y sabe que ni a China ni a Rusia ni a Europa ni a los países árabes les conviene que Estados Unidos intente apropiarse de los yacimientos y las rutas de salida del petróleo en el área de conflicto.

Europa sabe muy bien que con ello el Tío Sam busca que el euro no siga su ascenso por sobre el vuelo rasante del devaluado dólar, y China y Rusia entienden a la perfección que con el control militar estadounidense en sus áreas de influencia, su poderío económico y nuclear se vería en buena medida neutralizado por las "pinzas" navales gringas y sus tentáculos aéreos y de infantería. Por ello, apoyan la guerra de Bush pero no como una guerra unipersonal. En un festín de buitres, todos exigen su ración de carroña, muerte y destrucción, así como su tajada en los "planes marshal", la "ayuda humanitaria" y la influencia ideológica en lo que ven como un promisorio mercado de consumidores de sus productos y como un conglomerado propicio para ser "educado" en la "filosofía" del marketing, el advertising y la moralidad light.

Pero, como buen muñeco de ventrílocuo, Bush sigue ignorando el coro de voces de quienes exigen ser sus socios en el negocio de destruir y reconstruir Irak bajo el pretexto de derrocar al maniático Saddam Hussein, e insiste, como Nerón, en continuar cantando su canción de amor por la destrucción como forma de reactivar la menguada economía de su país, volviendo así a la vieja industria pesada, en vista de que el espejismo de la "era digital" y la informática como sustituto del humo de las chimeneas, se esfumó con el colapso de Wall Street. La canción del muñeco tiene estrofas melodramáticas que evocan las víctimas del 11 de septiembre, pero en tanto que cada vez es más evidente que su gobierno sabía lo iba a ocurrir y dejó que ocurriera para voltear a la opinión pública en su favor y convertirse de un presidente fraudulento en el "líder del mundo libre", los estribillos del "eje del mal" y del "o están con nosotros o con los terroristas", se difuminan cada vez más en el ruido de los fraudes corporativos de los que tanto él como su vicepresidente son perpetradores.

La postura demócrata de oposición al aventurerismo bushista está cobrando fuerza, sobre todo después de las recientes declaraciones de Gore. Un importante sector republicano también se opone a los sueños del muñeco de ventrílocuo, incluyendo su propio padre, el facilitador de la Guerra del Golfo. Y aunque el ala ultraderechista del republicanismo haya vuelto a alinear a Colin Powell, éste todavía mantiene la imagen de quien sí ha sentido el olor de la pólvora y le molestan las irresponsables poses militaristas de los hijos de papá que llegan al poder político y que no tienen idea de lo que es la guerra. Es necesario, pues, hacer que el muñeco de ventrílocuo entone una canción diferente.



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