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La insignia
16 de septiembre del 2002


Ecuador

Deuda externa y migración, una relación incestuosa (II)


Alberto Acosta
La Insignia. Ecuador, septiembre del 2002.


«El dinero es algo muy singular. Le da al hombre tanta alegría como el amor
y tanta angustia como la muerte.»
-John Kenneth Galbraith-


II. La emigración como tabla de salvación económica

La emigración en el contexto de la dolarización

En plena crisis, Ecuador sorprendió al mundo. Con la dolarización oficial de su economía, el 9 de enero del 2000, fue el primer país de América Latina que sacrificó su moneda nacional e impuso una moneda extranjera como de curso legal completo. Y se incorporó a la lista de 26 colonias o territorios que hasta entonces utilizaban una moneda extranjera en todo el mundo, 11 de ellos el dólar estadounidense.

La decisión final sobre la dolarización oficial plena no resultó de los designios de la razón tecnocrática. Basta ver que con ella no se acabó con el proceso inflacionario, como se había prometido. En promedio anual, la inflación pasó de 52% en 1999 a 97% en el 2000 (el record histórico de la inflación mensual anualizada se alcanzó en octubre de dicho año: 107,9%), alcanzado un promedio de 40% en el 2001; antes de declinar lentamente, para diciembre de dicho año, a 22,4% ¡en dólares¡, la inflación más alta de América Latina, casi diez veces el nivel inflacionario de los EEUU.

En la primera mitad del año 2002 el nivel de precios se mantuvo en valores mensuales anualizados que bordean el 14%. Estas tendencias inerciales, que anticiparon la imposibilidad de cumplir con la meta inflacionaria de un solo dígito para el año 2002, obligaron al gobierno a suspender los ajustes mensuales de las tarifas de la electricidad y de los teléfonos en abril, así como a posponer la eliminación del subsidio al gas doméstico.

La relativa calma conseguida por la ausencia de la devaluación tampoco se ha reflejado en una sustantiva caída de las tasas de interés en dólares, que van más allá del 20% y aún del 80% para compras a plazos en establecimientos comerciales privados… La diferencia entre las tasas activas y las pasivas supera los 10 puntos porcentuales; en diciembre del 2001 la diferencia se estableció en 12,28 puntos entre una tasa activa del 17,76% y una pasiva del 5,48%, para operaciones entre 84 y 91 días (medida con la tasa Libor de 1,88, la diferencia en puntos fue 15,88); mientras que en marzo del 2000 el margen local era de apenas 6,29 puntos.

En este contexto complejo, en el cual la dolarización no cumplió con los ofrecimientos hechos durante su imposición, la corriente migratoria no se ha detenido (9). Por el contrario el número de personas que salen o que desean salir del país es cada vez mayor.


Las remesas, pilar para sostener la dolarización

En este punto hay que manifestar que recién en el año 2001 empezó a convalecer la economía. Las estimaciones para dicho año hablan de un 5,6%, sin que con esto el PIB alcance el nivel de 1998. En el 2000, luego del bajón de 1999, la economía apenas frenó su caída.

Lo que interesa averiguar es cómo se alcanzó esta recuperación por lo demás desequilibrada. Y es aquí donde los trabajadores y las trabajadoras ausentes entran de lleno en la vida económica nacional. En el 2001 la economía se apuntaló con las remesas de los emigrantes, con 1.430 millones de dólares (superiores a las inversiones petroleras en ese año) (10). Ya en el 2000 las remesas de los emigrantes, por 1.364 millones de dólares, habían sido superiores a las exportaciones sumadas de banano, camarón, café, cacao, situación que se repitió en el año 2001, tal como se observa en el Cuadro N° 3.

Así, puede afirmarse que el efecto interno de las remesas es por un lado, "darle algo de cuerda y movilidad" al Estado, permitiéndole reducir el gasto social y destinar más recursos al servicio de la deuda o a subsidiar la incapacidad de la banca, según sea la prioridad del momento. Y por otro lado, las remesas incrementan los ingresos de los sectores desfavorecidos, propiciando un aumento en los niveles de consumo. Sin embargo, de estas remesas lucran indirectamente diversos grupos acomodados de la población, por ejemplo los importadores de bienes de consumo, y aún directamente, por ejemplo, las empresas legales o ilegales que están obteniendo enormes utilidades al realizar las transferencias; las estimaciones de los costos que estas transferencias representan, para el caso de las remesas desde España, han fluctuado entre 14,4% y un 3,7% para el envío de 20 mil pesetas; para el caso de los EEUU se ha estimado que las comisiones fluctúan entre el 10% y el 30%.

En efecto, en el 2000, las remesas alcanzaron el 16% del nivel de consumo de los hogares y en el 2001 el 11%. Tales cifras permiten comprender que gracias a las remesas se ha reactivado el nivel de consumo, principal componente del PIB, lo que alentó las importaciones y no necesariamente la producción nacional. Este aporte de las remesas se expresa, entonces, en el crecimiento del sector comercial en 7,7% y de la construcción en 14,7% del 2000 al 2001.

Esos recursos dieron oxígeno a la economía, en especial a las provincias meridionales de la Sierra, como Azuay, Cañar y Loja, donde 6 de cada 10 habitantes tienen familiares viviendo en el exterior. A esa zona fueron unos 650 millones de dólares de los más de 1.300 millones ingresados en el 2000. Hay que tener muy claro que estos valores son apenas aproximaciones y que en realidad pueden ser mucho más elevados los montos que ingresan por concepto de las remesas; hay quienes estiman que estos envíos de dinero podrían ser al menos en un 10% más elevados, lo cual aumenta aún más significación de la remesas en la economía (Ver Hernández 2002) (11).

Otro pilar de la economía dolarizada radica en los tradicionales ingresos petroleros, entre los que constan los recursos demandados por la construcción de un nuevo oleoducto para crudos pesados, así como los ingresos generados por las ventas de petróleo en el mercado mundial hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, que provocaron una caída del precio del crudo; nuevamente con la masacre en Palestina -siempre por razones exógenas- se han recuperado los ingresos externos por las alzas de crudo. Recuérdese que en el año 2000, la dolarización recibió un inesperado espaldarazo externo, pues los altos precios del crudo produjeron ingresos mayores en 600 millones de dólares a los presupuestados. Y en ambos años debe haber ingresado una cuantía importante de narcodólares y dólares falsos (12), éstos sí directamente alentados por la dolarización.

Lo que interesa aquí es rescatar la significación de las remesas de los emigrantes, evaluando brevemente su aporte en comparación con algunas variables, empezando por destacar su vertiginosa evolución en los últimos años.

A más del efecto que producen estas remesas en los niveles de empleo o aún generando presiones encareciendo las condiciones de vida de las regiones en donde se concentran estos recursos, cabe destacar el proceso de "internacionalización" de la vida cotidiana, mediante la presencia y uso de productos provenientes de los países en donde radican los emigrantes, sobre todo de los EEUU, en donde todavía está radicado y desde hace más tiempo el mayor número de personas provenientes de Ecuador (13). Igualmente hay que tener presente que en la mayoría de veces, los recursos recibidos apenas sirven para satisfacer la demanda de satisfactores básicos -vivienda, comida, ropa, transporte, sin descuidar el pago de las deudas adquiridas para financiar el viaje- y queda un estrecho margen para ahorrar. Igualmente después, cuando la persona se ha estabilizado en el exterior o cuando regresa destina sus recursos a la apertura de actividades vinculadas al sector servicios o de transporte, sin que necesariamente haya interiorizado las dotes empresariales de la sociedad industrializada donde trabajó.

En este artículo apenas se analizarán algunos de los efectos de dichas remesas, tales como su efecto benéfico para reducir la pobreza y el desempleo, así como las presiones inflacionarias que desata o su significación para servir la deuda externa.

1) Evolución de la remesas de los emigrantes

En el año 1991, por concepto de remesas (14), los ecuatorianos que habían salido del país enviaron 109 millones de dólares, un monto que no representaba un 1% del PIB, mientras que en ese año las exportaciones petroleras significaban un 10% del PIB y las bananeras un 6%. Diez años más tarde, en el año 2000, dichas remesas subieron a un 10% del PIB, un monto muy superior al logrado con las ventas externas de banano, que se mantuvieron en un 6%, mientras que el petróleo, que se benefició en dicho año de elevados precios en el mercado internacional alcanzó un 18%. Para el año 2001, las remesas representaban más de un 8% del PIB.

Medida la evolución de las remesas, en índices con base al año 1991, se constata un salto espectacular de 100 a 1220 puntos para las remesas de los emigrantes, mientras que el incremento del petróleo fue a 212 y del banano a 114. Hay que anotar que esta tendencia no es uniforme en el período. Hasta 1994 el aporte de la emigración -cuya estimación es difícil de establecer con exactitud- no superaba el 2% del PIB, valor que comienza a incrementarse paulatinamente al año siguiente, para empezar una subida vertiginosa desde 1997. Sobre esta evolución véase el Cuadro N° 3.

2) Aporte a la disminución del desempleo

El convalecimiento de la economía ecuatoriana vino acompañado con una sustantiva reducción de los índices de desempleo y subempleo, que cayeron de un 16% a un 9%, pero no por efecto de un incremento de la actividad productiva que pudiera haber creado nuevos puestos de trabajo, sino especialmente por la corriente indetenible de emigrantes y la expansión del subempleo. Solo en una tercer lugar se registrado una modesta recuperación del empleo adecuado (Larrea y Sánchez 2001).

Así, en la actualidad, casi el 80% de la población económicamente activa está en situaciones laborales precarias o desempleada: el subempleo afecta a cerca de un 60% de la PEA, el desempleo abierto a un 9% y más de un 10% se encuentra fuera del país en calidad de emigrante.

Esta disminución del desempleo por efecto de la salida de ecuatorianos del país tiene efectos diferenciados en las distintas regiones, dependiendo de la incidencia de la emigración (15). Analizando cifras de las tres ciudades más importantes del Ecuador (en las únicas que se realizan estas mediciones, por lo demás), se constata una disminución en las tres ciudades indicadas, pero con una caída mucho más pronunciada en Cuenca; de las tres ciudades, la que un mayor monto relativo de emigrantes registra. En esta ciudad se evidencia la escasez de trabajadores calificados en la construcción, la industria, la hotelería y otras actividades. Es más, durante toda el período de ajuste esta ciudad, gracias a los dineros enviados por sus emigrantes, ha podido mantener niveles desempleo inferiores a los de Quito y Guayaquil.

1. Aporte para la reducción de la pobreza

A más de ser la emigración uno de los mecanismos que explican la reducción del desempleo, su aporte directo, sobre todo vía remesas, contribuye a disminuir el crecimiento de la pobreza. Sin embargo, no hay como asumir como única causa de la emigración el proceso de empobrecimiento u otras explicaciones económicas, como fue el congelamiento de los depósitos bancarios. Es preciso identificar también factores individuales y familiares, sociales y psicológicos, institucionales y estructurales vinculados a la realidad del Ecuador y por cierto a la propia globalización, que ha expandido los patrones de vida del norte en las poblaciones pobres del sur. Por otro lado, la emigración al exterior, en el caso de Ecuador, impulsa nuevos procesos migratorios internos, debidos, por ejemplo, a la creciente demanda de mano de obra de regiones de donde ha salido el mayor número de emigrantes y a donde, en consecuencia, fluye, una mayor cantidad de las remesas, por ejemplo Cuenca que atrae gente de Riobamba y también de Loja. Un proceso que se origina, además, por la creciente conflictividad desatada en el norte de Ecuador a raíz de la regionalización del conflicto colombiano, exacerbado por el Plan Colombia.

Téngase presente que la opción de migrar no busca cubrir las necesidades básicas, sino también apunta a mejorar o recuperar las expectativas de ingresos personal o familiar; esto explica, entre otros factores, el por qué gran parte de los emigrantes provienen de sectores medios y de profesionales o personal especializado. De todas maneras, es importante ver cuáles han sido las principales motivaciones que incidieron en la decisión de emigrar.

Si se considera el monto de las remesas podemos ver que éstas son definitivamente más elevadas que las inversiones sociales desde 1995. Las remesas superan también y de largo a la llamada "ayuda al desarrollo", que en el año 2000 alcanzó los 602.898.600 dólares en créditos reembolsables y 119.900.600 dólares en créditos no reembolsables. Es curioso anotar, aunque sea para años diferentes, que el monto de la ayuda al desarrollo tiene un valor similar a las inversiones sociales, dicho de otra manera el Ecuador se endeuda en el exterior para financiar su inversión social (17).

El monto de las remesas, la incidencia de la emigración para reducir el desempleo y las tensiones sociales y políticas reafirman la aseveración que se hiciera en una investigación del BID, realizada en el año 2001: "El arma más eficaz para combatir la pobreza en América Latina no proviene de los gobiernos ni de la ayuda externa, sino de las remesas de los emigrantes" (18). Para confirmar esta aseveración basta mirar la relación de las remesas con las inversiones sociales, tal como aparece en el Cuadro N° 6.

Notas

(9) En el caso de España e Italia, por ejemplo, la corriente migratoria más fuerte se ha dado en los años 1999, 2000 y 2001, manteniéndose la tendencia en lo que va corrido del 2002.
(10) La medición de las remesas es compleja. Sobre todo debido a la diversidad de formas que dicho flujo puede tomar (transferencias a través del sistema bancario o empresas especializadas -courier- así como correos clandestinos o envíos con familiares). Asimismo, su medición se complica todavía más por causa de la emigración informal. Esto explica la dificultad que tiene el gobierno para acceder a una información fidedigna. Será necesario entonces considerar que las cifras sobre remesas que el gobierno proporciona son tan sólo estimaciones y es muy probable que estén subvaloradas. Similar complejidad existe para determinar el número exacto de personas que abandona el país, pues un porcentaje importante lo hace de manera irregular.
(11) No solo para el Ecuador son importantes las remesas. Lo son también para América Latina en su conjunto, que habría recibido unos 20 mil millones de dólares de personas residentes en los EEUU. En seis países estas remesas explican más de un 10% del crecimiento económico: México con 6.573 millones, El Salvador con 1.580 millones, Cuba con 800 millones (a pesar del bloqueo), Guatemala con 500 millones, Honduras con 128 millones, Nicaragua con 95 millones. Muchos de los procesos migratorios en estos países son de larga data y explicables por la violentas confrontaciones, así como por la permanente crisis económica.
(12) El Ecuador puede ser considerado, con razón, como un paraíso de dólares falsos...
(13) De la experiencia de los trabajadores turcos en Alemania se puede anticipar que pasado un tiempo, cuando éstos se afincaron, sus remesas fueron inferiores a las importaciones productos alemanes por parte de Turquía. En otras palabras, el país receptor de los trabajadores extranjeros, que inicialmente registra una importante salida de recursos, luego puede beneficiarse por el incremento de sus exportaciones a los países de donde provienen los inmigrantes. Esto sin desconocer las ventajas que obtienen del trabajo muchas veces sumiso y mal renumerado de personas que están dispuestas a rendir lo más posible y consumir poco para atender las demandas financieras existentes en sus países de origen.
(14) Con fines estadísticos, el Banco Central del Ecuador contabiliza las remesas como parte de la balanza de transferencias, en la cuenta corriente de la balanza de pagos. A este respecto, debe mencionarse que, al referirse a transferencias, se habla de donaciones. Esta clasificación equivoca y menosprecia el valor del trabajo de los emigrantes, ya que las remesas no constituyen en forma alguna una donación. Por el contrario, son una remuneración duramente ganada por los ecuatorianos y las ecuatorianas en el exterior, quienes no sólo han trabajado arduamente, sino que han debido pagar el precio de alejarse de sus familias y abandonar su patria por un futuro incierto, muchas veces agresivo e injusto. Una correcta clasificación de las remesas, las colocaría como parte de la balanza de servicios y rentas, que contabiliza los ingresos netos provenientes del exterior ya sea por servicios prestados, renta del capital o renta del trabajo. Sin embargo, por cuestiones técnicas y ya que las remesas no pagan impuestos, se las clasifica como transferencias.
(15) Recuérdese que en el Ecuador no hay un seguro de cesantía. Esta es una de las razones que aclara el paso relativamente rápido del desempleo abierto al subempleo o a la informalidad, así como a la emigración. El incremento del desempleo también se explica por la caída del poder adquisitivo de los salarios.
(16) Según una encuesta realizada en Génova, Italia, en donde estaría afincada la mitad de los inmigrantes ecuatorianos, el 74,6% habría ido a buscar un mejor trabajo y el 3,6% por un mejor futuro, por motivos familiares el 14,3% y el resto para estudia, por curiosidad o por que le gusta Italia.
(17) Vale recordar que para sostener el servicio de la deuda externa el Ecuador recurre año tras año a un nuevo endeudamiento externo: se abre un hueco para tapar otro hueco... Así, para el año 2002 se estima que el Estado se endeudará en al menos 560 millones de dólares: 240 millones del FMI, 30 millones del Banco Mundial, 100 del Banco Interamericano de Desarrollo, 150 millones de la Corporación Andina de Fomento y unos 80 millones por concepto de refinanciamiento de la deuda en el Club de París.
La evolución de las remesas no es lineal y éstas no están garantizadas en forma permanente. También hay que tener presente que parte significativa de los recursos enviados terminan en manos de los prestamistas ("coyotes") que financiaron la emigración o también en manos de las empresas que han asumido el negocio de las transferencias. Su principal destino, de todas maneras, apunta al sostenimiento de estrategias familiares de supervivencia, esto es al consumo y también a la construcción de la vivienda.



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