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| 24 de septiembre del 2002 |
Focus on the Corporation. EEUU, septiembre del 2002. Traducción para La Insignia: Berna Wang
George Bush ya ha obtenido una victoria en Irak, y no estamos hablando del acceso de los inspectores de armas al interior del país.
El ruido de los tambores de guerra del gobierno de Bush ha ahogado las historias predominantes hace dos meses: los escándalos de las empresas y el deterioro de la situación económica. Siguen surgiendo escándalos, con detalles aún más morbosos. En las últimas semanas, Chainsaw Al Dunlap ha pagado las acusaciones de manipulación financiera; el ex presidente del consejo de administración de GE, Jack Welch, ha renunciado a sus obscenos beneficios extraordinarios de jubilación, y casi todos los días aparecen nuevos datos sobre las decenas de millones de dólares de turbios préstamos y beneficios extraordinarios que Tyco concedió a sus ejecutivos. Mientras tanto, la economía estadounidense continúa luchando. El desempleo sigue siendo elevado, según los últimos criterios. El hundimiento del mercado de valores se ha llevado por delante los ahorros para la jubilación de decenas de millones de personas. Muchos expertos creen que la economía podría volver a la recesión. Los medios de comunicación siguen informando de todo esto, pero no con los grandes titulares de hace unos meses. Ahora las noticias se centran en Irak. Aunque el gobierno se ha llevado algunos varapalos de quienes propugnan una resistencia de sentido común al unilateralismo militar y a una doctrina peligrosa e ilegal de guerra preventiva, ha conseguido cambiar el tema principal de conversación política en Estados Unidos. De un asunto que tenía el gobierno a la defensiva --especialmente porque seguían desvelándose actos cada vez más indebidos o inmorales cometidos en el Halliburton de Dick Cheney-- el foco ha pasado a estar ahora sobre un tema que favorece los puntos fuertes y la capacidad de controlar la información del gobierno. Naturalmente, este cambio podría haber sido obligado por los acontecimientos externos. Pero no ha sido así. El gobierno ha renunciado a seguir acusando a Irak de estar implicado en el terrorismo mundial. Y con independencia de cuál sea la verdad sobre los esfuerzos de Iraq por aumentar su armamento nuclear, no hay ninguna prueba de que se haya producido una intensificación del programa nuclear iraquí ni de que el país esté en modo alguno a punto de construir una bomba nuclear. En resumen, no sólo no hay pruebas de una amenaza inminente de Irak contra Estados Unidos, sino que no ha habido ningún cambio en el último periodo que indique que Irak esté en modo alguno a punto de ser una amenaza para Estados Unidos. Es Estados Unidos el que ha elegido forzar la cuestión. La facción fanática del Pentágono y la Casa Blanca (todavía contrarrestada con más eficacia por los republicanos disidentes que por el Partido Demócrata) quiere poner a Estados Unidos en pie de guerra permanente, e Irak y Afganistán son sólo el principio. Una consecuencia no tan secundaria de la sociedad de la guerra permanente es que hablar de guerra permanentemente desplaza el debate sobre la justicia económica y social. El gobierno ya ha obtenido su primera victoria en Irak sólo amenazando con ir a la guerra. Si los ciudadanos estadounidenses permiten que el equipo de Bush inicie una guerra, podemos estar seguros de la derrota a largo plazo para quienes estén en el frente interno estadounidense, con independencia del resultado en el campo de batalla.
(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).
(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman |
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