| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 6 de noviembre del 2002 |
El empobrecimiento de Argentina
Arancha Desojo
Cuando un país está empobrecido, de modo permanente o transitorio, los recortes presupuestarios afectan, en primer lugar, a la sanidad y a la enseñanza. El desvío de fondos casi nunca afecta al ejército, y la defensa del país continúa siendo prioritaria incluso en las situaciones de penuria económica más extrema. Sin embargo, la cobertura sanitaria de la población sufre un menoscabo manifiesto, al recortarse los gastos de personal, las inversiones en material y equipos, la financiación total o parcial de los medicamentos y la buena marcha de la atención primaria, puntal de la sanidad social de una nación.
Esto es lo que ha sucedido en Argentina. Un país rico y relativamente próspero que se ha convertido, de la noche a la mañana, en un país lleno de pobres. Las cifras hablan por sí solas: más del 51% de sus 37 millones de habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza (se considera pobre quien ingresa menos de 213 dólares, o menos de 729 para una familia de tres hijos). El 60% de estos pobres de nueva generación pertenecían a la clase media hace un año. De los 19 millones de pobres, más de 7 millones son indigentes, es decir, personas que ingresan menos de 90 dólares. En los últimos meses 5 millones de ciudadanos han pasado a engrosar la lista de pobres y 3 millones la de indigentes. Las previsiones indican que a finales de 2002 habrá más de 23 millones de pobres, el 65% de la población, y de ellos más de 11 millones, el 32%, serán indigentes. Una situación difícil de asumir por esa mayoría de personas que vivían una vida acomodada y despiertan un año después convertidos inevitablemente en pobres, ya que los ingresos de los trabajadores han disminuido el equivalente de menos de la mitad de los ingresos que tenían en 1974. Aun cuando es difícil considerar plenamente científicos los datos de la ONG Médicos de Mundo, dada la dificultad de acceso a fuentes oficiales de verificación, no podemos dudar de la palabra de los voluntarios que contemplan con sus propios ojos la situación, y que han ayudado a elaborar un informe que no necesita explicaciones adicionales. Como puede comprobar cualquier organización que intente enviar ayuda humanitaria a Argentina, oficialmente se quiere dar la sensación de que las necesidades del país no corresponden a las de una crisis, casi convertida en emergencia. Esta visión cambia al enfrentarse con el informe de Médicos del Mundo, según el cual en el 90% de los hospitales se ha reducido la disponibilidad de artículos médicos desechables complejos (prótesis, catéteres, válvulas); esos artículos se esterilizan de nuevo en el 75% de los centros sanitarios. Asimismo, se ha producido el cierre de áreas especializadas por su coste de mantenimiento y es imposible adquirir piezas o reparar los equipos médicos averiados, que se convierten en inútiles. Aunque la reducción presupuestaria ha sido menor en el caso de guantes, jeringuillas, agujas y otros desechables de uso común, la descripción anterior recuerda la situación sanitaria de cualquier país empobrecido de África. La atención primaria se ha descuidado, la salud de los niños y de las embarazadas no se controla como antes y las circunstancias sociales han hecho aumentar los episodios violentos. Además, los medicamentos no se han vendido con el descuento correspondiente al pago social durante un largo tiempo. Mientras, el Banco Mundial continúa imponiendo medidas restrictivas que no hacen sino repercutir en el estado de la población al recortar uno de los derechos sociales más importantes: la salud. Y es deber del Estado eludir la imposición externa de rentabilidad para asumir responsabilidades regulatorias excepcionales para los bienes de primera necesidad, entre los que indudablemente se encuentran los medicamentos. |
|||