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26 de noviembre del 2002


Crisis en Argentina

Hambre en Argentina:
Mucho más que una situación coyuntural


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Juan Carlos Galindo
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, noviembre del 2002.



El 20% de los niños argentinos pasa hambre. Según Save The Children, tres niños mueren cada día en Argentina a causa de enfermedades relacionadas con la desnutrición. Las cifras oficiales del Ministerio de Salud hablan de más de ocho millones y medio de niños en la miseria. La situación en el norte es especialmente grave: el 44% de los habitantes de Jujuy y el 30% de los de Tucumán carece de lo esencial para vivir. En esta última región han muerto por desnutrición más de 350 niños en lo que va de año.

Paradoja: Argentina tiene 56 millones de cabezas de ganado y produce al año 2.450.000 toneladas de carne. Sin embargo su población se muere de hambre.

El problema se hace evidente cuando las imágenes de estos niños invaden la televisión. Sin embargo la situación está lejos de ser coyuntural. Se trata de una crisis estructural, resultado del descenso hacia el precipicio iniciado por Argentina hace décadas. En la actualidad diez millones de argentinos no cubren, cada día, sus necesidades básicas; el desempleo afecta al 21,5% de la población activa; sólo en la región de Capital y Gran Buenos Aires existen dos millones de indigentes agudos y la cifra alcanza los nueve millones en el conjunto del país. En definitiva, en Argentina existen en total, según cifras oficiales, 19 millones de pobres.

Todo esto en un país que en el periodo de 1991 a 1997 creció por encima del 6%; una economía que durante la década de los noventa aumentó su Producto Interior Bruto per cápita por encima del 2,5%. ¿Y la riqueza generada en todos estos años? La respuesta es evidente: se ha evaporado, vampirizada y malgastada por una clase política corrupta, desperdiciada en el pago de los intereses de una deuda inabarcable, acaparada por una escasa clase privilegiada.

La corrupción de la política argentina afecta hasta el más mínimo o insignificante de los cargos públicos. Basten dos ejemplos: el gobernador de Tucumán, Julio Miranda, está acusado de enriquecimiento ilícito, y al director de la secretaría de Desarrollo Humano, Juan Carlos Ledesma, Posse se le acusa de desviar 800.000 dólares del Programa Social Sanitario para su propio beneficio.

Además el gobierno, el ejército y la Iglesia discuten sobre la distribución de alimentos de los programas gubernamentales, convertidos así en simples formas de reparto de poder, influencia y dinero entre obispos, sargentos y gobernadores.

De poco sirven el Programa de Emergencia Sanitaria o el Programa Social de Nutrición si la ayuda es escasa y llega tarde y mal. Son, además, parches temporales a una situación estructural. De nada sirven a largo plazo en un país con una inflación acumulada, para el año 2002, del 40%. Inflación que puede llegar hasta el 200% en el caso de algunos productos básicos. Es decir, los precios suben en un país en el que descienden los salarios, aumenta el paro y el producto interior bruto per cápita ha sufrido un descenso de más del 4% en los últimos tres años. De esta manera, Argentina, uno de los primeros productores mundiales de alimentos, ve cómo su población no tiene qué comer. Y la situación no puede mejorar en lo que se mantenga una estructura feudal de la propiedad de la tierra, Argentina siga en su crisis continua, el FMI imponga sus imposibles condiciones y la destrucción del tejido social, y los políticos argentinos se dediquen a tomar el sol.



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