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| 13 de octubre del 2002 |
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El proyecto del ALCA visto desde Europa (I)
Friedrich Ebert Stiftung. Chile, octubre del 2002. Edición para Internet: La Insignia
Mientras que el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) será decisivo para el futuro del hemisferio americano, el proyecto pasa prácticamente inadvertido en Europa. Cuando el Congreso de EEUU aprobó en agosto de 2002 el Trade Promotion Autority (TPA) -que le permite al ejecutivo (entre otros) negociar el ALCA-, el Comisario de Comercio, Pascal Lamy, se limitó a acoger positivamente la concesión del mandato de negociación. No se mencionó al ALCA.
Independientemente y sin ningún tipo de coordinación, la UE y EE UU siguen sus propias políticas hacia América Latina. En la práctica no existe una "triangulación" de las relaciones. Tampoco se percibe una competencia directa entre EE UU y la UE por el mercado latinoamericano, sino que, hasta ahora, las esferas de influencia han sido claramente divididas: EE UU ejerce el poder hegemónico en el área del Gran Caribe, la UE en Sudamérica. También los objetivos de su respectiva política hacia la región divergen. Aunque ambos socios buscan establecer acuerdos de libre comercio con países latinoamericanos, su contenido y enfoque es tan diferente como los instrumentos para llegar a este propósito. Situación y estructura de las negociaciones Similar al proyecto de integración en toda Europa, el ALCA se ha situado en el centro del debate en el continente americano. La iniciativa fue lanzada en 1994, en la Primera Cumbre de las Américas en Miami, cuando 34 países del hemisferio -con la única excepción de Cuba- acordaron establecer un acuerdo de libre comercio, con un claro liderazgo de EE UU. A nivel técnico, las negociaciones sobre el ALCA ya están bastante avanzadas:
-En la sexta reunión ministerial, celebrada en abril de 2001 en Buenos Aires, se presentó un primer borrador del futuro
acuerdo. Diseñado en base al complejo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Canadá, EE UU
y México, el acuerdo tendrá más de mil páginas de texto y numerosos anexos. En noviembre de 2002, cuando EE UU y Brasil asuman la copresidencia del proceso, las negociaciones entrarán en su fase final. Las condiciones políticas para llegar a un acuerdo son buenas: "conmovido" por el fuerte compromiso personal del Presidente George W. Bush, el Congreso de EE UU aprobó en agosto -antes de las elecciones legislativas en noviembre- la tan deseada trade promotion authority (1)- que abre el camino para concluir un acuerdo hemisférico. Quedan pendientes dos temas que, ante todo desde la perspectiva de Brasil, son imprescindibles para poder finalizar las negociaciones, tal como está previsto, en enero de 2005: los subsidios a las exportaciones agrícolas y una reforma de los derechos antidumping. Es altamente probable que ambos aspectos serán negociados en la OMC y posteriormente incorporados al ALCA, lo cual podría retrasar el proceso y lo hará dependiente de un factor externo difícilmente controlable. La estructura de las negociaciones sobre el ALCA es sumamente compleja, equilibrada y muy técnica. El liderazgo lo tienen los ministros de Comercio que se reúnen cada año para definir las orientaciones generales, en segundo nivel está el Comité de Negociaciones Comerciales (integrado por los Viceministros de Comercio) que dirige los trabajos de nueve grupos de negociación, y cuatro comités especiales. Una Secretaría Administrativa da seguimiento al proceso. Las presidencias de ésta y de los demás foros intergubernamentales son rotativas. A nivel técnico, los grupos y comités son apoyados por un Comité Tripartito inte-grado por la CEPAL, el BID y la OEA. Integración a la americana Al igual que el MERCOSUR y el TLCAN, el ALCA pertenece a los denominados acuerdos de integración de segunda generación que surgieron en un nuevo contexto internacional caracterizado por la globalización y el "regionalismo abierto". Siguen un modelo económico dominado por el consenso de Washington y los elementos de la política neoliberal, cuyo objetivo principal es la inserción competitiva en la economía internacional. Por otra parte, la calificación de segunda generación se refiere a acuerdos que, como el ALCA, no se limitan al libre comercio, sino que incluyen temas como solución de controversias, compras gubernamentales o propiedad intelectual. Un proceso asimétrico dominado por EE UU El ALCA es preeminentemente una iniciativa de EE UU para mantener su competitividad económica e influencia política en el mundo. Con 800 millones de personas, el 38% del PIB mundial y una participación de más del 25% en el comercio global, EE UU lideraría lo que sería el segundo bloque económico más importante tras la UE ampliada. El ALCA -lanzada inicialmente en 1990 por el padre del actual presidente y concretada por Bill Clinton en la primera Cumbre de las Américas- es la pieza clave de las proyecciones de libre comercio de la Administración Bush. El ALCA estará dominado por el enorme peso del TLCAN, que aporta un 87% del PIB del bloque y casi un 90% del comercio. Al MERCOSUR le corresponderá sólo el 9% del PIB hemisférico y cerca de un 6% de los flujos comerciales totales, mientras que el porcentaje restante se distribuye entre el Caribe, los países andinos y centroamericanos (FIESP/CIESP 2002). Conforme a su peso en el proyecto, el ALCA se inspira en el TLCAN. Algunas de las lecciones del TLCAN, más de ocho años después de su entrada en vigor, podrían aplicarse al futuro ALCA. Mucho más obvio que en el TLCAN, también el futuro ALCA enfrentará el problema de las asimetrías en cuanto al tamaño entre los países miembros, sus resultados económicos, los desniveles de desarrollo y, consecuentemente, su diferente capacidad de negociación política en el futuro espacio comercial. Aunque existe un Comité Especial sobre Economías Pequeñas, el ALCA no prevé incluir una dimensión social o regional en beneficio de los participantes más débiles. La única concesión a las asimetrías existentes entre los futuros países miembros serán -como en el caso de México en el TLCAN- plazos más largos de liberalización comercial para las economías menos fuertes.
¿Integración norte-sur sin instituciones El tema de las asimetrías y el hecho de que no se prevén mecanismos de compensación marca la diferencia más visible con el modelo de integración europeo, que ha creado fondos estructurales y de cohesión (que conjuntamente representan un 37% del presupuesto comunitario) para nivelar el desarrollo económico entre sus miembros en aras de crear una comunidad entre "iguales". Esta idea también se refleja en sus acuerdos con países "del sur" que incluyen fondos de desarrollo. Otra diferencia sustancial son los objetivos mismos de la integración y su funcionamiento. El ALCA sigue un método diferente a la fórmula europea: se negocia una sola vez un amplísimo tratado -y no progresivamente como en el caso de la UE- cuya finalidad es fijar las condiciones para liberalizar el consorcio comercial sin ningún tipo de dimensión política ni instituciones compartidas. Por ello, el sector privado y particularmente las empresas transnacionales de EE UU están estrechamente vinculadas al proceso ALCA a través del Foro Empresarial de las Américas. Aunque la cuestión de un secretariado permanente del ALCA está todavía abierta, debido a la resistencia de EE UU y el concepto de soberanía nacional latinoamericana, no es de esperar ningún tipo de liderazgo institucional similar a la experiencia europea. El borrador del acuerdo revela que el ALCA está muy inspirado (más bien, copiado) en el TLCAN. En este sentido ofrece pocas innovaciones internacionales en cuanto a mecanismos de solución de controversias -son inferiores al TLCAN al basarse en comisiones de conciliación ad-hoc y "grupos neutrales"-, normas y estándares. Sin embargo, hay dos diferencias con el TLCAN. Primero, en el ALCA existe un compromiso democrático. Cabe recordar que el ALCA, al excluir Cuba y firmar en la Tercera Cumbre de las Américas en abril de 2001 en Quebec una declaración al respecto, incluye una cláusula democrática. Segundo, conforme al borrador disponible en internet (www.ftaa-alca.org), hasta ahora, el futuro ALCA no prevé ningún tipo de imposición laboral y medioambiental más allá de las exigencias multilaterales. Aunque es de suponer que este tema será tratado en la fase final de las negociaciones, no incluir cláusulas medioambientales y laborales sería una clara desventaja para México y Canadá, que tendrían que respetar los compromisos más exigentes asumidos en los dos acuerdos paralelos del TLCAN. Las posiciones del triángulo EEUU, Brasil y México La característica principal del ALCA es el poder hegemónico de EE UU como ancla de estabilidad y potencial factor de control político. Al aportar cerca de dos tercios del PIB y la mitad del comercio, EE UU será el incuestionable líder del ALCA, únicamente desafiado -al menos retóricamente- por Brasil. Conscientes de la hegemonía de EEUU, el ALCA divide el continente americano en adeptos y opositores. Por ello, será interesante observar cómo concluirá la fase final del proceso del ALCA, que será definida por el triángulo más poderoso del continente americano: Estados Unidos y Brasil compartirán la copresidencia del ALCA, mientras que México será desde marzo de 2003 anfitrión de la Secretaría Administrativa hasta finalizar las negociaciones (2) . Estos tres países concentran el 85% del PIB y dos tercios de la población en el hemisferio americano. Se percibe una cierta polarización entre Brasil y EE UU. A diferencia del Gobierno brasileño, George W. Bush se ha pronunciado en varias ocasiones a favor de una rápida conclusión del ALCA, incluso antes de la fecha prevista de enero del 2005. Así, un ALCA requeriría pocas modificaciones de las reglas de comercio en EE UU, pero cambios estructurales en los países latinoamericanos para abrir sus mercados a la competencia de las empresas (transnacionales) de EE UU (Schott 2001: 91). Consciente de esta apertura asimétrica, Brasil tiene una posición mucho más escéptica frente al ALCA. Estudios de la Fundación Getulio Vargas, la ALADI y la FIESP comprueban que un ALCA sería mucho más beneficioso para EE UU y Canadá que para Brasil, que tendría que abrir su economía (relativamente protegida) para empresas estadounidenses, asumiendo el riesgo de una "reprimarización de las exportaciones" y una balanza comercial negativa (véase Valls Pereira 2001 y FIESP 2002). Aunque Brasil no se autoexcluirá del futuro acuerdo, tampoco es precisamente un defensor de la iniciativa (3) , máxime cuando -a diferencia de un acuerdo UE-Mercosur- éste tampoco le concederá un acceso privilegiado al mercado de EE UU con el cual, además, sólo desarrolla un 20% de su comercio. Por ello, Brasil busca retrasar las negociaciones para ganar tiempo. La posición de México frente al ALCA también es ambigua: México fue el primero y hasta ahora el único socio latinoamericano que a través del TLCAN había establecido un acuerdo de libre comercio con EE UU. Actualmente es el segundo socio comercial más importante de EE UU. Por tanto, México tiene un escaso interés en extender sus propios privilegios y preferencias de mercado a otros países latinoamericanos que percibe como potenciales competidores, particularmente a Brasil.
Notas
(*) Susanne Gratius es politóloga e investigadora en el Instituto de Estudios Iberoamericanos (IIK) en Hamburgo. Áreas de trabajo: relaciones europeo-latinoamericanas, integración, democratización.
(1) El antes denominado fast-track que por primera vez le fue negado a Bill Clinton (1994-2000).
Literatura reciente:
- Comisión Europea 2002: Informe estratégico regional sobre América Latina (programación 2002-2006). Bruselas, Abril 2002. |
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