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La insignia
20 de junio del 2002


España: Huelga general

¿Qué le han dicho a usted los pájaros?


Mª Ángeles Maeso


El silencio matinal de un día de huelga general es absoluto y es hermoso y es verdad. Tanto que se oye y te despierta. Yo lo he oído esta mañana y puedo dar fe de que tal silencio es hermoso y es verdad.

Vivo en las afueras, en bloque estruendoso, ahora amordazado por andamios, donde a diario obreros alpinistas martillean la fachada como pájaros, pero hoy los pájaros son otros.

Aquí nos traspasa el griterío de los goles, las discusiones de los matrimonios, las risas o los llantos de los niños y de los no tan niños, la erupción del vapor de las ollas, las conversaciones por teléfono y las de terraza a terraza, por no apuntar los murmullos íntimos que la noche acoge. Pero hoy, nada.

Y este silencio es hermoso y es verdad.

No es el del mes de agosto, cuando el barrio está semihabitado, no es el de los sábados o domingos. Los fines de semana también la casa está callada en las primeras horas del día, pero entonces llega el ruido de los autobuses, de los atletas madrugadores que en el polideportivo entrenan y hasta hay domingos que te despiertan los altavoces con que se anuncian las competiciones o el jalear de la afición que anima a su equipo. Pero hoy, nada.

Este silencio es otro y es hermoso y es verdad.

Si fuera sábado o domingo los vecinos ya estarían en la calle, habrían ido a comprar el periódico, el pan, la leche... y de las casas saldrían las canciones de Amparanoia mezcladas con las de Estopa, que es lo que más oigo. Pero el kiosco está cerrado y la panadería también. Por lo que hoy, nada.

Y este silencio es otro y es hermoso y es verdad.

Es el que te muestra el rastro por donde vino: un sendero vergonzante repleto de púas de cinismo y de sarcasmo para que la burla pareciera justa, para que el amo pareciera un padre y el esclavo un vago.

Este silencio trae heridas de ese esfuerzo por abrirse paso y llega rotundo en su verdad de pájaros que se hace oír. Por eso es otro y es hermoso y es verdad. Es un silencio excepcional donde hoy, aquí, oímos pájaros. Tal vez por eso los vecinos no hayan puesto sus aparatos de música a tope. Tampoco yo lo he hecho. Entre todos hemos permitido que este silencio sea excepcionalmente otro, el que debió existir antes de la llegada del hombre, cuando el ruido del mundo procedía de frescos ramajes y breves animales sin miedo. De ahí proceden estos pájaros con su único recado: vivir es posible aún, no permitáis que os lo impidan.

Son las 10 de la mañana, y aquí, el silencio sigue dando paso sólo al pájaro eluardiano que susurra: hay otros mundos y están en éste, óyeme. Y tal pájaro nos lleva a ese lugar, que también es éste donde tú viniste a dar.

A las 11 el silencio permanece. Un poco más atenuado, porque han empezado a circular algunos autobuses y aunque esa calle de gran tráfico diario queda un tanto lejos, llega su ruido. Pero en las casas, nada... Los andamios también siguen vacíos. Y este silencio sigue siendo hermoso y es verdad y es otro.

Tal vez en La Moncloa este silencio sea cotidiano, y por eso no noten la diferencia; tal vez ni consigan oír la lección del pájaro, pero aquí no se oyen trinos a diario. Entre montes de escombrera, sobre torretas del tendido eléctrico, avecinados con los atascos de la autovías de circunvalación ellos, los pájaros, resultan inaudibles a diario. Y hoy su canto frágil nos ha despertado.

A los doce suena el timbre de la puerta: es uno de los obreros -un rumano- que me pide que cubra de papeles la terraza porque van a pintar. No respondo nada. Pero enciendo la radio y oigo que la huelga está siendo un fracaso. Ahora pienso en lo que Steiner nos recordó hace poco: el silencio es lo más caro, el bien más escaso. Ahora sé cuánta voluntad, cuanta fe, cuanta energía hace falta para que se haga audible lo que desde niño canta un pájaro.

Poco a poco los periódicos, la radio y la televisión gritarán más alto sus titulares escritos de antemano, y yo querría que no pasará inadvertido que aquí, la primera luz del día nos ha llegado con rumor de pájaros, difícil de olvidar. Durante unas horas el ruido del mundo ha cesado y ellos, los pájaros nos ha recordado cómo puede ser nuestro lugar. Sépanlo quienes duden que otro mundo sea posible, pues, como Hölderlin advirtió:

"Difícilmente abandona su lugar
lo que mora cerca del origen"

¿Qué le han dicho a usted sus pájaros, Sr. Aznar?



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