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| 18 de octubre del 2002 |
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El proyecto del ALCA visto desde Europa (III)
Friedrich Ebert Stiftung. Chile, octubre del 2002. Edición para Internet: La Insignia
El ALCA, UE-MERCOSUR y la agenda de la OMC
Tanto el ALCA como las negociaciones UE-MERCOSUR se desarrollarán paralelamente y dependen de los avances que se lograrán en el marco de la OMC. La Cuarta Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Doha en noviembre de 2001, dio inicio a negociaciones multilaterales en una amplia gama de sectores. La Quinta Conferencia Ministerial, donde ya se discutirán plazos y propuestas concretas de desmantelamiento de barreras comerciales, tendrá lugar en marzo del 2003 en México. La meta definida por la OMC es lograr hasta el 1 de enero de 2005 -paralelo a la agenda del ALCA- un paquete único de liberalización comercial en determinados sectores incluyendo la agricultura. Asimismo -cumpliendo con la exigencia de la UE-, se ha incorporado la cuestión del medio ambiente en la agenda de la OMC, mientras que los estándares laborales se seguirán definiendo en el marco de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aunque las negociaciones en la OMC deberían concluir en dos años y medio, hasta entonces quedan por superar fuertes obstáculos en el sector agrícola de EE UU y la UE que son, respectivamente, los líderes del proceso ALCA y de las negociaciones con el MERCOSUR: 1) EE UU aprobó en mayo de 2002 una nueva ley agrícola (farm bill) que en los próximos seis años prevé un sucesivo incremento de las subvenciones estatales a la exportación. En los dos últimos años de la Ley (2006 y 2007) tan sólo en el Programa de Acceso a Mercados están presupuestados fondos adicionales de 200 milliones de dólares para los agricultores estadounidenses. Difícilmente, y pensando en un futuro ALCA, los países latinoamericanos puedan competir con esta política que amenaza a su sector agrícola. 2) Paralelamente a la OMC, la Unión Europea está reformando su Política Agrícola Común (PAC) que todavía representa casi la mitad del presupuesto comunitario. Ante el polémico y complejo debate interno en este sector altamente sensible y políticamente importante, no es de esperar que la UE esté en condiciones de reducir sus subvenciones de forma sustancial hasta el 2005. Asimismo, bajo el lema comunitario de "la multifuncionalidad de la agricultura" se esconden también nacionalismos y la tradicional idea de que un país no puede depender de las importaciones de alimentos de terceros. El dilema 'proteccionismo' contra 'libre comercio' Estas últimas convicciones influyen tanto en el debate europeo sobre el sector agrícola como en el de EE UU. Washington envía señales contradictorias a América Latina y al mundo: Por un lado, fortalece el proteccionismo en sectores clave como el acero y la agricultura, por el otro, consiguió el TPA, lo cual fue una victoria un tanto inesperada del presidente Bush sobre aquellos sectores (sindicatos y medioambientalistas) más reacios a abrir la economía. El TPA le permite a EE UU una mayor participación en el proceso global de liberalización y regionalización. Hasta ahora, el país tan sólo forma parte de tres de los 150 acuerdos de libre comercio creados a nivel mundial. Sin embargo, el precio del TPA ha sido la subida de aranceles para la importación de acero y la aprobación del farm bill. Según cifras de su Ministerio de Agricultura, hasta ahora, EE UU subvencionaba su industria agrícola cada año con cerca de 19.000 milliones de dólares. Con la nueva ley podría llegar casi al mismo nivel que Japón, que apoya su sector agrícola con 30.000 millones de dólares anuales, todavía mucho menos que la UE que gasta unos 60.000 milliones. Teniendo en cuenta el alto nivel de proteccionismo de EE UU y la UE en el ámbito agrícola -que sobre todo para el MERCOSUR es un sector clave de negociación, en este momento las perspectivas para concluir el proceso del ALCA o el acuerdo UE-MERCOSUR no son demasiado buenas. Conclusiones preliminares Las cifras comprueban claramente que el ALCA es ante todo un proyecto de EE UU para ajustarse a las nuevas exigencias del entorno internacional marcado por la coexistencia de la globalización y regionalización. Teniendo en cuenta que Canadá y México son los socios comerciales más importantes de EE UU, que conjuntamente representan el 37% del total de sus intercambios, el resto del hemisferio no tiene un peso demasiado importante para la economía estadounidense, debido a que participa apenas con el 8% en el comercio de la potencia mundial. De este modo, el ALCA es primordialmente un proyecto de liderazgo político de EE UU y sólo en segundo lugar una aspiración económica. El ALCA enfrenta dos obstáculos técnicos con un trasfondo de lobbying político: el debate sobre las subvenciones agrícolas en EE UU y los derechos antidumping fomentado sobre todo por Brasil. A nivel político también se destacan algunas divergencias, principalmente entre EE UU y Brasil. Retrasar el proceso siempre ha sido un interés principal del Itamaraty, y es altamente probable que lo seguirá siendo también bajo el nuevo Gobierno que asumirá el poder en enero del 2003.
Hasta entonces no cabe esperar grandes avances. Sin embargo, esta misma
conclusión puede sacarse también de las negociaciones entre la UE y el
MERCOSUR, cuyo desenlace favorable depende de los progresos en el sector
agrícola y del -en este momento incierto- futuro del MERCOSUR. En este contexto inseguro se pueden prever dos posibles escenarios:p>
-primero, la realización del ALCA y el creciente liderazgo de EE UU en el
hemisferio en detrimento de los intereses europeos en las Américas; La proyección de los intereses y visiones de EE UU y Europa en América Latina -tradicionalmente considerada el tercer pilar de Occidente- tendrá consecuencias a nivel global. Primero, la realización del ALCA como modelo de integración americano y tipo de relacionamiento nortesur sin mecanismos de equilibrio ni dimensión institucional crearía un precedente para otros acuerdos futuros, ya que, tras la aprobación del TPA, EE UU tendrá la capacidad de negociarlos. Segundo, con el ALCA se fortalecería la imposición de normas y estándares vigentes en EE UU en el ámbito social, laboral, sanitario o medioambiental. Esto podría chocar con las (por regla general más exigentes) cláusulas y normas europeas en materia laboral y medioambiental, perjudicando su reconocimiento en el sistema internacional de comercio en el sentido de un race to the bottom. Aún sin ALCA se percibe una cierta alianza entre EEUU y los países latinoamericanos en la OMC contra el supuesto "ecoproteccionismo" impuesto por los europeos. Más allá de los lamentos sobre la pérdida de influencia europea en las Américas, por estas razones y para perservar la tradicional influencia europea hacia la creación de "mecanismos de integración plus", el debate sobre el ALCA tiene un alcance no sólo regional y debería extenderse también a Europa. |
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