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| 1 de octubre del 2002 |
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, octubre del 2002.
La guerra está cerca. Mejor dicho, la invasión de Irak.
Según Bush, su fidelísimo Blair y el primer ministro italiano Berlusconi, Irak es un peligro que hay que combatir ahora. Nancy Pelosi, diputada de la Cámara de Representantes con acceso a informaciones secretas, se pregunta, sin embargo, dónde están las pruebas que acreditan la amenaza nuclear iraquí. Y el ex inspector estadounidense de la ONU, Scott Ritter, asegura que Sadam Husein no posee armas de destrucción masiva. Lawrence Korb, que fue secretario adjunto de Defensa y es director de estudios del Consejo de Relaciones Exteriores, refiriéndose a Bush ha declarado que "no ha aportado prueba alguna de que Sadam Husein esté próximo a conseguir el arma nuclear". Sin embargo, para Condolleezza Rice, consejera nacional de Seguridad del presidente Bush, el ataque contra Irak está más que justificado porque el régimen de Sadam ha utilizado armas químicas contra su propio pueblo y contra sus vecinos iraníes. A la Rice, sin embargo, se le ha olvidado añadir que eso lo hizo el gobierno de Sadam hace más de diez años con el consentimiento del presidente Reagan y desde helicópteros facilitados por el gobierno de EEUU. ¿Por qué no reaccionó entonces la Casa Blanca? La revista Newsweek ha desvelado que, en aquellos años en los que Irak estaba en guerra con Irán, Ronald Reagan envió a Sadam al hoy secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, para ofrecerle fotografías de satélite de las posiciones iraníes, helicópteros de combate y ¡bacterias y protozoos para fabricar armas biológicas! La amistad y complicidad del gobierno de EEUU con el de Sadam Husein era tal que, cuando un misil iraquí alcanzó un buque de guerra estadounidense matando a 37 tripulantes, la Casa Blanca sólo consideró que había sido un error. ¿Dónde está el casus belli de la guerra contra Irak? El propio ex-vicepresidente Al Gore ha declarado que la guerra contra Irak no está justificada. Da igual. William Pfaff, analista de Los Angeles Times lo ha escrito nítidamente: "Haga lo que haga Husein, parece probable que Irak será invadido". Primero fue la exigencia de que los inspectores de la ONU volvieran a Irak. Irak pidió fuera levantado el embargo, pero a las pocas horas aceptaba el regreso de los inspectores de armamento sin condiciones. Poco después EEUU exigía el desmantelamiento total del poder militar iraquí, pero el 25 de septiembre el secretario de Estado, Colin Powell, sentenciaba que EEUU no se conformaría siquiera con el desarme completo del régimen de Sadam. Lo que de verdad interesa al gabinete Bush es derrocar a Sadam y sustituirlo por un gobierno complaciente. Nathan Brown, director de estudios sobre Oriente Próximo de la Universidad George Washington, se pregunta. "¿Por qué Irak? No existe una conexión lógica entre Irak, el 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo? El gobierno de Bush no ha hecho más que buscar una justificación para planes anteriores a los atentados del 11 S". Es cierto. Incluso la CIA ha cesado en el empeño de vincular el régimen de Sadam con los atentados o con Al Qaeda porque no ha encontrado indicios de esa alianza perversa. Tampoco Bush ni Blair han aportado prueba alguna de la acumulación de armas iraquíes de destrucción masiva ni de planes de ataque que justifiquen la invasión. Se han limitado a acusar. ¿Por qué Irak, pues? La respuesta es tan obvia que da rubor: petróleo. Irak es la segunda potencia petrolera del mundo, su petróleo es de calidad media y los costes de extracción, unos de los más bajos. El Congreso Nacional Iraquí, uno de los grupos de oposición a Sadam Husein en el exilio, ha hecho saber que un consorcio formado por compañías estadounidenses se encargará de las explotaciones petrolíferas y ha insinuando de paso que Francia y Rusia se quedarán sin nada si no se suman a la guerra. La nación norteamericana produce tres millones de barriles de petróleo diarios, pero necesita nueve más. Hasta ahora, EEUU fiaba sobre todo del petróleo de Arabia Saudí, pero con este país musulmán rebosante de integristas wahabitas, las reservas petrolíferas de Irak se convierten en un seguro energético. El petróleo es fundamental en el 'modo de vida americano' y ha sido el motor de su expansión imperial. Según el catedrático de negocios petroleros de la Universidad de Lausana y ex asesor de la OPEP, Zuhayr Mikdashi, "sin el petróleo saudí, EEUU jamás se hubiera convertido en la potencia que es". La creciente desconfianza de Arabia Saudí (que financia la extensión del fundamentalismo islámico) y el temor a su posible inestabilidad política, ha puesto a Irak en la diana. Para EEUU, el control de Irak por medio de un gobierno amigo, más o menos títere, supondría también un debilitamiento de la OPEP y de sus recortes de producción de crudo y aumentos de precio. Los expertos petroleros auguran que una guerra contra Irak causará un aumento del precio del crudo durante un mes o dos, pero, tras el derrocamiento de Sadam y el control del petróleo iraquí por EEUU, el precio del barril podría bajar hasta los 20 dólares. No debe olvidarse que el gobierno de Bush (él mismo, el vicepresidente Dick Cheney, la consejera de seguridad Rice, etc.) está profundamente relacionado con el sector petrolero. Ni tampoco que había intereses petrolíferos detrás de la guerra de Afganistán y planes para atacar ese país antes del atentado de Nueva York, como reveló el ex ministro de relaciones exteriores de Pakistán, Niaz Naik; planes que le fueron confiados por altos funcionarios de EEUU en julio de 2001. Lo de menos es la presunta capacidad destructiva de Sadam Husein. El petróleo es la clave. |
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