Portada Directorio Buscador Álbum Redacción Correo
La insignia
20 de mayo del 2002


De izquierda, foros y dictadores


Jesús Gómez


La estrategia de determinadas organizaciones de izquierda encaja en lo que Rousseau recomendaba para las cartas de amor: empezar sin saber lo que se va a decir y terminar sin saber lo que se ha dicho. Cambien decir por hacer y tendrán una lección de historia. Cambien saber por pensar y adivinen el futuro que nos espera. Pura teoría y práctica. Pero si aprecian el absurdo, sustituyan cualquiera de los verbos por cualquier otro; por muy estúpida que sea la frase resultante, nunca será tan irracional como su línea política.

Ni la incongruencia ni la hipocresía ni el caos ni la falta de autocrítica son lo peor de su evolución. Si lo fuera, tendríamos organizaciones igualmente inútiles, pero menos dañinas. No sería necesario tirar a Rousseau a la papelera y rescatar a un rey Midas escatológico para afirmar que todo lo que tocan lo convierten en mierda. Porque eso es, exactamente, lo que hacen.

Durante el pasado fin de semana se celebró en Madrid el Foro Social Trasatlántico (FST). Convocado por el cadáver insepulto de la extrema y muy sectaria izquierda española y por algunas entidades bastante más dignas (aunque despistadas en la elección de compañeros de viaje), ofreció otra escena de aprovechamiento político de una causa más que justa. Incluso se invitó al estrado a un personaje como Hebe de Bonafini, famosa de un tiempo a esta parte por su alegría ante la muerte de varios miles de personas en las Torres Gemelas y por su simpatía hacia el brazo político de ETA.

Sin embargo, deberíamos sentir alivio. Dada la composición de los «medios de comunicación propios» del FST, cabe suponer que sólo la inconveniencia de resultar demasiado evidentes impide la celebración de rituales mágicos con cantos a Sendero Luminoso, Pol Pot y otras maravillas de la democracia popular. No es necesario que el sistema invente mentiras para relacionar a algunos de esos medios (La Haine, Kalegorria, etc.) con los ideólogos del tiro en la nuca. ¿Es falso que parte de las publicaciones de la «Red de contrainformación» pertenece al ámbito de Batasuna? Están en su derecho, desde luego. Y la sociedad está en su derecho de dar la espalda a esa izquierda y a quienes prefieren callar cuando los verdugos se ocultan bajo bandera roja.

Ciertamente no asistimos a un pulso entre reformistas y revolucionarios. Es un pulso entre la vieja izquierda, donde también se sitúa la socialdemocracia, y la nueva, tan débil que puede morir antes de haber nacido.

En este periódico sabemos algo de esas cosas. La vieja izquierda de niños que -en palabras de Víctor Jara- «juegan con bombas y con política», de comisarios en busca de ascenso y de profesionales de jornadas y encuentros a cual más endogámico, espera ver pasar nuestro cadáver ante su puerta. Tal vez lo consigan, es cuestión de paciencia. No contamos con redes de contactos y presiones subterráneas, pero nos enfrentamos a ellas, casi siempre solos. No tenemos amos y por tanto no nos arrojan huesos.

La mayoría de los ciudadanos estarían de acuerdo con los catorce puntos contra la destrucción de América Latina que se plantearon el domingo al término de la manifestación convocada por el FST. También están contra la barbarie neoliberal que nos ha devuelto al viejo mundo del imperialismo. Entonces, ¿cómo se explica que la izquierda política retroceda en casi todos nuestros países? Su respuesta es que la sociedad no la entiende, que no la oye, que el mensaje no llega; pero el problema es que el mensaje llega muy bien. No se puede confiar en quien habla de democracia y de derechos y al mismo tiempo justifica o tolera a los enemigos de la democracia y de los derechos. Cuando se tienen manchadas las manos, se deja huella.

Washington y las transnacionales cuentan con un gran aliado en esa izquierda. De vez en cuando, airean en sus grandes medios de comunicación las amistades peligrosas de tal o cual grupúsculo y con dos líneas hunden el trabajo de años. Por ello, asocian el mal llamado movimiento «antiglobalización» con gentes como las mencionadas, a quienes conceden representatividad social a pesar de no tenerla ni en la calle ni en las urnas. Son sus perros de presa; mientras existan, mientras no los expulsemos de nuestro imaginario, no habrá posibilidad de generar una verdadera alternativa; los tendrán siempre como objetivo tan fácil como perfecto, el cadáver en nuestro armario y -llegado el caso- el dedo que apretará el gatillo. No precisamente contra el capital.

Hace varios días, una marioneta de los facciosos vascos nos dedicaba el habitual bombardeo de amenazas, que con el transcurso del tiempo se van haciendo más duras. En determinado momento, y entre acusaciones de estar financiados por el ministerio del Interior, la CIA y quién sabe si también por Spectra, se nos recomendaba silencio. De encontrarnos en su lugar, no nos preocuparíamos demasiado. Como decía, es posible que «La insignia» desaparezca ahogada por falta de apoyo, de medios, de gente, de todo menos de lectores. Y aunque no fuera así, qué puede hacer un simple medio de comunicación. Puede hablar. Puede resistirse a la invitación al silencio. Puede denunciar muchas cosas que suceden entre bastidores y que tal vez no hemos denunciado hasta ahora con suficiente claridad, por haber caído, a veces, en la tentación de evitar más daños a la vieja izquierda.

Hará bien quien interprete estas palabras como línea dibujada en el suelo o aviso para navegantes. Es posible otro mundo, sin duda. Pero si no empezamos a andar, si no acabamos con nuestros propios dictadores, no habrá camino.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad | Ciencia y tecnología | Directorio | Redacción