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La insignia
17 de noviembre del 2002


El mito del eterno retorno del keynesianismo


Alejandro Fiorito
La Insignia. Argentina, noviembre del 2002.


«Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la burguesía educada.»
-J.M. Keynes (1925)-


Acompañando a los ciclos económicos, los argumentos fundados en la ortodoxia neoclásica y los de una "heterodoxia keynesiana" van trocando su lugar en la modas editoriales. Pero lo que permanece constante es la confusión de distintos momentos significantes cuando se habla de "políticas keynesianas".

Primero, el técnico macroeconómico por el cual el neoprogresismo "reinventa la pólvora" del Estado neutral y racional; segundo el de la teoría, que no solo por su relativa dificultad está ausente de la cobertura mediática, sino porque en ella se reflejan las fallas de coordinación del capitalismo.

Por último el aspecto político de análisis de clases cuya inclusión historiaría las intervenciones estatales, haciendo imposible denominar a esta época como de "resurrección keynesiana".


1. El mito populista de un "Estado keynesiano"

Los pragmáticos voceros económicos de los organismos internacionales, economistas de las multinacionales y epígonos de la ortodoxia académica se encuentran hoy autocriticando su participación en el "Consenso de Washington" y cual juego de "prueba y error" reeditan un nuevo consenso y no un nuevo cisma.

Pero su visión de las políticas "a aplicar" en épocas de crisis no han cambiado ahora que el "hijo de Bush" ha desenfundado su colt en medio de los escombros y que Greenspan aseguró que habría recesión. Desde el 12 de septiembre EEUU aplicó medidas económicas a las que rápidamente se denominaron "keynesianas" sin dar cuenta que el hecho de que los gobiernos de las principales potencias aumenten el gasto y mantengan déficits no significa que se "comporten keynesianamente", dado que no hay discusión al respecto entre nuevos clásicos y neokeynesianos. Respecto a suavizar el ciclo económico ambos recomiendan temporalmente dichas políticas. De la crisis del 30 hasta hoy la discrepancia abierta por la "revolución keynesiana" hace rato ha entrado en su termidor.

Para descartar una posible confusión entre "keynesianismo" con "políticas activas", deberemos partir de la no neutralidad del Estado, es decir su pertenencia de clase. La "reaganomics" en EEUU y Thatcher en Inglaterra en los 80, o en Argentina durante los 90, no fueron procesos donde la intervención estatal disminuía como repetían ciertos "esclarecidos" periodistas, no se producía "el desguace del Estado", sino que se intervenía "activamente" a favor de las diversas fracciones de la burguesía en una efectiva redistribución regresiva del ingreso. Vale en ese sentido la prístina la afirmación de Krieger Vasena -un ex ministro de economía "intervencionista"-, a comienzos del menemismo: "por fin el Estado se encarga de los ricos".

Es decir que descartada esta primera comprensión ingenua, analizaremos la pertinencia actual de su significación "redistribucionista del ingreso" históricamente asociada a "economía de bienestar" en Europa y a populismo en América Latina. Hoy en Argentina, se escucha decir que Rodríguez Saa, representa una vuelta al populismo, debido a que balbucea "crecimiento del empleo" y en fin, mejoras en el nivel de vida del pueblo. Pero ¿Puede esperarse otro discurso en un candidato del sistema que quiere acceder a la presidencia? Si lo hay, (López Murphy) como el que prioriza el orden por sobre el bienestar es debido al crecimiento del predicamento de la derecha pari passu con la pauperización e inseguridad de gran parte de la población.

Pero si analizamos los discursos de los candidatos a la presidencia desde 1983 hasta hoy tendríamos que concluir que existe un "keynesianismo permanente", con excepción de 1995 en el que se "licuaron" las promesas, ("de proletarios a propietarios"), fue Alfonsín 1983, "con democracia se come, se cura y se educa"; Menem 1989, "Salariazo"; De la Rúa 1999, "Carta a los Argentinos" (para no poner "voy a ser el enfermero de todos los argentinos").

Los resultados son conocidos, pero los "Rodríguez Saa" siguen apostando a que se perpetúe en la población la ilusión del "eterno retorno del peronismo", aunque la esperanza es en realidad ganar el sorteo de una visa estadounidense green card "para vivir, estudiar y trabajar en EEUU", cuya propaganda podemos ver en distintos medios de transporte.


3. Contra las simplificaciones neoclásicas

"...si la economía ortodoxa está errada, el error debe buscarse no en la superestructura, que se erigió con gran cuidado respecto a su consistencia lógica, sino en una falta de claridad y generalidad en sus premisas."
-J.M.Keynes, Prefacio de la Teoría Gral.-

Lo que se conoce de la teoría de Keynes es una divulgación por parte la manualística escolástica que adocenan nuestras facultades de economía- bajo el nombre de IS-LM. En efecto no son más que una interpretación neoclásica en base a ecuaciones simultáneas que tiran "el bebito con el agua sucia". Es decir, con la excusa de hacerlo operativo, eliminan la causalidad Keynesiana en la determinación macroeconómica, por la cual la inversión es la que determina el ahorro y no al revés.

Keynes identificó que los incentivos a ahorrar difieren de los de invertir, y por tanto tener mucho ahorro no implica que el mismo se invierta efectivamente. Las consecuencias resultan en crisis mundiales como las del 29.

De esta manera toma argumentos Malthusianos, descartados durante el siglo XIX y le da un andamiaje teórico a la demanda efectiva, cuyo desarrollo es una continuación de la problemática de realización de la plusvalía, y tienen hasta el día de hoy positivos avances por parte de algunos investigadores que no forman parte de la corriente económica dominante neoclásica. La importancia de la teoría de la demanda efectiva es crucial en economías industriales, donde no es la capacidad productiva sino aquella, la que decide el nivel de empleo y el ingreso de la población. Desde el 30, la recomendación de elevar dicha demanda efectiva por medio del gasto público aún endeudándose, fue caracterizado como "keynesianismo", aunque como veremos no son sólo las medidas fiscales las que lo definen específicamente.


4. Un "pequeño" detalle: las clases sociales "Los movimientos de clase pueden parecer ilegales porque el equilibrio de fuerzas que condicionaba el sistema, que determinaba la legalidad, ha venido a menos. Las relaciones de fuerza han cambiado: a la nueva situación va correlacionada la legalidad"
-J.M.Keynes (en Harrod)-

De esta manera contestaba Keynes a sus colegas liberales y compañeros de militancia cuando los sindicatos entran a escena económica en un contexto en que el impacto de la revolución bolchevique y el crecimiento de los planes quinquenales, mostraban a los trabajadores de occidente la inmunidad de la Unión Soviética frente al desempleo y las crisis del capitalismo.

De manera similar a como a fines del siglo XIX, Bismark en Alemania arrebató las banderas socialistas incorporando al movimiento del capital a los trabajadores, Keynes los incorpora en la demanda efectiva, como momento de equilibración ante una nueva relación de fuerzas, en la que la clase obrera amenaza salirse de la esfera del capital y transformar lo real. Por tanto la crítica de Keynes apunta a salvar al capitalismo de sus propias taras: la poca flexibilidad de sus conductores para inteligir una nueva ecuación en la lucha de clases, marcando el fin del laissez faire.

Keynes es el intelectual orgánico de la burguesía (instruida o no) en ver lo necesario de adecuar la teoría económica y la actividad del Estado al nuevo equilibrio de la lucha de clases, ceder algo para no perder todo, hacer que el Estado "elimine la incertidumbre". La amenaza comunista se desvanecerá al correr el tiempo, y el keynesianismo teóricamente mediado por la ortodoxia, permitirá decir a un Nixon en el regodeo de los 70: "Ahora todos somos keynesianos".

Desde los 70 para acá, luego del período de estancamiento del crecimiento con inflación, hubo cambios en el terreno ideológico con un avance apologético neoclásico que tornó a la manualística en una situación prekeynesiana. En este sentido es interesante observar los cambios en los manuales de enseñanza de economía de un Samuelson.

Pero el punto decisivo para que hubo nuevas readecuaciones de las relaciones de fuerza a nivel internacional fue la implosión de la URSS y el "cierre del paraguas" que cubría a las izquierdas en la guerra fría. Si bien en las últimas décadas el peligro comunista estaba contenido, recién con su réquiem, se garantiza que las relaciones de fuerza de las burguesías vuelvan a despejar su horizonte de un enemigo que las jaquea desde fuera (aún desde un "socialismo cuartelario") y que propone una alternativa de sociedad no utópica y no capitalista.

Las burguesías -siguiendo a Smith- también aprenden más rápido, y lo que han aprendido es a respetar la fuerza del enemigo de clase. En efecto han"pagado" durante gran parte del siglo XX con una "externalidad negativa" de salarios en especie y diferidos a un invitado numeroso y molesto pero con fuerza internacional, amenazaba quedarse con más que una porción del ingreso.

¿Qué es lo que hoy el unipolarismo estadounidense y las multinacionales temen, como para volver a una situación de "ineficiencia de pleno empleo"? ¿Cuáles son sus incentivos a alimentar población excedente comparado con la mas barata solución neomaltusiana inducida por el sida, o los ataques preventivos a los Estados parias?



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