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La insignia
17 de octubre del 2002


¿En manos de quién estamos?


__Especial__
EEUU en guerra
Higinio Polo
La Insignia. España, 17 de octubre.



El pasado 14 de octubre de 2002, la portada del periódico comunista italiano Liberazione mostraba al presidente del consejo de ministros, Silvio Berlusconi y al presidente de la empresa FIAT, Paolo Fresco. El titular del diario, haciendo referencia a ambos, era rotundo: "In che mani siamo". En manos de quién estamos. No era un titular arbitrario. Las dificultades de la empresa de automóviles de Torino, que amenaza con despedir a miles de trabajadores por problemas que, en ningún caso, pueden achacarse a los obreros metalúrgicos -y que ha llevado a reclamar la nacionalización de FIAT al secretario general de los comunistas italianos, Fausto Bertinotti- contrastaban con la sonrisa de Berlusconi ante un ensimismado Paolo Fresco. Esa sonrisa del presidente del consejo de ministros italiano, tras la frivolidad y el culto a la estulticia de la imagen, escondía la incapacidad de su gobierno, y del empresariado, para resolver la crisis de la empresa y para conseguir la plena ocupación para los trabajadores. Ese sonriente Berlusconi es el mismo decidido partidario de seguir a Bush en su aventurera política de declarar la guerra a Irak y de abrir en Oriente Medio una crisis de consecuencias imprevisibles, y el mismo que, en cambio, no ve la oportunidad de declarar la guerra a la crisis industrial, a la pobreza, a la desocupación, al drama de la inmigración clandestina. Ese era el sentido de la portada de Liberazione.

Probablemente, quién se pregunte en manos de quién estamos encontraría una rápida respuesta en las páginas de los periódicos de estas mismas semanas. El día anterior a la publicación de la fotografía de Berlusconi y Paolo Fresco en Liberazione, Vance Coffman, presidente de la empresa norteamericana Lockheed Martin, la mayor compañía mundial fabricante de material de guerra, declaraba en una entrevista publicada en la prensa española que "la guerra en coalición es el futuro", y se mostraba convencido de que los Estados Unidos son el objetivo del terrorismo a causa del éxito económico del capitalismo. Vance Coffman, satisfecho de contar con una cartera de pedidos que supera los 70.000 millones de dólares y de vender cada año armamento por valor de más de 25.000 millones de dólares, sonreía también. El satisfecho Coffman acaso pretende ignorar que ese éxito está cimentado en la explotación y la rapiña: debe pensar que, después de todo, su compañía se limita a suministrar armas a dictadores o países en peligro. Pero su sonrisa era reveladora: las perspectivas de una nueva guerra son buenas noticias para la Lockheed Martin y para Vance Coffman.

Otra de las respuestas a esa inquietante portada de Liberazione podría encontrarse en el recuento de las hazañas de los grandes industriales, de los gigantes de las finanzas y de la dirección de las empresas, que no dejan de alarmar a la población con su avaricia de gánsters, con sus modales de pirata, como ese grotesco Dennis Kozlowski, presidente de la compañía norteamericana Tyco Internacional, que era capaz de gastar dos millones de dólares de la empresa -es decir, el equivalente al salario de un obrero metalúrgico europeo, con un buen salario, durante sesenta años- en una fiesta sorpresa para su esposa, en la que una réplica en hielo del David de Miguel Ángel vertía vodka por el pene sobre una pirámide de copas de cristal. O podría encontrarse en las andanzas de ese viejo amigo de George W. Bush, el presidente de Enron, Kenneth Lay, que se enriqueció robando a manos llenas en la empresa que dirigía sin que le importase hacer perder las futuras pensiones de jubilación a miles de trabajadores de la compañía. No son los únicos. Hay muchos otros que pueden pavonearse de hazañas semejantes.

También encontraríamos respuesta en los políticos que rodean al presidente norteamericano Bush, casi todos envueltos en sospechas de actuaciones fraudulentas, en negocios turbios, operaciones sucias en distintos escenarios del planeta: políticos como Powell, Rice, Rumsfeld, o como el vicepresidente Cheney, una persona tan humanitaria que se opuso en su día a que Nelson Mandela saliera en libertad de las cárceles del régimen segregacionista de Sudáfrica. Son todos esos tipos, ante cuya presencia preferiríamos antes refugiarnos en brazos de Jack el destripador que darles la mano, y que son capaces de despedir a miles de trabajadores, de arrebatar el futuro a miles de jubilados, de jugar con la guerra y con la muerte. No, no era un titular arbitrario el de Liberazione. Hay que saber en manos de quién estamos. Son esos individuos, y otros parecidos, que tienen la sensibilidad de un cocodrilo africano; tipos incompetentes, corruptos, satisfechos, dispuestos a la guerra. Estamos en sus manos, en las del compungido Paolo Fresco, en las del sonriente Silvio Berlusconi, el satisfecho Vance Koffman, el grotesco Dennis Kozlowski, el limitado George W. Bush. Estamos en sus manos. Hay que escapar de ellas.



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