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| 3 de octubre del 2002 |
¿Dios los cría?
La Insignia. Uruguay, octubre del 2002.
Estados Unidos debería castigar duramente a quienes facilitaron a Irak materiales para obtener armas de destrucción masiva, así como a la persona que permitió que le enviaran armas y municiones. No cabe la menor duda de que al responsable de ese gobierno, y al país que le ha brindado tal poder a un enemigo de la libertad y la democracia como Sadam Husein, habría que declararlo como principal integrante del Eje del Mal y como número uno de los formadores y protectores
de terroristas.
Es más, sin esperar ninguna autorización de las Naciones Unidas, Bush debería enviar a ese país sus inteligentísimas bombas -que matan civiles sólo por error humano- y esos misiles que en claro gesto de humanitarismo contienen uranio empobrecido que causa una radiación tóxica que dura nada más que mil años. Claro, que yo no sé como verían sus votantes que Bush pusiera una bomba en la casa de Ronald Reagan y atacara la Casa Blanca. Estados Unidos cría cuervos que aburridos de comerse los ojos de los demás se vuelcan hacia la caza de las azuladas vistas de sus progenitores. Varios documentos oficiales muestran que desde 1985 a 1989 materiales patogénicos, tóxicos y otros similares fueron exportados legalmente de Estados Unidos a Irak. La lista incluye gas gangrénico, toxina botulínica, cepas de virus del Nilo occidental, de la fiebre del dengue y ántrax. Estos productos fueron enviados por la American Type Culture Collection, un grupo sin fines de lucro (¿?). Desde 1980 a 1988, Washington, por diferentes razones (ninguna de ellas "sin fines de lucro") apoyó a Irak en su guerra contra Irán, ayudándolo con fotografías tomadas por satélites espía, envíos de armas y municiones y "no preguntando el destino dado a las muestras de material biológico". "En ese momento pareció una buena idea", dijo uno de los responsables de Defensa. Otra vez, como con Osama Bin Laden y tantos otros, Estados Unidos demuestra su vocación de Dr. Frankestein. |
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