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La insignia
6 de octubre del 2002


Terrorismo y crisis económica, segundo asalto


__Especial__
EEUU en guerra
Marcos Winocur
La Insignia. México, octubre del 2002.



El presidente Bush hijo ni remotamente ha logrado contra Irak una coalición de países como la formada por el presidente Bush padre hace diez años cuando la primera guerra contra ese mismo país. Eso sí, se va dibujando tras Bush hijo una voluntad legislativa en su respaldo, de lo cual se dudaba hace unos días. Por lo menos lo han hecho los representantes, y la palabra pasa ahora al Senado donde los Demócratas cuentan con una ajustada mayoría, y cuando todos tienen los ojos puestos en las próximas elecciones parlamentarias de noviembre. Éstas juegan indirectamente de referéndum para el jefe de Estado, de aprobación o crítica a su política interior y exterior.

Y bien, los tambores de guerra, sin dejar de sonar en Afganistán y en otras regiones del globo, se escuchan con más fuerza en dirección a Irak. Este desplazamiento cambia algunas cosas y otras las deja en pie. Por ese motivo queremos en estas líneas reiterar algunos conceptos vertidos en un artículo anterior, y actualizar otros. Creo que vale la pena "reocuparse" del tema, el conflicto, lejos de ser regional, nos involucra a todos. Pocas veces se ha visto en torno a la ONU una actividad semejante en su más de medio siglo de existencia, sin olvidar el detalle paranoico del sujeto que se las emprendió a balazos al aire dentro de su recinto. De un modo u otro, los 191 países que integran la ONU se sienten involucrados.

Desde los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono, los estadounidenses viven una tragedia nacional que los ha llamado a la realidad en más de un sentido. El gigante despertó del "sueño americano" a un cuadro de pesadilla, cuya secuencia ha sido cancelar la ecuación de la soberbia: "potencia unipolar=potencia invulnerable". No, por lo menos hoy (dicho sea en cuanto al factor terrorismo, cuyo origen es supuestamente externo a Estados Unidos).

En lo que hace a lo interno, oficialmente se ha dado por cerrada la recesión. Sin embargo, voces más prudentes han señalado que puede volver y que se conserva como peligro latente. En efecto, las causas que le dieron origen no han desaparecido, indicadores económicos a la vista. Y mientras tanto, las tasas de interés bancario se mantienen muy bajas, medida a que se recurrió frente a la recesión. Como si se dijera: al enfermo convaleciente se le continúa administrando las medicinas, ello actúa y actuará positivamente en caso de una recaída. Por ello, permítasenos en estas líneas considerar que el fenómeno económico, como el huracán Lili, puede golpear en cualquier momento sin que sea predecible la fuerza con que, llegado el caso, lo hará. Y en ese supuesto, preguntarnos a la luz de lo ya vivido: el prevenir la recesión interna ¿podrá sacar algún beneficio de una guerra contra el terrorismo?

Veamos. No por obvio será inútil recordar: sin armas, difícilmente haya guerras; y menos en estos tiempos de sofisticación electrónica. Y resulta que las armas no se regalan, se venden, y muy caras. Conclusión: para cierto tipo de inversiones, la paz es un mal negocio, no caben dudas. Y entonces se replantea la pregunta: ¿y para la economía en recesión de un país como EEUU? Una primera respuesta da cuenta de cómo los armamentos no sólo juegan en sí mismos, sino que son el heraldo. Así, días después de la catástrofe, cuando se reabrió la bolsa en New York, las acciones de las empresas de armamentos se fueron al alza, constituyéndose en esperanza para el desangelado Wall Street. Y para las economías norteamericana y mundial, unidas por globalizantes hilos invisibles.

Todavía en fase de preparativos, y como tentepié, 35.000 hombres de la reserva quedaron de inmediato en condiciones de ser movilizados. Y poco después la Casa Blanca dejó planteado un millonario presupuesto en el rubro seguridad con el objeto de la reorganizar el FBI y otros organismos, que prevé crear unos 170.000 nuevos empleos. Este tipo de medidas no podrían ser más oportunas para el caso de recesión, cuando un buen número de grandes empresas ha despedido a miles y miles de trabajadores. Cae la demanda en los mercados y consecuentemente la oferta prevista no encuentra consumidor. La sobreproducción, lejos de traer la felicidad, diseña la crisis. Sobran mercancías, sobran brazos.

Precisamente: los brazos sobrantes irán a la guerra y a producir para ella. No sólo armamentos, no sólo bombas de acción diámetro un kilómetro a sesenta mil dólares por unidad, sino comida enlatada para los soldados y uniformes, instrumentos de precisión, más aviones, cobijas para los soldados... ¿cobijas en el desierto? Sí, por la noche refresca y si no refresca, igual: las fabrica mi cuñado y ya ha contratado personal extra para atender al pedido del Pentágono. Mi cuñado, ya ven, contribuye al esfuerzo patriótico y a superar la crisis.

Y es cuando la memoria histórica recuerda aquel viernes negro del 29. Como entonces, el aumento en el desempleo va de la mano con el descenso en el volumen del producto industrial y en la prestación de servicios. Y entonces aparece casualmente la perspectiva de una buena y saludable guerra que promete un fusil para los brazos inútiles sin que por eso sus dueños dejen de ser consumidores. Frente a la recesión, negocio redondo. No quiero pensar maquiavélicamente que el presidente Bush y Bin Laden se han puesto de acuerdo para salvar la economía de EEUU y el primero busca al segundo para darle las gracias... pero luce como si.

Podemos quedar tranquilos, la experiencia de la guerra librada contra el terrorismo ha demostrado que, después de la caída (parcial) de Afganistán y la constitución de un nuevo gobierno en lugar de los talibanes, el conflicto se vuelve de baja intensidad. No cubre en consecuencia las "necesidades" de una recesión en los términos que acabamos de referir. La conjetura burlesca se traslada a donde suenen los tambores de guerra, a Irak. ¿Se han "puesto de acuerdo" Hussein y Bush? En otras palabras ¿en qué beneficia a ambos una guerra? No se ve en este momento que Hussein vaya a emprenderla por su voluntad ni que le convenga, cualesquiera sean sus planes ulteriores.

Aunque el enemigo sea el mismo, es una diferencia con respecto a Osama Bin Laden. Éste ya declaró la guerra el 11 de septiembre, Hussein busca una tregua en las condiciones más favorables. Bin Laden sigue una guerra irregular, Hussein representa un Estado con un espacio territorial fijo, que se enfrenta a otro Estado y en alguna medida a la ONU, cuyo Consejo de Seguridad decretó las sanciones económicas en contra de Irak. Pero, en cuanto hace al tema que nos ocupa, la recesión en EEUU, otra diferencia pasa a primer plano: la guerra contra el terrorismo se ha vuelto de baja intensidad y la que se planea contra Irak promete "algo mejor".

Por lo pronto, nos informa Jim Abrams de Associated Press, una escalada; es decir, pasar de las incursiones aéreas puntuales al enfrentamiento total, costaría, según estimaciones, 9 mil millones de dólares por mes más otras cantidades adicionales. Como destaca la Oficina de Presupuesto del Congreso, la cifra depende desde luego de la importancia que asuma el conflicto. Para los ciudadanos comunes, la cantidad de 9 mil millones mensuales es de tal entidad que nos quedamos pensando cuántas escuelas, cuántas vacunas y otras medicamentos, cuántos auxilios a zonas siniestradas, cuántas viviendas y alimentos podrían ser alivio para los países más pobres, y cuántas fuentes de trabajo creadas, si se invirtiera para la paz y no para la guerra. El Pentágono, Wall Street y la Casa Blanca, no lo ven así. Tienen puesta su atención en el petróleo irakí, en la estratégica zona y... en la crisis económica vivida por EEUU desde antes del 11 de septiembre.

Ya entonces, se hizo presente un fenómeno del tipo "anomia", una suerte de depresión generalizada que acompaña los periodos de crisis económica. No sólo quebraron los negocios sino la confianza depositada en el sistema. Esta confianza, por lo demás, recibe también duros golpes con el fraude contable cometido por los directivos de empresas líderes consideradas baluarte de honestidad, provocando la ruina de miles y miles de pequeños ahorristas. Pero ya antes se había bajado la guardia. Los gobiernos dejaron de tomar, y los pueblos de exigir, las medidas de control y vigilancia que la hora impone para la sobrevivencia. Y en cambio, los enemigos declarados parecen tener el campo libre para sus "iniciativas".

Ocurrió este fenómeno de la anomia, como reiteradamente lo señala Winston Churchill en sus memorias, en los años anteriores a la II Guerra Mundial, cuando las potencias occidentales bajaron la guardia frente a Hitler, cediéndole territorios en una llamada "política de apaciguamiento". Churchill no puede ser más explícito: "De cómo la causa de todo fue el no mantener desarmada a Alemania", titula en sus memorias.

Habrá quien piense que estoy induciendo un paralelismo entre Hitler y Hussein. No, pero la tentación es grande. Todos recordamos la guerra fría. Durante décadas el polo opuesto al Oeste, y notoriamente a EEUU, fue la URSS y países aliados. Ellos representaron la alternativa del socialismo de raíz marxista. No hace falta recordar cómo terminó. El hecho es que en ese periodo los países árabes, sin renunciar a sus nacionalismos, se apoyaron en el llamado campo socialista, que influyó en sus decisiones políticas, les proporcionó armas y ayuda económica. La gran figura de aquella época en el mundo árabe es el egipcio Gamal Abdel Nasser, que nacionalizó el Canal de Suez. Muerto prematuramente, su nombre se inscribe junto al mártir africano Patricio Lumumba, al gran pacifista hindú, figura universal, Gandhi, y su continuador Nehru y otras figuras de la posguerra.

La caída de la URSS dejó huérfano al Tercer Mundo y librados los países y los movimientos a su propia suerte. Y el nacionalismo resurgió, ya no de izquierda sino en versiones de derecha, algunas tan cavernícolas como la talibana en Afganistán. Ya nadie habló de lucha de clases, sino de lucha entre naciones, donde la de espíritu más fuerte derrotará a las demás, guiada por el Führer... digo, por su gobernante iluminado por Alá. Es el fundamentalismo que no es antiimperialista sino antiestadounidense. Y que aprovechó la anomia dominante en EEUU para dar con éxito el golpe del 11 de septiembre.

La prueba mayor: pululaban los terroristas dentro y fuera del país, se entrenaban para el operativo bajo las narices de la CIA y del FBI, y éstos de nada se daban cuenta. Más: los servicios de inteligencia tuvieron informes sobre lo que se preparaba y no se dieron por aludidos. Hubo además voces que alertaron: una bomba atómica se puede transportar en un par de baúles, las bacterias o virus de una bomba biológica en mamilas de bebé. Y así llegó el 11 de septiembre: un avión de pasajeros puede convertirse en eficaz misil cuando median voluntades ganadas para el fanatismo religioso al grado de suicidio.

Puedo imaginar un pasajero en trámite de abordar un vuelo, antes del 11 de septiembre: "pero... ¿qué se creen? ¿me han visto cara de terrorista? ¡es una afrenta a la privacidad revisar a la gente y a las maletas! ¡oiga! ¡a mi mujer no la toca...!". Y el mismo pasajero, después del 11 de septiembre: "qué bueno, revise, revise nomás, mi amigo, cuanto más estrictos sean, más seguros viajaremos, a mi señora también, aquí no corren los privilegios...". Como siempre citaba mi tía Eutanasia: "nadie escarmienta en cabeza ajena". Fue necesario herir a New York en las torres emblemáticas y a Washington en sus centros de poder, para que el estadounidense medio reaccionara.

Todo cambió en cuestión de minutos. "El gigante ha despertado" -se hizo eco el propio George W. Bush. Y cabe agregar, parafraseando a Tito Monterroso en su cuento más breve del mundo: Y cuando despertó, la Vulnerabilidad estaba sentada a su lado. Por su parte, la prensa comentó: un nuevo Pearl Harbor. Dramática constatación: el gigante es vulnerable desde el aire y "por correspondencia", seguidamente apareció el ántrax, y quién sabe qué más habrá en el futuro, cuáles variantes podrá encontrar el terrorismo.

El hecho es que la caída de las Torres Gemelas no ha determinado la caída del imperio. Por el contrario, le ha hecho un favor despertando al gigante. Y adicionalmente: la gran justificación para ajustar las tuercas al interior de EEUU, para reducir aún más la vida democrática. Está en juego la seguridad del pueblo norteamericano, no vamos a ponernos en trámites previos cuando urge intervenir un teléfono... y el Capitolio aprueba.

Como ha señalado Mihály Dés en Lateral, inusualmente Estados Unidos se vio colocado en posición de víctima luego de los atentados. Pero tampoco esa imagen fue eterna, sino que giró conforme lo hicieron los acontecimientos: los bombardeos angloestadounidenses sobre Afganistán pasaron a colocar a este país y en general al islamismo, en posición de víctima. Los muertos y los heridos se pasaron al otro bando, en lugar de las Torres Gemelas prevaleció la imagen de la Cruz Roja bombardeada "por error" en Afganistán. Y esto puso en peligro la acción de George W. Bush: asegurarse políticamente mientras se prepara para una batalla que, en esta hora de los misiles, se convierte en un ejercicio de tiro al blanco pero... ¿dónde se encuentra el blanco, es decir, Bin Laden y sus campamentos? Para esta cacería del hombre, vamos a ver si Bush hijo obtiene los resultados que Bush padre, cuando, siendo Presidente, interviene con su ejército en Panamá y logra la captura del buscado, el "hombre fuerte" del país, el general Manuel Noriega, acusado de narcotráfico. Claro, Afganistán no es Panamá. Por otra parte, tampoco resulta la persona lo más importante, sino neutralizar a la organización terrorista. Bin Laden, prófugo, pero sin apoyos, vale muy poco. Bin Laden, preso, pero su organización intacta, persiste el peligro.

Afortunadamente, hay un segundo round. Y a Hussein sabemos donde se puede encontrarlo y él tendrá que recibirnos.

En cuanto al sistema, es decir, la economía estadounidense, presume de mecanismos endógenos para superar el amargo momento de una recesión. No sabemos si es cierto, cada crisis aporta su propio arsenal de novedades, y las experiencias anteriores sirven sólo relativamente. De todos modos, una guerra prolongada no le vendría mal. La tragedia de las Torres Gemelas tiene dos caras. Una, el horror: ante las víctimas y ante los victimarios, admitir que hay gente capaz de ese crimen... ¡creyendo que así merecen el cielo! Dos, las conveniencias. La tragedia crea la perspectiva de que EEUU se convierta en policía del globo en nombre del combate mundial contra el terrorismo (el narcotráfico y las dictaduras) y viene en auxilio coyuntural de la economía norteamericana.

Tal cual lo subraya Eisenhower en sus memorias como presidente, la II Guerra Mundial acabó pagando las facturas del desempleo generado cuando la crisis del 29. Así, el conflicto de Corea en los años cincuenta y, dos décadas después, el de Vietnam -recuérdese que Estados Unidos llegó a tener más de medio millón de hombres movilizados-. Y desde entonces han pasado más de veinticinco años de relativa paz, interrumpidos por conflictos insuficientes a los fines antirrecesivos, aun si se han prolongado por décadas como el árabe-israelí, pero comparativamente de baja intensidad.

En cambio, el terrorismo tiene la virtud de prolongarse, abarcar virtualmente al orbe, no se acabará con la captura de Bin Laden ni con el difícil registro de Afganistán, hay cuentas que arreglar con Saddam Hussein, etcétera. Así se ha reconocido desde las altas esferas norteamericanas. La lucha antiterrorista va a durar semanas, sino meses, se dijo el l2 de septiembre, y la gente pensó: se prolongará entonces por años. Precisamente, por años, se dijo días después, y la gente pensó: well, well, mejor será ir acostumbrándose a convivir con el terrorismo. ¿Se acuerdan de la película "Brazil"? En una escena situada en un futuro próximo, un terrorista pone una bomba en un restaurante, volándolo al 50%, sector donde quedan cadáveres destripados y sanguinolientos, mientras que en el otro 50% del restaurante la gente sigue comiendo y conversando como si nada, el gerente coloca un biombo para evitarles la vista desagradable. ¿A eso vamos? Tal vez . "Cosas veredes, Sancho...". Y por su lado, la ciencia ficción -nostradamus de nuestros tiempos- tiene ganadas varias batallas a la bola de cristal.

¿Qué más? Bin Laden y los talibanes tienen a su favor la geografía de modo que "controlarlos" llevará su tiempo... y tal vez nunca se logre por completo, pero la geografía no los hizo invulnerables, tuvieron su talón de Aquiles en la Alianza del Norte, afganos alzados en armas contra el poder central, reducidos a un 10% del territorio de su país, y que vieron en el conflicto y la intervención armada norteamericana una bendición de Alá. Hicieron buena parte del trabajo. Como afganos, tienen la geografía a su favor.

Y lo más importante, ya llega el relevo. Se reduce, casi se apaga el conflicto afgano cuando en el horizonte aparece la hoguera de Irak. ¡Allá vamos!

¿Por qué entonces no contar con las minorías chiíta y kurda, que conocen el desierto como la palma de su mano? Contra la segunda, Hussein llegó incluso a descargar gases venenosos. De modo que el conflicto en su dimensión antiterrorista será prolongado para la buena salud de la economía estadounidense, pero no hasta el punto de resolverse regionalmente en ocupación militar indefinida y acabar, como los soviéticos en Afganistán, en una derrota. Permítanme ahora una anécdota. Estaba comentando el tema con mis alumnos de seminario en la Universidad, cuando uno de ellos, mexicano, tomó la palabra: "profe -exclamó-, así fue con Hernán Cortés; se alió con los pueblos sometidos por los aztecas, y marchó luego a la conquista con sus flamantes aliados. Le dio gran resultado." Pues... sí, la Historia alguna que otra lección da y la sabiduría popular la recoge: "divide y reinarás".

Y siguiendo con los refranes: "El que pega primero pega dos veces", al cual hoy apuestan los terroristas. Sólo que Estados Unidos opuso otro: "el que ríe último ríe mejor". Así, ya tenemos un diseño futurista: vivir entre una permanente economía de guerra, saludable a las inversiones capitalistas, y un terrorismo que la justifica. Combinada con el seguro al desempleo y el cultivar una soberana indiferencia, sería la "felicidad" de todos, como supo pintarla el escritor Aldous Huxley. Para esa causa, para alcanzar ese futurible tan promisorio, 9 mil millones de dólares mensuales son una bicoca.



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