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La insignia
13 de octubre del 2002


EEUU: La ascensión de los neoconservadores


__Especial__
EEUU en guerra
Adrián Mac Liman
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, octubre del 2002.



A principios de este mes de octubre, el prestigioso rotativo estadounidense "Washington Post" rompió el complaciente silencio impuesto por la tragedia del 11-S, denunciando por vez primera a quienes se dedican a denigrar sistemáticamente la cultura árabe-islámica. No se trata, claro está, de un fenómeno generalizado. Y ello, por la sencilla razón de que la mayor parte de la opinión pública del país que reivindica, desde mediados de la década de los 90, la condición de única gran potencia mundial, no tiene vocación racista.

Sin embargo, el impacto de los atentados terroristas perpetrados en 2001 ha generado una espectacular reacción de rechazo que pone en peligro la coexistencia pacífica de la sociedad-mosaico de razas que caracteriza el proverbial "meeting pot" estadounidense. Lideran el combate ideológico contra el Islam: Frankiln Graham, Pat Robertson y Jerry Falwell, afamados predicadores evangelistas de las grandes cadenas de televisión, para quienes la "diabólica" religión mahometana fue creada por un "fanático", "ladrón" y "asesino". Más aún: Falwell no duda en tachar al profeta de… "terrorista". Aludiendo a las cordiales relaciones entre el actual inquilino de la Casa Blanca y los predicadores evangelistas, el "Post" insta al presidente disociarse de la retórica perversa y agresiva de las "estrellas" de la pequeña pantalla.

"Si las palabras de esa gente no coinciden con el pensamiento del presidente de los Estados Unidos, éste debería dejar constancia de ello", señala el editorialista del rotativo. Pero George W. Bush prefiere guardar silencio. Huelga decir que no se trata de un caso aislado. La agresividad de los predicadores forma parte del sorpresivo y cada vez más inquietante concierto de voces discordantes que se está adueñando de los EE.UU. tras el 11-S.

En efecto, después del llamamiento de Bush a la "cruzada" contra los radicales islámicos, numerosos grupúsculos extremistas han irrumpido en el escenario político estadounidense. Los "paleoconservadores" de Pat Buchanan, que lograron aglutinar el 21 por ciento de los votos republicanos durante las elecciones primarias de 1996, han sido sustituidos paulatinamente por los "neoconservadores", elementos ultrarradicales procedentes de variopintos horizontes políticos. Su común denominador es el rechazo de la acción exterior tradicional y el respeto de la llamada "legalidad internacional". Los neoconservadores no dudan en denunciar a los hipotéticos enemigos de América, en elaborar "listas negras" de intelectuales dispuestos a aceptar el diálogo con el "enemigo". En este contexto, conviene recordar la desgraciada (y ampliamente criticada) sugerencia de establecer listas de malos ciudadanos norteamericanos, potenciada por un núcleo de intelectuales conservadores, entre los que figuraba la ensayista Lynn Cheney, esposa del vicepresidente de los Estados Unidos.

Según el diario francés "Le Monde", las huestes neoconservadoras cuentan con más generales que soldados. Sin embargo éstos tienen mucho predicamento en la Casa Blanca. Entre los líderes del nuevo movimiento destacan el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, el asesor del Secretario de Estado, John Bolton, los influyentes columnistas del "New York Times", "Washington Post" y "Time", William Safir, George Hill y Charles Krauthammer. Sin olvidar, claro está, a las decenas de intelectuales que firmaron, hacia finales de 2001, el famoso llamamiento a la guerra contra el terrorismo internacional, que avala el concepto de "guerra preventiva" defendido por la Administración Bush. Detalle interesante: los artistas e intelectuales americanos que acuden a manifestaciones culturales organizadas en el Viejo Continente aluden, con demasiada frecuencia, a la psicosis macartista que se ha adueñado de los Estados Unidos. No hay que extrañarse, pues, al comprobar las fisuras que se han producido en el seno de la sociedad. Coincidiendo con el primer aniversario de los ataques de al Qaeda, varias decenas de catedráticos, escritores, músicos y periodistas hicieron público un documento en el que advierten que la guerra contra Irak, las guerras venideras, no se desencadenarán "en su nombre". Curiosamente, la Declaración de los pacifistas estadounidenses pasó casi inadvertida.

¿Macartismo? La expresión parece excesivamente dura. Para muchos europeos, muchos occidentales, EEUU sigue siendo, aún después del dramático 11-S, el baluarte de la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, nos llama la atención la peligrosa proliferación de las llamadas iniciativas "patrióticas" potenciadas por el sector ultra conservador, como por ejemplo la reciente creación de una página web dedicada a condenar las actividades académicas que se apartan de los sacrosantos "intereses estadounidenses". Es el caso del "Campus Watch" un servicio de Internet supervisado por Daniel Pipes y Martin Kramer, directivos del Middle East Forum de Filadelfia, que denuncia a los catedráticos e investigadores que no disimulan su simpatía por la causa palestina o, pura y simplemente, defienden una visión del mundo árabe-islámico diferente de la ofrecida por Pipes y Kramer, defensores a ultranza de la no menos desafortunada política de asesinatos selectivos llevada a cabo por el Gobierno de Ariel Sharon. Ya se sabe: a río revuelto.



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