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La insignia
17 de septiembre del 2002


El eje del bien


__Especial__
EEUU en guerra
Alberto Piris
Centro de Colaboraciones Solidarias
España, septiembre del 2002.



Tres gobernantes europeos destacan entre todos los demás en la carrera por apoyar incondicionalmente los delirios guerreros de Washington respecto a Irak. Son los jefes de Gobierno del Reino Unido, España e Italia. Desde aquí se sugiere que el presidente de EEUU tenga a bien nombrarlos, oficial y públicamente, en algún próximo discurso, como constituyentes del "eje del bien".

El inefable Blair ha contribuido ya con eficacia al derramamiento de sangre inocente, cooperando con los bombardeos estadounidenses contra Irak y Afganistán, y ha reiterado su disposición a hacer derramar sangre británica (es poco probable que se refiera a la suya o a la de algún familiar o allegado) a fin de conservar la relación especial del Reino Unido con EEUU. Por su parte, Aznar y Berlusconi se mantienen todavía en el plano de la retórica bélica, y sus actividades militares en anteriores conflictos han sido más bien secundarias. Pero su entusiasmo ante el inminente redoblar de tambores en Mesopotamia no parece ser menor. Incluso se podría sospechar que miran con envidia al dirigente británico y aspiran en el fondo de su ser a ocupar el puesto privilegiado que éste mantiene en el corazón imperial, si algún revés electoral del laborista, transformado en belicoso paladín, le hiciera tener que abandonar Downing Street.

Que el primer ministro Blair apoye contra viento y marea cualquier aventura guerrera de Bush no debería sorprender a nadie. Extraña más ver una actitud similar en sus colegas mediterráneos, al timón de dos países que en los últimos tiempos no se han distinguido precisamente por su desatado belicismo popular. Aznar y Berlusconi han manifestado públicamente su apoyo a un ataque preventivo -esto es, sin ninguna causa previa- contra Irak para eliminar del trono de Bagdad al dictador que lo ocupa. Afirman que esto se debe a que Sadam Husein puede llegar a poseer, en un impreciso futuro, armas de destrucción masiva y a que no cumple las resoluciones de la ONU. Están decididos a seguir fielmente los dictados de la Casa Blanca y el Pentágono, con o sin la aquiescencia previa del Consejo de Seguridad.

Si tanto preocupa a los componentes de este nuevo eje del bien la existencia de algún dictador, provisto además de armas temibles, no necesitan sumirse en conjeturas ni escrutar bajo las alfombras iraquíes buscando pruebas. Les basta observar un ejemplo evidente: Pakistán. Su actual presidente, el general Musharraf, cumple ambas condiciones, con la ventaja de que su armamento nuclear es real y palpable y no requiere inspectores de la ONU que lo descubran. Pero este dictador, en su día repudiado por Washington y la comunidad internacional al hacerse con el poder mediante un golpe de Estado, es ahora aliado de EEUU en su difusa e interminable lucha contra el terrorismo. Sería de mal gusto poner de relieve tan formidable paradoja. Así que los tres púdicos dirigentes europeos prefieren mirar hacia donde señala Bush: hacia Bagdad.

Y si Blair, Aznar y Berlusconi están irritados por la negativa de Sadam Husein a cumplir varias resoluciones de la ONU, no les vendría mal recordar que, más cerca de Europa que Irak, existe otro país, Israel, que las incumple sistemáticamente y alardea de ello. A causa de esto, además, ha convertido a Oriente Próximo en un peligroso polvorín de enorme inestabilidad. La negativa de Israel a acatar las decisiones de la ONU tiene como resultado inmediato la persecución brutal e implacable del pueblo palestino, cuyas tierras ocupa militarmente contra toda legalidad. No parece que tampoco esta cuestión mueva a los gobernantes del eje del bien a exigir con firmeza al imperio norteamericano una intervención bélica contra Israel por su manifiesto desdén hacia el Consejo de Seguridad.

Así pues, mal que pese a muchos españoles e italianos -de los votantes de Blair mejor es no hablar-, las escenas de amistad y camaradería entre el emperador y sus más fieles vasallos europeos (incluyendo la intimidad de compartir con los pies la misma mesa) tienen mucha probabilidad de repetirse. ¡Ah!, y no se les ocurra protestar. La democracia parlamentaria es así -oirán repetidas veces- y, como ocurrió en la Guerra del Golfo, los representantes democráticamente elegidos apoyarán en sus parlamentos, con un aplastante porcentaje de superioridad, una guerra que la mayor parte de sus pueblos rechaza sin contemplaciones. Algo no funciona bien en nuestros sistemas políticos y habrá que esforzarse en corregirlo.



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