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| 16 de noviembre del 2002 |
El Nuevo Diario. Nicaragua, 15 de noviembre.
George W. Bush Jr. asumió el poder como el presidente más cuestionado en los últimos cien años, y a través de una elección cuyos resultados finales no habían sido del todo convincentes. Los atentados del 11 de septiembre del año pasado le sirvieron para legitimarse y alcanzar de inmediato una popularidad enorme.
En el 2000 no llegó ni a los 50 millones de votos y quedo segundo ante Albert Gore, ganando por obra y magia de la maquinaria cubano-batistiana y con el apoyo decisivo de su hermano menor Jeb Bush, en Florida. Su votación ha sido sobrepasada por Lula Da Silva en el Brasil, que saco más de 52 millones de votos en un país menos poblado que los EE.UU. Empero, quien inicialmente fuera uno de los presidentes menos populares y más contestado, hoy, por obra y gracia de una propaganda política bien orquestada, ha logrado su primera victoria electoral nacional, ampliando su base en el Congreso Federal, al punto de llevar a los republicanos a dominar ambas cámaras. Esto consolida su agenda y tendrá un impacto en la política interior y exterior, y en sus relaciones con el mundo y Latinoamérica. El gobierno de George W. Bush Jr. ha utilizado el clima de temor e inseguridad del pueblo estadounidense, después del 11 de septiembre, para promover su agenda política y controlar a la disidencia con resultados altamente positivos. Por primera vez, un mandatario que llegó a la Casa Blanca con una minoría de votos en las presidenciales gana las elecciones de mitad de término. Una de las armas principales en manos de cualquier gobierno es una población atemorizada, intimidada y controlada por la propaganda y el llamado al patriotismo, que en la práctica se traduce en una orden (del gobierno) para que se callen todos y apoyen la política gubernamental. Las consecuencias internas del reciente triunfo electoral no se harán esperar: se creará un Ministerio (secretaría) de Seguridad para perseguir implacablemente a todos los disidentes y las minorías étnicas sospechosas; se generalizará la violación sistemática de los derechos humanos, tanto en el interior como en el exterior; se suspenderán, de hecho y probablemente de derecho, las garantías individuales, etc. Bush Jr., no desea instituciones democráticas en donde la gente participe. Quiere que el poder privado tenga un control extenso e incuestionado y que este se mantenga esencialmente fuera del alcance del público en general. Las políticas económicas internas promovidas por Bush buscan reducir sustancialmente la carga tributaria de los más ricos y con ello crear un déficit presupuestario; y este será un instrumento para minar programas sociales. Sin dinero disponible, no se puede tener programas de salud, pensiones, seguridad social, etc. En el exterior: se iniciará la agresión contra Irak, anunciada previamente, y una vez ocupado se procederá a dividirlo, entregando las riquezas naturales (especialmente el petróleo) a las grandes compañías transnacionales de origen estadounidense, sin olvidar una pequeña participación a los países que cooperen en la guerra. Una vez controlado el petróleo del Medio Oriente, el siguiente paso será el gas y el petróleo de Asia Central, en donde se están instalando bases alrededor de China, futuro enemigo geoestrategico del Imperio Global. Actualmente, alrededor de 140 países cuentan con la omnímoda presencia militar estadounidense, en forma de agregado o de asesores. El aumento del precio del petróleo, como consecuencia de la guerra contra Irak, afectará el desarrollo de los otros bloques, como la Unión Europea y el bloque encabezado por Japón. Indudablemente, América Latina sufrirá las consecuencias de esta guerra, aunque esté distante del teatro de operaciones. Nicaragua no resistirá el aumento del precio del petróleo y sus derivados. Con la gasolina a cincuenta córdobas el galón, el país se paralizará, con graves consecuencia para nuestra deteriorada economía. En esas circunstancias, será más fácil para el gobierno del presidente Bush Jr. aplicar sus planes en Latinoamérica que culminarán con la formación del ALCA dirigida y controlada por los EE.UU. y cuya capital será probablemente Miami. (*) Jurista, politólogo y diplomático. |
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