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La insignia
8 de noviembre del 2002


EEUU: Elecciones 2002

Todos perdimos un poco


__Especial__
EEUU en guerra
José Carlos García Fajardo
Solidarios. España, 7 de noviembre.



Norman Birnbaum, prestigioso profesor de Derecho de la Universidad de Georgetown, denuncia las incongruencias de la política estadounidense por las graves consecuencias que tendrá no sólo para la población mundial sino para los norteamericanos.

Como él hay muchos intelectuales, profesionales y académicos que se esfuerzan por hacerse oír aprovechando la sociedad de libertades conseguida por los padres fundadores de EEUU. Opinan que la doctrina de Bush amenaza las conquistas en la moralización de las relaciones internacionales, militariza al país y convierte a su Administración en un Estado policial de consecuencias inimaginables.

Existe una democracia, con prensa libre, partidos políticos y sindicatos, economía de mercado, libertad de conciencia, de reunión y de expresión… pero algo huele a frágil en las mismas estructuras de la primera potencia mundial. Nadie duda que EEUU es el primer imperio de alcance universal que no rinde cuentas a institución alguna, ni siquiera al Consejo de Seguridad de la ONU, del cual forma parte con derecho de veto.

Como recuerda Ignacio Ramonet, director de Le monde diplomatique, un imperio no tiene aliados, sólo tiene vasallos. En consecuencia, los países soberanos miembros de la Unión Europea se someten a los dictados de Washington por la supremacía militar que ejerce a través de la OTAN y de su colosal poderío económico que condiciona los mercados. Cuando no los controla con impunidad mientras predica las bondades del pensamiento único que se sirve de las personas, de las cosas y del medio ambiente como de un objeto cuya explotación justifica los medios empleados.

No era otra la doctrina de Maquiavelo: tranquilizaba al Príncipe para que no se inquietase por la inmoralidad de sus acciones, ya que el éxito en las campañas justifica todos los crímenes realizados, "pues la fuerza es justa cuando es necesaria".

No pocos intelectuales estadounidenses y europeos perciben el malestar creciente en una sociedad silenciada por el aterrador estruendo de los medios de comunicación, de las campañas publicitarias y políticas que bombardean a las muchedumbres solitarias.

Ante estas crecientes soledades se alza la tímida esperanza de una solidaridad en red que aproveche los nudos de las manos extendidas, para dar o para pedir.

La sombra de indefensión se extiende cuando ya no existe la presunción de inocencia mientras que la carga de la prueba no corresponde al acusador sino a la víctima, aunque sea preventiva. Véase la situación de los encarcelados en Guantánamo y en tantas prisiones del mundo por la sospecha que provoca el color de su piel, la ropa que viste o la lengua en la que expresa sus creencias.

Hoy, pensar es peligroso y hablar nos compromete.

Hasta ahora, creíamos que los excesos y arbitrariedades del Gobierno de EEUU se debían al extremismo radical de una serie de políticos fundamentalistas, que algunos calificamos de psicópatas aunque no exentos de responsabilidad penal, pero que, una vez superado este trance de la noche negra macartista, el gran pueblo norteamericano recuperaría las señas de identidad que le han llevado a su prosperidad y desarrollo.

Los resultados de las elecciones pasadas han caído como un mazazo sobre nuestras esperanzas. Y no vale aducir que no participó en las elecciones más que un 30% de los ciudadanos. La democracia es así, con sus grandezas y sus miserias pero "la forma de gobierno menos mala entre las que conocemos", como recordaba Churchill.

Hoy es un día triste para muchos demócratas liberales, para muchos socialistas y personas progresistas que, conscientes de la inhumana injusticia estructural que sostiene este modelo de sociedad, alzan su voz para que se corrijan efectos perversos que pronto serán irremediables.

De nada parecen servir las llamadas de las cumbres de Naciones Unidas sobre el hambre, las enfermedades endémicas, el agotamiento de recursos vitales como el agua y la agresión a la capa de ozono, la explotación de los niños en el trabajo, la marginación de la mujer, el blanqueo de ingentes cantidades de dinero por parte de los bancos del norte y que proceden del contrabando de armas, de drogas, de medicamentos inútiles y de excedentes de producción industrial a cambio del control de las materias primas y de la explotación de miles de millones de seres convertidos en mano de obra o en eventuales consumidores.

La implacable amenaza que se cierne sobre los palestinos de ser enviados al exilio, una vez se consume la agresión a Irak y al resto de los países que poseen recursos energéticos, parece irremediable. Ningún país de América latina cuenta en la escena mundial. África parece no existir desde el punto de vista de los mercados financieros. Asia sigue su rumbo consciente de que el futuro geopolítico les pertenece. En Europa tenemos la ineludible responsabilidad de hacer frente al César imperial para recordarle que no respetar las leyes fundamentales, los tratados internacionales y los derechos del hombre lo convertirían en un déspota ante el cual el derecho de resistencia se convertiría en un deber, con todas sus consecuencias.

Estos días nos sentimos más frágiles y vulnerables porque las campanas doblan también por nosotros. (*) Profesor universitario.



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