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La insignia
15 de octubre del 2002


El proyecto del ALCA visto desde Europa (II)


__Suplemento__
ALCA
Susanne Gratius (*)
Friedrich Ebert Stiftung. Chile, octubre del 2002.

Edición para Internet: La Insignia


La perspectiva europea de libre comercio e integración

La estrategia de la UE en América Latina se diferencia del catch-all approach de EEUU, de llegar a un único acuerdo entre 34 países, independientemente de sus características y particularidades. Aunque algunos lo defiendan (4), a mediano plazo no habrá un acuerdo de libre comercio europeo-latinoamericano. El enfoque de la UE es otro: paralelamente al inicio del proceso ALCA en 1994, Europa decidió establecer acuerdos individuales de asociación o "libre comercio plus" con tres selectos socios de América Latina: el Mercosur, Chile y México. Con los demás países y subregiones prevalece el aspecto asistencial de las relaciones. Esto corresponde a sus propios intereses y prioridades en la región: Chile y el Mercosur son los principales socios políticos y económicos de la UE, México es la puerta de entrada al mercado norteamericano.


El sello europeo: semejanzas y diferencias con el ALCA

Desde la perspectiva actual, esta estrategia de "diferentes velocidades" ha sido un enfoque pragmático y realista, restando quizás la viabilidad del tan aludido diálogo entre grupos de países tradicionalmente favorecido por los europeos. Así, Chile y México ya suscribieron exitosamente acuerdos de asociación con la UE incluyendo la liberalización comercial, mientras que las negociaciones con el MERCOSUR se retrasarán, probablemente hasta el 2005.

Recientemente, la Comisión Europea ha descartado la suscripción de este tipo de acuerdos con Centroamérica y la Comunidad Andina, afirmando que el diálogo con el Mercosur será el último proceso de negociación fuera del marco de la OMC (O Estado de Sao Paulo, 12.7.2002).

A pesar del incuestionable dominio de EE UU en las Américas desde la Segunda Guerra Mundial, se observa también una cierta influencia europea en los instrumentos de la política estadounidense. Consciente de las dificultades que plantea un proceso de negociación entre 34 países e inspirado en el enfoque europeo, el Gobierno de Bush ha optado por una estrategia doble: por un lado la vía multilateral del ALCA, por el otro la negociación de acuerdos de libre comercio con algunos socios latinoamericanos, por el momento Chile y próximamente Centroamérica. Es probable que, junto con el TLCAN, el futuro acuerdo bilateral EE UU-Chile servirá de modelo para el ALCA.

Pese a su influencia en el método de liberalización comercial, Europa no ha sido demasiado exitoso a la hora de "exportar" su modelo sui generis de integración. Si la UE influenció y promovió durante mucho tiempo los procesos de regionalización y subregionalización en América Latina, el peso europeo se ha perdido con el ALCA y ya previamente con el TLCAN. Estos dos mecanismos son claros reflejos de la convicción de EEUU de que "integración sea un equivalente a libre comercio" con un fuerte liderazgo del sector privado. De este modo, tanto el TLCAN como el futuro ALCA carecen de una dimensión política-institucional y social que sigue caracterizando a la integración "a la europea" y a sus acuerdos con socios extrarregionales.

Esto no sólo es la consecuencia de la inquebrantable fe de los apoleólogos pro aperturistas y adeptos de las fuerzas regulativas del mercado en EE UU -casi en el sentido de una doctrina religiosa. Esta diferencia radica por un lado en la "cultura anglosajona" reacia a la creación de instituciones y, por el otro, en las raíces de los respectivos procesos de integración (véase Sberro 2002). Tanto el TLCAN como el ALCA nacieron en un contexto internacional muy diferente a la integración europea, dominado por las ideas del regionalismo abierto y la globalización en un contexto marcado por la post-guerra fría y la unipolaridad de EE UU.

Los acuerdos de asociación con Chile, México y, próximamente, con el Mercosur no se limitan al libre comercio, sino prevén también asistencia financiera y técnica por parte de la UE, así como un diálogo político entre socios iguales sobre diferentes temas de la agenda internacional. Más allá de beneficios económicos palpables, este tipo de acuerdos de libre comercio plus se insertan en la estrategia de la UE de fortalecer el multilateralismo y el regionalismo con equilibrio social y coordinación política. Aunque esto no significa que las empresas europeas no tengan intereses propios en América Latina y que la UE -igual que EEUU- proteja sus mercados de la competencia del exterior, es una visión completamente diferente a la integración a la americana.


Posibles consecuencias del ALCA
para las relaciones europeo-latinoamericanas

Hasta 2005 es difícil especular qué impacto tendría el ALCA para Europa. Teniendo en cuenta que las negociaciones sobre el ALCA todavía no han concluido y que una zona de libre comercio no será implementada antes del año 2015, su efecto en las relaciones europeo-latinoamericanas no será inmediato. Desde la perspectiva actual, sus consecuencias económicas serán moderadas.

Con las excepciones del MERCOSUR, Chile y Cuba, EE UU ya es el principal inversor y socio comercial de la región: su participación en las importaciones y exportaciones latinoamericanas superó en el año 2000 el 50% del total, frente al modesto aporte europeo de poco más del 14% y el 11%, respectivamente. Comparado con 1990, la UE ha perdido diez puntos como destino para las ventas latinoamericanas y más de de seis puntos como suministrador de bienes. En el continente americano se produjo una desviación de comercio hacia la propia región: si la UE desarrolla un 60% del comercio con sus Estados miembros, un 61% de los bienes circulan dentro del hemisferio americano -concentrándose cerca de un 46% de los flujos comerciales en Canadá y EE UU.


Paulatina retirada europea del mercado latinoamericano del Norte

De este modo, incluso sin ALCA está teniendo lugar una continentalización o regionalización de los intercambios comerciales como consecuencia de la red de acuerdos de libre comercio en las Américas. Esta tendencia será reforzada por el futuro ALCA.

El caso del TLCAN comprueba que esto constituye una cierta amenaza para los intereses europeos: Entre 1995 y 1999 (después del TLCAN), el posicionamiento de la UE en el comercio mexicano se había reducido dramáticamente, superando pérdidas de siete puntos. También en el ámbito de las inversiones se redujo la participación europea. Esto indica que la creación de acuerdos de libre comercio tiene efectos de desviación de exportaciones y flujos de inversión. Consciente de estos perjuicios, la UE estableció en un tiempo récord de dos años un acuerdo de asociación con México, hasta ahora el único país latinoamericano con un acceso privilegiado al mercado europeo y estadounidense. En este sentido, es un caso paradigmático para analizar las posibles consecuencias de un ALCA. No obstante, todavía es temprano para evaluar el impacto de sus acuerdos paralelos con la UE y con EE UU.

La tendencia hacia una desviación de intereses económicos hacia Norteamérica no se refleja en la procedencia de inversiones extranjeras directas (IED). Debido al "redescubrimiento" de América Latina por España, la UE en su conjunto es desde 1997 el principal inversor de la región. Por las olas de privatización de empresas públicas latinoamericanas, España se perfiló en 1999 y 2000 incluso como principal inversor extranjero de América Latina, por delante de EEUU. No obstante, es altamente probable que el balde de agua fría que representaron las enormes pérdidas que sufrieron compañías españolas en Argentina frenen el entusiasmo de los españoles por invertir en América Latina (5).

Aunque Alemania mantiene su posición como principal potencia europea en los intercambios comerciales con la región, en cuanto al flujo de IED, el país ocupa solamente el cuarto rango dentro de la UE.


Especulaciones sobre el impacto del ALCA para Europa

¿Cuáles serían las expectativas para la inversión y el comercio europeo en América Latina después del ALCA? Cabe recordar que muchas empresas europeas transnacionales ya producen o están situadas en el mercado latinoamericano, particularmente en Brasil, Argentina, Chile y México. Por ello, las empresas europeas radicadas en estos países se beneficiarían de un futuro ALCA al abrirse el mercado de América del Norte y del Sur para sus bienes. Además, cabe recordar que, en marzo del 2000, la UE estableció un primer acuerdo de libre comercio plus con México y dos años después con Chile. Las negociaciones con el Mercosur concluirán probablemente paralelo al ALCA. Con Chile, un tradicional socio político y económico de la UE en América Latina, Europa ya lleva una ventaja comparativa frente a EE UU, que todavía no ha concluido un acuerdo de libre comercio con ese país (las negociaciones empezaron en diciembre de 2000 y podrían terminar a fines del 2002).

Tampoco está decidida la "lucha" por el MERCOSUR: si la UE lograra un acuerdo de asociación antes del 2005 con amplias concesiones en el sector agrícola, el MERCOSUR seguiría siendo un proyecto marcadamente europeo de integración con relaciones comerciales privilegiadas con la UE. Un prerrequisito para ello sería un mayor compromiso europeo en Sudamérica, siguiendo el lema de Pascal Lamy (formulado durante la II Cumbre Europeo-Latinoamericana en Madrid), de que "para nosotros, el Mercosur no es una opción, sino un destino".

A diferencia de la política de EE UU, la futura alianza interregional incluiría también un apoyo destacado de la UE al proceso de integración subregional y un fortalecimiento de la posición de Brasil en Sudamérica. Dado que el MERCOSUR y Chile son los socios latinoamericanos con los cuales la UE mantiene relaciones más estrechas que EE UU, mientras que los países andinos, caribeños y centroamericanos están mucho más inclinados hacia el mercado estadounidense, es altamente probable que las consecuencias del ALCA para el comercio y la inversión europea sean mínimas. Tanto más cuando -al tener un peso mínimo en el hemisferio frente al TLCAN- las ganancias del MERCOSUR y Chile en el futuro ALCA serían escasas comparadas con los beneficios de acuerdos con la UE, su principal mercado agrícola. Para este grupo de países, desde una perspectiva política y económica, la opción europea parece más atractiva que la norteamericana.

Sin embargo, no se trata de estrategias excluyentes. El ALCA no será una unión aduanera con aranceles externos comunes como el MERCOSUR, sino que tendrá solamente reglas de origen. Esta fórmula le permite a cada socio mantener su propia política comercial hacia terceros, incluyendo la negociación de acuerdos de libre comercio independientes. De hecho, esto ha pasado en el TLCAN en el caso de México y su acuerdo de asociación con la UE. Siempre y cuando el TLCAN no sea una unión aduanera, los productos europeos pueden llegar libres de aranceles a México; las reglas de origen impiden (al menos en teoría) su entrada a EE UU.

No obstante, esta política conlleva una serie de problemas secundarios: surgen conflictos de tipo técnico que finalmente podrían tener también consecuencias políticas. Las empresas mexicanas o norteamericanas radicadas en México tendrán que adoptar normas y estándares diferentes para poder exportar al mercado europeo. Otro ejemplo concreto sería la producción de vinos chilenos, orientada hacia el mercado europeo, el cumplimiento de sus normas y estándares. Si Chile define un acuerdo individual de libre comercio con EE UU o participa en el ALCA, tendrá que adoptar otros estándares vigentes en la zona de producción hemisférica. Estos obstáculos serán también planteados y negociados en la agenda de la OMC, donde la UE y EE UU tienen un papel clave.


Notas

(*) Susanne Gratius es politóloga e investigadora en el Instituto de Estudios Iberoamericanos (IIK) en Hamburgo. Áreas de trabajo: relaciones europeo-latinoamericanas, integración, democratización.

(4) En su resolución de octubre de 2001, el Parlamento Europeo se pronuncia a favor de una zona de libre comercio UE-América Latina (PE, A5-0336/2001, 11.10.2001, Ponente: José Ignacio Salafranca).
(5) Tan sólo la empresa Telefónica perdió más de 1.000 millones de dólares en Argentina (El País, 14.8.2002).



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