Portada Directorio Buscador Álbum Redacción Correo
La insignia
1 de diciembre del 2002


El petróleo y la política exterior de EEUU


__Especial__
EEUU en guerra
Juan Carlos Galindo
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, 1 de diciembre.



Según un informe del Grupo para el Desarrollo de la Política Nacional de Energía, la dependencia de los Estados Unidos respecto al petróleo extranjero pasará del 52% sobre la producción total en 2001 al 66% en 2020. El aumento de la dependencia del exterior está relacionado con el aumento del consumo total de energía. Según el Departamento de Energía norteamericano, los Estados Unidos deberán aumentar sus importaciones de petróleo, de aquí a 2020, en un 60% (de 10,4 a más de 16 millones de barriles al día).

Ésta es una de las razones esenciales que explican la nueva orientación de la política exterior norteamericana y gran parte de las decisiones que se están tomando al respecto. No sólo el inminente ataque norteamericano a Irak, sino también su presencia en Asia Central y el discreto desembarco en África Occidental como región esencial para los intereses estratégicos de la superpotencia. Según este informe (redactado por el vicepresidente de los EEUU Richard Cheney) la política energética norteamericana tiene dos objetivos esenciales: fortalecer las importaciones de petróleo de los países del Golfo Pérsico y aumentar la diversidad geográfica de las importaciones. En este sentido es importante el compromiso de Rusia para aumentar su producción por encima de los siete millones y medio de barriles al día.

Pero el eje central de la política de diversificación estadounidense gira sobre todo en torno a dos zonas: África Occidental (Angola, Nigeria y los nuevos yacimientos de Guinea Ecuatorial) y Asia Central y el Mar Caspio. Es en esta región donde la relación entre la política energética, los intereses estratégicos y la presencia militar norteamericana es más evidente.

Después de los ataques militares en territorio afgano, los Estados Unidos poseen cinco bases militares en el país. La situada en Kandahar, segunda ciudad de Afganistán, coincide con el recorrido proyectado para el gaseoducto que llevará el gas desde Asia Central al Mar de Omán. Asimismo, las bases temporales situadas en Uzbekistán y Kirguizistán van a convertirse en permanentes. Por otro lado, el ejército norteamericano reconstruye una base aérea al borde del mar Caspio, en Kazajstán, país que concentra en los yacimientos de Kashagan más petróleo que todo el sector británico del Mar del Norte. Más aún: los militares de Georgia, aliado regional de los EEUU, reciben entrenamiento de expertos estadounidenses. No es casualidad: este país ha de tener la capacidad para defender el trayecto final del oleoducto que une el Mar Caspio con el Mar del Norte y el Mediterráneo.

Sin embargo, a pesar de la importancia creciente de estas y otras zonas productoras como Colombia, Estados Unidos no puede prescindir del petróleo de Oriente Próximo. La inestabilidad de la región, la pérdida de legitimidad frente a la población del régimen saudita y otras dictaduras apoyadas por Estados Unidos, así como las pruebas que vinculan al régimen wahabita con el terrorismo islámico internacional son problemas evidentes. Pero en Oriente Próximo se concentran dos tercios de las reservas mundiales confirmadas. Además, el conjunto de los países de la zona exportan el 44,5% del petróleo del planeta y sólo Arabia Saudita, primer productor mundial, acapara la mitad de la producción total de los países pertenecientes a la Organización de Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP).

Por si fuera poco, la dependencia del petróleo exterior parece ir en aumento. Según el informe "Perspectivas Energéticas Mundiales", publicado por la Agencia Internacional de Energía, el consumo de petróleo aumenta cada año un 1,9%. Así, en 2020 habrá alcanzado los 114,7 millones de barriles al día. Para cubrir esta demanda, Arabia Saudita deberá duplicar su producción y los países de Oriente Próximo que pertenecen a la OPEP aumentarla en un 41%. De esta manera, la dependencia respecto a la producción petrolífera de Oriente Próximo alcanzará respectivamente en Europa y el Pacífico el 79 y el 92% de su consumo total. Mientras, en el caso de Estados Unidos se pasará del 44% actual al 58% sobre las importaciones totales de petróleo.

Así es como se explica la presencia de EEUU en la zona y su connivencia con algunas de las peores dictaduras del planeta. En el Golfo Pérsico, Estados Unidos mantiene más de 20.000 soldados. Entre ellos, mil se encuentran en Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán. En este último país existen tres bases, dos de las cuales (Thumrait y Seeb) coinciden con el nacimiento y la desembocadura de un importante oleoducto. Hay además otros mil soldados en Bahrein, que alberga al Estado Mayor de la Quinta Flota de la Marina y 4.800 en Kuwait. Pero sin duda, el caso más significativo es el de Arabia Saudita, emirato en el que Estados Unidos tiene cinco bases militares y más de 5.000 soldados, cazas F-15 y F-16, aviones "invisibles" F-117 y aviones de espionaje U-2 y Awacs. Si exceptuamos la base "Príncipe Sultán" instalada cerca de Riad, la capital, y la de Taef, en la Meca, el resto se sitúan en el inicio o la desembocadura de los gaseoductos y oleoductos que cruzan el país. Es más, una de ellas, la base militar de Al Khobar, se encuentra junto al puerto petrolífero de Ras Tanûra.

Es en este contexto energético donde hay que situar el análisis, unido a la persecución de las redes internacionales del terrorismo islámico -que en otro tiempo Washington apoyó-, y al deseo manifiesto de los Estados Unidos por aumentar y perpetuar su evidente supremacía económica, tecnológica, política, militar y cultural.

Una última pista: en Irán e Irak se han encontrado grandes yacimientos de petróleo y gas aún por explotar. El guión está escrito. Sólo hay que seguir el curso de los tubos que conducen el oro negro.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad | Ciencia y tecnología | Directorio | Redacción