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| 24 de noviembre del 2002 |
Los hechos de la convertibilidad: mitos y realidades (II)
Pablo Mira
II. Mitos referidos a la explicación de la caída del régimen
Mito 1: Las reformas liberales no fueron suficientes y fueron realizadas a medias Este es el típico argumento del "nunca es suficiente". Es una lógica muy particular, que consiste en hacer notar ex-post que las reformas que se realizan en un 90% y no en un 100% son más peligrosas que la propia ausencia de reformas. Sin embargo, una lista sencilla de medidas nos convencerá de que el proceso de liberalización resultó uno de los más osados y ejecutivos del mundo. El siguiente cuadro ilustra lo dicho:
Hay dos puntos interesantes para notar en este racconto. Primero, que las medidas de liberalización no sólo superan indudablemente a las medidas de intervención, sino que además consisten en un osado plan de liberalización que sigue admirablemente al pie de la letra los preceptos del consenso de Washington. Segundo, que a medidas fuertemente liberalizadoras sobrevienen, crisis de por medio, medidas de intervención "correctivas". Es notable el hecho repetitivo de que la respuesta ante la crisis nunca es más liberalismo, aun cuando los encargados de la política económica se muestren escépticos respecto de la opción intervencionista. La reforma a la carta orgánica del Banco Central luego de desatada la crisis del Tequila fue un ejemplo notable. A pesar de que el presidente del Banco Central profesó una y otra vez su fe liberal, la crisis lo obligó a modificar la carta donde pretendía un BCRA independiente, para poder actuar como prestamista de última instancia y así evitar el desmoronamiento del sistema bancario.
Mito 2: El excesivo crecimiento del gasto público primario A mi modo de ver, este es el mito más desconcertante. La falacia del excesivo gasto público (macroeconómicamente hablando) es notable en tanto esta idea ha quedado arraigada fuertemente en el análisis económico actual. A pesar de esto, las cifras no muestran en ningún momento nada parecido a un crecimiento exponencial del gasto público. En este caso los datos son elocuentes y no es necesario ser un analista empírico profesional para notarlos. El gasto nominal del Estado argentino creció entre 1991 y 2001 un 85%. De los 43.500 millones de pesos que significó este aumento, el 25% lo explica el aumento de intereses pagados, el 18% el gasto en previsión social, el 17% los gastos de funcionamiento del Estado (8% administración general, 4% justicia y 5% defensa y seguridad), el 14% la salud y el 11% la educación básica. Lógicamente, el ejercicio de calcular el aumento del gasto nominal a precios corrientes carece de sentido en una economía con inflación. El gasto a precios constantes tuvo un aumento del 44%. De este total, los intereses participan ahora en algo más: el 35% de ese guarismo. El resto muestra participaciones en el aumento similares al caso de gasto a precios corrientes. Una vez más este análisis es incompleto. El gasto público debe ser relacionado no sólo con el precio de las transacciones sino también con la cantidad de transacciones. Una aproximación natural consiste en relacionar el gasto nominal al PIB nominal y ver el cambio en la participación porcentual en estos últimos 10 años. Los resultados son claros: la participación del gasto consolidado en el PIB pasó de 31% en 1991 a 35% en 2001 (33,7% en el 2000). De los 4 puntos porcentuales que creció esta participación, 3,3 puntos corresponden a los consabidos intereses de la deuda pública. Las erogaciones correspondientes al funcionamiento del Estado mostraron un incremento de apenas el 0,5% en el PIB. Estos datos muestran claramente que la explicación usual que culpa al gasto público excesivo por la situación de default que acabó con la convertibilidad es un argumento sin ninguna base empírica. De todos modos, el déficit fiscal fue motivo de preocupación, sobre todo en los últimos años del modelo, lo que nos deja con una explicación sencilla: el verdadero motivo del desequilibrio financiero de las cuentas públicas fue el lado de los ingresos. Este es el componente verdaderamente cíclico de las cuentas fiscales. El crecimiento inicial de la recaudación permitió financiar adecuadamente el déficit e incluso producir reformas que implicaron una caída sustancial de los ingresos futuros, que supuestamente sería compensado con una recaudación de impuestos procíclicos en función de la tendencia observada al momento en el crecimiento del PIB. Una de las reformas que mayor impacto tuvo sobre la recaudación fiscal fue la modificación del régimen previsional de reparto por uno de capitalización individual. Esta reforma tuvo un objetivo puramente microeconómico en su diseño, pues atendía al hecho de que el manejo privado de los fondos de pensión sería mucho más eficaz que el del Estado. De este tema nos ocupamos en el siguiente punto. Mito 3: Las reformas microeconómicas llevadas a cabo sólo podían mejorar una situación macro de por sí "resuelta", por lo que no son las razones del desmoronamiento del modelo Las reformas microeconómicas producidas en el marco del sector público no siempre pueden ser producidas sin costo. Por el contrario, es común que reformas que mejoren la eficiencia tengan efectos (al menos de corto plazo) no desdeñables sobre la demanda agregada, y muchas veces sobre la distribución del ingreso. Esto implica que ante las reformas microeconómicas debemos tener en cuenta la existencia de un trade off con resultados macroeconómicos. El caso de la reforma previsional argentina es representativo. En el corto plazo, el programa de reforma exigía la financiación de los aportes privados destinados a las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP). A cambio, el largo plazo nos encontraría con un sistema más eficiente, con mejores incentivos y con competencia entre las administradoras para estimular la baja de comisiones. Los resultados macroeconómicos de corto plazo, sin embargo, fueron peores de lo esperado. La caída de la recaudación inducida por la transferencia presionó el de por sí pequeño sistema financiero local, obligando a AFJP y bancos a tomar deuda pública para financiarla. Un cálculo realizado por asesores del Ministerio de Economía (Dal Poggeto y Fainburg, 2001) revela que el 73% del déficit fiscal desde 1995 hasta 2001 fue consecuencia de este desvío de fondos. Como se sabe, este problema de financiamiento fue una de las causas de la reversión de los fondos externos y por tanto de la negativa a renovar créditos para enfrentar el pago de vencimientos de deuda pública. Los objetivos microeconómicos de largo plazo, luego de la crisis macroeconómica, quedaron prácticamente disueltos. La tasa de rendimiento de los fondos de pensión privados fue para todo el período cercana a cero, e incluso buena parte de los fondos tienen como cartera bonos del gobierno "defaulteados". Todo el sistema, por tanto se terminó derrumbando. La moraleja evidente es que reformas que supusieron ausencias de problemas macroeconómicos (por ejemplo, flujos constantes positivos), terminan fracasando estrepitosamente si se presenta algún problema macroeconómico. El objetivo de la estabilización macro, por tanto, debe ser puesto por delante. Notas (3) La clasificación en políticas liberales e intervencionistas se basó en el criterio simple de que aumentos de impuestos (generales y no generales) y las políticas discrecionales no se condicen con las reglas de funcionamiento de los mercados libres. |
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