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| 19 de noviembre del 2002 |
Cambiar nosotros para cambiar las cosas
Carlos Gabetta (*)
Creo absolutamente necesario que en Argentina se funde, desarrolle y consolide un partido político que exprese los intereses de los trabajadores, a partir del cual se avance desde el principio, de manera consciente y decidida, en dos direcciones simultáneas: primero, hacia la consolidación de la base trabajadora del partido, nucleando a todos los sectores del trabajo; y segundo, hacia alianzas con todos los sectores de la producción objetivamente interesados en un modelo alternativo al neoliberalismo, basado en la ampliación del mercado interno en base a una más igualitaria distribución del ingreso.
Habría mucho que decir sobre esto, pero está claro que en mi opinión no se trata del partido obrero revolucionario, sino del núcleo hacia un movimiento, o frente (ya se verá qué forma adopta) que se nutra de todos los sectores nacionales, democráticos y progresistas del país. Un aspecto importante me parecen los plazos y el estilo de trabajo. Respecto a lo primero, me parece evidente que, sin descuidar ninguna de las batallas coyunturales, se debe partir desde el principio con el criterio de una construcción de mediano y largo plazo. Si se quieren cambiar las cosas de verdad, hay que construir una fuerza sólida, y eso no queda a la vuelta de la esquina. Respecto al estilo de trabajo, estimo esencial que haya, por supuesto, verdadera democracia, pero además un lenguaje claro, sobrio, realista. Quiero decir nada de bombos, estruendos ni consignas groseras. Recuerdo que el Partido Intransigente (la esperanza de izquierdas de los años 80) vociferaba en sus manifestaciones "somos la patota del doctor". Ni entonces ni ahora se irá muy lejos con eso... Lo del lenguaje no tiene sólo que ver con la grosería, sino con la claridad conceptual: ¿pueden explicar ustedes ahora mismo qué quiere decir herramienta política "de masas"? La izquierda argentina se ha empeñado en reproducir la cultura política, el estilo de la derecha o del peor populismo, con los efímeros resultados que conocemos. Creo que estará de más que diga, por último, que esto no debe confundirse con ningún tipo de solemnidad o actitud monjil. Simplemente que si queremos cambiar las cosas, debemos empezar por cambiar nosotros mismos. (*) director de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur. |
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