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La insignia
19 de noviembre del 2002


Bagdad, hora cero


__Especial__
EEUU en guerra
Alberto Piris (*)
Estrella Digital. España, 19 de noviembre.



Cuando este comentario vea la luz electrónica, es muy probable que los primeros inspectores de la ONU (UNMOVIC) y de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) hayan llegado a Bagdad. Sadam Husein sabía que negarse a cumplir la unánime resolución 1441 del Consejo de Seguridad, que somete a Irak a un intenso programa de inspecciones, hubiera equivalido a provocar el ataque armado de EEUU. Dictador sanguinario pero no político estúpido, Sadam ha rehusado una guerra imposible. Contra lo que algunos opinan, no gana tiempo con ello, porque la anunciada ofensiva no podría desencadenarse antes de un par de meses.

Es en el calendario establecido por la ONU donde están las dificultades. En un plazo de 30 días se requiere al Gobierno de Bagdad para que entregue a los inspectores una declaración completa y detallada de sus programas de armas químicas, biológicas, nucleares y misiles. De no hacerlo, EEUU lo consideraría motivo suficiente para ir a la guerra. El representante ruso en el Consejo de Seguridad opinó que es un plazo muy corto para cumplir lo pedido. Por su parte, en carta dirigida al secretario general de la ONU, Sadam Husein afirmó textualmente: "...el hecho declarado por Irak es que no ha producido ni ha estado en posesión de ningún tipo de armas de destrucción masiva, nucleares, químicas o biológicas, durante el tiempo de ausencia de los inspectores...". De modo que el informe pedido podría reducirse a una página con una sola palabra: "nada".

Pero el asunto no es tan sencillo. La resolución 1441 considera entre los elementos a inspeccionar "...todos los demás programas químicos, biológicos y nucleares, incluyendo los que no tienen relación con la producción de armas". Así que cualquier fábrica de productos químicos, de abonos o pesticidas, de tubos metálicos o de plásticos puede ser objeto de inspección. Y no solo eso: su exclusión de la lista exigida podría ser considerada un intento de engaño y, por tanto, a juicio del presidente Bush, constituiría un "quebrantamiento material" de las condiciones impuestas por dicha resolución, que por sí solo justificaría la guerra.

Pueden surgir muchos motivos de discrepancia durante las inspecciones. Por ejemplo: la resolución 1441 establece que los inspectores "pueden entrevistar dentro o fuera de Irak a quien deseen, incluso facilitando el traslado de la familia del entrevistado". ¿Es malicioso sospechar que más de un personaje significativo desee aprovecharse de ello para emigrar a EEUU? ¿Y que el Gobierno de Bagdad denuncie presiones coactivas sobre tales personas y tome medidas para resistirlas? Leyendo el texto de la resolución se encuentran muchos otros aspectos que pueden provocar artificialmente la ruptura de las inspecciones y, por tanto, dar vía libre al ataque armado, si así se deseara.

Es, pues, muy grande la probabilidad de que los inspectores hallen motivos para alegar que encuentran obstrucciones significativas a su labor e informen de ello al Consejo de Seguridad en cualquier momento. Aquí es donde la cuestión puede alcanzar más gravedad. Ante tal situación, los analistas internacionales se dividen en dos grupos: los que creen que existen razones fundadas para pensar que el Gobierno de EEUU tiene intención decidida de atacar a Irak -no después de marzo de 2003- sea cual sea el resultado de la misión inspectora, y los que opinan que ésta puede llegar a tener éxito y desarmar eficazmente a Irak poniendo un final incruento al conflicto

Bush ha manifestado que, en caso de informe negativo de los inspectores, el representante de EEUU asistirá a la consiguiente reunión del Consejo de Seguridad, donde se habrán de tomar las medidas adecuadas, pero no se sentirá vinculado por éstas y EEUU recurrirá a la guerra si lo estima necesario, sin esperar una nueva resolución del Consejo. De ese modo, el reloj volvería a la hora cero, es decir, a la hora en que las decisiones de Washington relativas a Irak se toman sin tener en cuenta a la ONU, como una expresión más de la nueva política de carácter imperial, ahora vigente. Mientras tanto, y para no perder tiempo, los preparativos militares siguen su curso. Y también la campaña psicológica previa a la guerra, con las reiteradas filtraciones a la prensa de EEUU de los supuestos planes militares para derribar a Sadam Husein del poder. Esto, sin olvidar la reiteración de los ataques aéreos en las zonas de exclusión aérea, establecidas unilateralmente por EEUU y el Reino Unido.

En este panorama prebélico se sostiene todavía una hipótesis optimista: si las inspecciones se desarrollaran sin dificultad y si se confirmara la posibilidad real de desarmar a Irak, los inspectores disponen de un plazo de 60 días para informar al Consejo y proseguir a fondo su labor. No es extraño que Sadam Husein haya previsto esta circunstancia en su carta a Kofi Anan: "... si todo sucede de modo profesional y legal, sin intenciones premeditadas, las mentiras quedarán expuestas y se alcanzarán los objetivos declarados del Consejo de Seguridad. Entonces el Consejo de Seguridad se verá en la obligación legal de suspender el bloqueo y todas las sanciones injustas que pesan sobre Irak".

Es verdad que en la tan publicitada "guerra contra el terrorismo" no se sabe ya el papel que Washington atribuye a Irak. Pero sí cabe sospechar que, si esta anunciada ofensiva es otra maniobra de distracción política -con importantes conexiones electorales y petrolíferas-, gestionada por el ala más dura del Gobierno, a Bush puede salirle el tiro por la culata y los efectos de su error, a largo plazo, los acabaremos sufriendo todos.


(*) General de Artillería en la Reserva del Ejército español y analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM).



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