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La insignia
5 de octubre del 2002


A fuego lento

Intelectuales, artistas y bufones


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EEUU en guerra
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, 5 de octubre.



La semana pasada cuatro mil intelectuales y artistas estadounidenses se pronunciaron contra la política guerrerista de Bush, argumentando, entre otras cosas, lo siguiente: "Creemos que las personas con conciencia deben asumir la responsabilidad de las acciones de sus gobiernos, y ante todo oponernos a las injusticias cometidas en nuestro nombre. Invitamos a los estadounidense a resistir frente a la guerra y la represión que han sido lanzadas sobre el mundo por la administración de Bush. (...) Nos inspiramos en la decisión de los reservistas israelíes que, asumiendo un riesgo personal, declaran que hay un límite y se niegan a servir en Gaza y en los territorios ocupados. Nos inspiran numerosos ejemplos de resistencia y conciencia que nos ofrece la historia de Estados Unidos: desde los que combatieron la esclavitud hasta los que pusieron fin a la guerra de Vietnam incumpliendo órdenes, negándose a incorporarse a filas y apoyando a los que resistían" (No en nuestro nombre. Llamamiento de intelectuales y artistas estadounidense contra la guerra).

Esta semana se publicó en La Insignia, de Madrid, un manifiesto de intelectuales y artistas en el que, entre otras cosas, se argumenta que: "Los intelectuales (en el sentido más amplio y menos elitista del término), en función del privilegio que supone el acceso al conocimiento y a los instrumentos necesarios para elaborarlo, tienen una responsabilidad tan específica como grave: la crítica radical y continua de los argumentos esgrimidos por el poder, la denuncia sistemática de sus mentiras, sofismas y tergiversaciones. No podemos olvidar que el término 'intelectual' va unido desde su mismo origen (...) a la idea de lucha, de refutación del discurso dominante, de defensa de la justicia frente a los abusos del poder. (...) Hacemos nuestro el llamamiento NION (Not In Our Name) de los y las intelectuales y artistas estadounidenses que se niegan a permitir que su Gobierno lleve a cabo en su nombre sus planes de expolio y exterminio. (...) Los y las firmantes de este manifiesto fundacional conminamos a escritores, artistas, profesores, científicos e investigadores a asumir la gravísima responsabilidad de contribuir a la comprensión y la transformación de un mundo azotado por la guerra, el hambre, la opresión y la injusticia. Cada libro, cada artículo de opinión, cada comentario, por pequeño que sea, refuerza o debilita el discurso dominante, en un momento en que la dominación se ejerce mediante el discurso tanto como mediante las armas" (Contra la barbarie).

En estos dorados tiempos en que nuestros intelectuales y artistas se han dejado cooptar por el Mercado y se dedican a formar anillos de poder en torno a cacicazgos mafiosos que sirven a los poderes corruptos que deberían desconstruir con sus ideas, o bien se "rebelan" (mejor, se "revelan") mediante dispositivos del Mercado como la droga o la moda cool, la responsabilidad moral y la coherencia ética que movieron a gente como Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Federico García Lorca y tantos otros, han sido engullidos por el consumismo compulsivo, el servilismo político cínico y la "rebeldía" cobarde y exhibicionista del inocuo neojipismo posmoderno. Es por ello que los flamantes intelectuales y artistas de este "pequeño y horrendo país", como lo llamaba Otto René Castillo, se han vuelto "apolíticos" y callan ante a la tragedia del mundo. ¿Para qué -pregunto-- le sirve a la sociedad un intelectual y un artista que permanece mudo ante el genocidio, y que en lugar de guía y orientador escogió ser bufón de bacanal, borrachito de recepción o "rebelde" de sección cultural?

Invito a los intelectuales y artistas responsables de este país a pronunciarnos contra la dictadura global de Bush y sus ventrílocuos, y a tomar distancia de la obscena "apoliticidad" en la que ciertas alegres matronas amantes del arte y ciertos mediocres y seniles "padrinos de la cultura", mantienen a los tristes borrachitos y a los pomposos drogadictos que ahora "representan" nuestro arte, nuestra literatura y nuestra crítica.



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